Katherine Pancol: "Averiguar quién eres te puede llevar toda una vida"

  • La autora de Los ojos amarillos de los cocodrilos vuelve a las librerías con Muchachas. Hablamos con ella sobre el precio de un éxito precoz, su pasión por construir personajes... y su relación con los Kennedy.

Katherine Pancol llega al restaurante Le Select (en cuyo sótano, por cierto, dirigió Buñuel su primera obra de teatro) sonriente y apresurada. Ha interrumpido sus vacaciones en Normandía para pasar un día de promoción en un París ahogado por el calor estival. No parece afectarle. Habla con vivacidad, gesticulando y deteníendose en medio de una frase para encontrar la palabra perfecta. 

No oculta su simpatía por España: al fin y al cabo, el éxito de sus novelas en nuestro país fue su trampolín a las grandes ventas internacionales. “Los alemanes compraron el libro tras su éxito en España y los americanos, porque lo habían hecho los alemanes”, dice. Incluso el título de su nueva novela, Muchachas (La Esfera de los Libros) es un guiño a sus lectores españoles y a sus veranos infantiles en nuestro país. “Hablaba español de niña –asegura–. Hasta que me fui a vivir a Nueva York y el inglés se lo comió”, puntualiza. 

Lleva 35 años publicando en Francia, pero aquí la conocimos gracias a Los ojos amarillos de los cocodrilos (y sus continuaciones, El vals lento de las tortugas y Las ardillas de Central Park están tristes los lunes). Ahora ha renunciado a los títulos con animales, pero no a los personajes que cabalgaron a sus lomos. Algunos miembros de la familia Cortès, protagonistas de su primera trilogía, vuelven en Muchachas, una macronovela en tres entregas. Y puede que todavía no hayan dicho su última palabra. 

Mujerhoy. ¿Por qué una novela en tres partes? 

Katherine Pancol. Bueno, yo escribía, escribía... y cuando me fijé por primera vez, llevaba 800 páginas, y ni la mitad de la historia que quería contar. Llamé a mi editor y me dijo que siguiera, que ya veríamos. El libro se quedó en 1.500 páginas, así que buscamos dos buenos puntos de corte y lo convertimos en tres entregas. 

MH. Uno de los nuevos personajes de este libro es una mujer víctima de malos tratos. 

KP. Esa parte fue la más dura de escribir. Porque al escribir te metes dentro de todos los personajes. Entrevisté a muchas mujeres maltratadas para documentarme y vi que todas tenían algo en común: una grieta por donde entra el maltrato. 

MH. En la trama neoyorquina de su nueva novela vuelve a aparecer Hortense, un personaje muy relacionado con la moda. 

KP. ¡He tenido tanta suerte! Con Las ardillas de Central Park, Chanel me abrió las puertas, Gaultier me ayudó y también Inés de la Fressange. Para esta novela, la jefa de prensa de Chanel me dijo que llamara al consultor de moda Jean Jacques Picart. Y resultó que era fan de mis libros. Ahora voy a todos los desfi les de los diseñadores jóvenes porque soy “la madre de Hortense”. Y Picart se ha convertido en un personaje de la novela. 

MH. Y, en medio del realismo, en la novela también hay premoniciones y personajes con percepción extrasensorial. 

KP. ¡Es que eso también es realista! Yo creo en todo eso: ver el futuro, hablar con las estrellas... Solo usamos una pequeña parte de nuestro cerebro, al fin y al cabo. 

MH. Parece que vive sus personajes con mucha pasión. 

KP. Oh, sí, tengo fi chas de todos, paso mucho tiempo con cada uno de ellos. Sé cómo caminan, qué hacen cuando están solos... ¡Hasta cuál fuma a escondidas! Luego voy escribiendo en pequeños cuadernos y los pego en la pared, uniendo unas hojas con otras para crear las historias. Y tengo informantes en todo el mundo, a los que llamo para pedirles, por ejemplo, que me manden el menú de un restaurante de la ciudad de Miami. 

MH. Tampoco es nueva en esto... 

KP. Mi primera novela, Yo primero (La Esfera), fue un gran éxito. Y una locura. En 1975 yo tenía 25 años y, de pronto, mi nombre estaba en todas partes. Yo era bastante sexy y los hombres se volvieron locos. Fue muy violento. No me gustó sentirme abrumada por el deseo de otras personas. La gente me pedía mechones de pelo. Los jeques árabes me mandaban cheques y aviones privados para que fuera a visitarlos. Yo era muy joven y aún estaba averiguando quién era, que es algo que te lleva toda una vida. He visto a muchas personas estrellarse tras un éxito precoz. Lo que hice fue seguir cursos sobre cómo escribir novelas. No aprendí nada [risas], pero me dio seguridad. 

MH. Ha pasado mucho tiempo desde entonces. ¿Cómo ha evolucionado su forma de escribir? 

KP. Oh, mucho, mucho [escandalizada]. Oh, esa es una buena pregunta. Mira, cuando comienzas a escribir siempre empiezas contigo misma, porque eres la persona a la que mejor conoces. Así que el “yo” primero era yo, yo misma y mis cosas. Y luego, poco a poco, vas aprendiendo a hacer otros personajes. Cuando era periodista, trabajaba para Cosmopolitan y hablaba sobre mí misma todo el rato. Me resultaba muy sencillo. Pero hacer que otras personas cobren vida, capturar su verdad... es un desafío. De todas formas, adoro todos y cada uno de mis libros excepto el segundo, La barbare. No sé por qué. 

MH. Siento curiosidad por el libro que escribió sobre Jackie Kennedy... ¿Cómo se le ocurrió? 

KP. Cuando vivía en Nueva York conocí a sus hijos, Caroline y John. Mi marido y yo éramos vecinos de Jasper Johns, el pintor, y él era muy amigo de los dos hermanos. Solíamos visitarle los domingos por la tarde, y la primera vez que coincidimos fue todo un shock. “¡Dios mío, son reales!”, pensé. Después nos vimos más veces y... ¡estaban tan bien educados! Naturales, modestos, sencillos. Pensé que habían tenido una buena madre. Después mi marido, que trabajaba para Yves Saint Laurent, conoció a Jackie. Hicieron varios proyectos juntos y hablaron durante horas. Él me contó lo femenina que era y las cosas que decía de Onassis. Y luego Jackie murió. En Paris Match me pidieron que escribiera cuatro artículos sobre ella y me dieron muchísima documentación, textos muy personales. Recibí muchas cartas de lectores y mi editor me dijo: “¿Por qué no escribes un libro sobre ella?”. Fue un gran éxito, porque había encontrado todos esos pequeños detalles, y con buenos detalles siempre se logran buenos personajes. 

MH. Así que su trabajo como periodista la ayudó a ser mejor escritora. 

KP. Sí. Cuando haces una entrevista, te llevas cosas de la otra persona, eres una ladrona. Y cuando inventas personajes, también. Así que, como periodista, consigues el adiestramiento necesario para captar esas cosas. Al menos, eso era lo que hacía yo en aquellos tiempos. Pero también es cierto que entonces los periodistas pasábamos mucho tiempo con los personajes sobre los que escribíamos. ¡Ahora todo es tan rápido! Y eso me permitía ver sus gestos, sus mentiras. Una vez pasé el día con una actriz francesa muy famosa, y ella quiso fi ngir que era una buena madre. Estábamos en su casa, tomando té y su hijo pasó por el pasillo. Ella gritó: “¡Hola, cielito!”, y él siguió caminando, apenas se volvió, como diciendo: “¿Qué está haciendo ella aquí?”.

MH. Tiene un blog muy activo y siempre contesta a los correos de los fans. 

KP. Oh, voy muy retrasada [disculpándose]. 

MH. E incluso celebró un picnic multitudinario con sus fans en el Bois de Bologne. 

KP. Oh, sí [risas]. Es una locura, tengo muchísima complicidad con unos fans que no me conocen y a los que no conozco. Es bastante extraño, la verdad. Recibo muchos mails en los que me dicen: “Gracias por tus libros, me ayudaron a superar un divorcio”. O una depresión, o a arreglar la relación con una hija. Creo que mis novelas ayudan a la gente. 

MH. ¿Con Muchachas dará carpetazo a los Cortès? 

KP. Eso creía, pero ahora los lectores me están escribiendo sin parar. No sé si tendré que ponerme con un cuarto tomo para Muchachas. Los Cortès me tienen secuestrada. Absolutamente.