Icíar Bollaín: "Sin infelicidad no hay historia"

  • Su último viaje cinematográfico la ha llevado hasta Katmandú. Un lugar de resonancias exóticas que le sirve de pretexto para desvelar el alma de una mujer y hacer preguntas incómodas.

Cuando en 2010 Icíar Bollaín rodaba 'También la lluvia' en la selva boliviana, un productor puso en sus manos un nuevo proyecto que la sedujo al instante: llevar al cine la vida de Victoria Subirana, una maestra catalana que se fue a Katmandú a trabajar en una escuela local, cuya experiencia acababa de publicar en un libro autobiográfico. A Icíar le atrapó la historia. Fascinada, comenzó a documentarse y su cabeza viajó sin solución de continuidad del Amazonas al Himalaya. Ahora, tras cuatro intensos meses de rodaje en Nepal, 'Katmandú, un espejo en el cielo' llega a los cines el próximo 3 de febrero. Aún no se ha estrenado, pero Verónica Echegui, la actriz que interpreta el papel de Laia, ha sido nominada al Goya a la mejor protagonista.

Mujer hoy. Los occidentales cuando viajan a Nepal o a la India suelen venir bastante 'tocados' política o espiritualmente. Algunos, incluso, se creen en la obligación moral de intentar cambiarles.
Cuando llegas allí se produce el primer choque: tú vas con tus ideas y ellos tienen las suyas. Y somos tan prepotentes que pensamos que las nuestras son mucho mejores. Crees que Occidente es lo que mola, porque es el centro del mundo, porque la mujer tiene más derechos... Y cuando intentas cambiar sus costumbres ellos empiezan a darte lecciones a ti.

Hay una escena tremenda en la película, cuando Laia rapa el pelo a los niños de la escuela para evitar el contagio de piojos y Sharmila, su amiga nepalí, le recrimina: "¿Tú haces esto también en tu país o lo haces solo aquí porque somos pobres?".
Sí, la primera se la dieron en la frente. Hay otro momento en el que Laia le echa en cara sus tradiciones absurdas y Sharmila le contesta con una verdad como un piano: que no serán todas tan absurdas cuando allí, por ejemplo, nadie se muere en soledad porque los jóvenes cuidan de los mayores.

¿Por qué se tiene la sensación de que viven anclados en la Edad Media y que aquello no cambiará nunca?
Lo primero que hay que hacer es entenderles. Yo no los he entendido del todo, dicho sea de paso. Es una cultura realmente muy distinta. Me di cuenta de una cosa interesantísima y es que, cuando hablas en inglés, que es la lengua franca, tú te estás refiriendo a una cosa y ellos a otra. Nuestra iconografía, por educación y por cultura, es tan distinta que, cuando ellos dicen algo y yo digo lo mismo, en realidad nos referimos a cosas muy distintas. Allí no es suficiente con el lenguaje, porque hay pocas referencias comunes. Por eso, el mestizaje es más complicado.

Es curioso como Nepal ha intentado democratizarse, pero no lo consigue del todo.

Hasta hace poco, tenían un sistema muy arcaico: un rey por encima de todos, unas castas dirigentes y luego, el resto del país. A esa situación ha seguido una guerra civil y, ahora, una democracia muy joven. Están empezando a redactar la Constitución, pero nadie se pone de acuerdo.

Pero allí no se rebelan los jóvenes, ¿se imagina una primavera árabe en Nepal?
No, es un país un poco extraño. En los cuatro meses que estuvimos, vivimos una huelga. Pues bien, se supone que los que gobiernan son maoístas. Los que les hacían la huelga, también, y estaban pidiendo un sistema de castas para lograr el autogobierno. Es como volver hacia atrás. Es complicado porque cada casta es una etnia y cada etnia quiere mantener su propia cultura y sus tradiciones específicas. Además, quieren gobernar cada uno con sus normas. Solo en Katmandú hay cantidad de etnias. Finalmente, ¿quién conseguirá gobernar a los demás e imponer sus normas?

Algo en su película me ha chocado, ¿está tan aceptado entre las mujeres nepalíes el Kamasutra, como da a entender en su guión?

Bueno, no; eso ha sido una licencia, casi una broma, que me he permitido porque el sexo para ellos es un tema tabú. Cuando hablábamos con la actriz que interpreta a Sharmila, con solo oír nombrar la palabra vagina se ponía absolutamente colorada.

Cuenta que en uno de los templos vivían muchos perros que ellos creen que son monjes que están purgando sus culpas.
Sí, dicen que son monjes que se habían portado mal y que por eso se han reencarnado en perros. [Sonríe con ironía]. Es como si les dieran la oportunidad de portarse bien, haciendo una vida pía en el templo, para volverse a reencarnar en mojes buenos.

Suele decir que, al final, siempre estamos solos.

Yo creo que en todos los proyectos que emprendes siempre hay un punto de soledad. Si te metes en un proyecto ambicioso siempre tendrás dificultades, incluso enemigos y estarás sola.

No lo dirá por experiencia, ha llegado a asegurar que "es muy creativo ser madre de tres hijos".

Educar es pura creación. Me parece mucho más fácil dirigir cine. En la educación has de estar en un montón de frentes: escuela, amigos, alimentación, internet, juegos... ¡Un trabajo 'full time'!

A los directores nunca les ponen en su ficha cuántos hijos tienen, ni les preguntan si concilian...
Tampoco lo dicen de los ministros. Hace poco salió un reportaje sobre los ministrables de Rajoy y a las señoras les pusieron hasta cómo tuvieron los hijos, si fue por inseminación o por cesárea. De la paternidad de los ministros no se decía nada. Creo que los medios tienen mucha culpa en todo esto. Si un director se va a Nepal a hacer esta película, nadie le pregunta: "¿Y tu familia?".

Con hijos de 11, 8 y 4 años, y con una pareja 'involucrada', pero que trabaja y viaja por el mundo, Icíar Bollaín cuenta con una superabuela que también concilia, ¿no es así?
 ¡Sííí, mi madre! Las abuelas son los grandes pilares de la familia y también los abuelos. Yo no sé qué sería de esta economía sin las abuelas, iría todo bastante peor.

En cierta ocasión criticó a Carme Chacón, cuando era ministra de Defensa, por no darse de baja por maternidad.
Los cuatro meses de maternidad son muy importantes para todos, para el bebé y para la madre.

¡Ya! Pero cuando se tiene una responsabilidad de gobierno, no siempre se puede coger una baja de cuatro meses. Imagínese a Soraya Sáenz de Santamaría de baja en este momento.
Yo respeto la decisión de Soraya, o la de Carme Chacón, y que cada una pueda hacer totalmente lo que le dé la gana, pero si estás en un puesto público te conviertes en un modelo para los trabajadores y para las empresas. Me parece que los derechos sociales son muy frágiles. Se han conseguido con mucho esfuerzo y con muchas lágrimas y los podemos perder. Hay que cuidarlos como sea. También habría que hacerles ver que se pierden una etapa muy importante para sus hijos y para ellas. Una vivencia que es una maravilla.

No siempre todo es de color de rosa.

Es verdad, también se pasa fatal en algunas cosas, yo he tenido mis grietas con las lactancias... Para una madre no es una etapa entre algodones, ni tiene por qué, pero es un privilegio de las mujeres el poder estar con tu bebé de esa manera tan íntima, con la lactancia.

He visto en internet el cortometraje que hizo sobre un hombre dando a luz. ¡Qué situación más antiestética y ridícula!

[Risas] Es horrible, sí. Pues así fue mi primer parto, y lo sigo recordando con auténtico horror. Yo sigo reivindicando un parto –en el hospital o en tu casa–, pero con intimidad y con un trato digno. En otros países tienes el parto en tu habitación y solamente si se complica te acaban llevando al quirófano. No te pueden meter de primeras en un quirófano con esa tensión y esa agresividad. Y lo malo es que muchos ginecólogos están convencidos de que, solo porque el niño ha salido bien, de forma natural, incluso sin epidural y rapidito, has tenido un parto estupendo. Pero, la verdad, "podías haberme atendido con un poco más de cariño. ¿No?". ¿Es mucho pedir?

¿Icíar Bollaín es incapaz de hacer una película desenfadada, con un punto de frivolidad?

Creo que las películas tienen que tener carne, y la carne suele venir del drama. Lo decía Tolstoi, con Ana Karenina: "Todas las familias felices son iguales, pero no hay una familia infeliz igual a otra". Si no hay infelicidad no hay historia. También pienso que hacer cine es complicado, es un auténtico lujo, por eso intento hacer algo que valga la pena.

La 'ley Sinde' llevó a Álex de la Iglesia a dimitir como presidente de la Academia cuando usted era vicepresidenta y criticó su actitud.
Fue una semana de locos. Álex dimitió, la ministra dijo que la candidata siguiente era yo, y a mí me hirvió el teléfono a llamadas. Yo estaba supercallada y esperé a lo que decidiera la junta directiva y luego hicimos un comunicado. Al día siguiente, leí en la prensa un entrecomillado mío diciendo exactamente lo contrario. Lo pasé fatal, me cayeron tortas de los internautas hasta en el carné de identidad. Yo solo quise pun- tualizar mis palabras, pero fui malinterpretada.

Y al final, ¿está de acuerdo o no con esta ley?

Puede tener muchos defectos, pero desde luego, hace falta una regulación contra la piratería. Que levante ampollas la 'ley Sinde' y no las levante la piratería me parece una barbaridad. Si estuviéramos hablando de otra industria, que no fuera cultural, ya habrían cerrado todas las páginas que se están lucrando a costa del trabajo de los demás sin pagar un euro. ¡Es indignante!

La veo indignada con muchas cosas, ¿por alguna otra más?
[Risas] Es que es como para estarlo. Me indigno también con la cantidad de gente que se ha llevado dinero, eso es una cosa repugnante... No sé cómo la prensa no ha sido más agresiva con estos temas y ha hecho como que no se enteraba.

Hoy la tiene también tomada con los medios.
En algunas cosas, sí: yo les exigiría mucho más.

¿Cree que saldremos vivos de esta crisis?

Yo podré ser optimista cuando vea que toda esta corrupción que hay se acaba. En realidad, no entiendo cómo no se ha acabado antes. No lo entiendo, pero no tengo ni idea de cómo se arregla esto, si lo supiera... A mí la crisis me ha pillado trabajando, pero veo problemas enormes a mi alrededor. Me pregunto a todos los niveles si mis hijos van a poder vivir mejor que yo, que es una aspiración muy lógica, pero creo que no, porque el ambiente está demasiado deteriorado.