Brigitte Yagüe, plata en los Juegos Olímpicos de Londres: el triunfo de la cabezonería dentro y fuera del tapiz

  • A los 17 años se enamoró locamente de uno de sus compañeros del Centro de Alto Rendimiento, Juan Antonio Ramos. Desde ese momento a Brigitte Yagüe no pararon de ponerle piedras en el camino y ella las fue apartando a base de patadas. La taekwondista, que ha cosechado en Londres la primera medalla olímpica de su vida, una plata, ha tenido que luchar dentro y fuera del tapiz para ser la figura más importante de este deporte en España.

Cinco participaciones en un Campeonato del Mundo cosechando tres medallas de oro -la única que lo ha conseguido en la historia-, una de plata y una más de bronce. Cuádruple oro en los Campeonatos de Europa y una vez plata. Un palmarés a la altura de muy pocos taekwondistas y que lleva en la cabecera el nombre de una española: Brigitte Yagüe Enrique (Palma de Mallorca, 15 de marzo de 1981).

Sin embargo hasta hoy tenía una especie de obsesión para Yagüe: conseguir una medalla en los Juegos Olímpicos. En Atenas 2004 se quedó fuera a las primeras de cambio no pudiendo superar si quiera la ronda preliminar. A Pekín 2008, no acudió debido a una lesión. Londres 2012 era, probablemente, la última oportunidad de su vida: "Si hay medalla habrá un camino y si no la hay habrá otro, son dos caminos diferentes…".

Pero hasta llegar aquí no ha tenido un camino fácil. Poco apoyo, sobre todo por culpa de una relación sentimental que no contaba con aprobación, y unos comienzos difíciles fuera de casa en los que tuvo que doblar camisetas para poder comer, son los ingredientes de la historia de Brigitte -protagonista hace unas semanas de nuestro reportaje oímpico-.

Ella misma decía hace poco que "el verdadero campeón es el que cuando se cae se vuelve a levantar". Brigitte es el ejemplo más claro de esta afirmación. Tras la semifinal, con la rabia de quien ha sufrido en esta vida y le empiezan a salir las cosas, lanzaba su casco contra el suelo, lloraba y gritaba a la cámara: "¡Sí, mamá!".

Inspiración de cine

Yagüe tenía solo diez años cuando decidió que quería apuntarse a un club de taekwondo, el Chong-Ma III. Se pasaba las horas muertas viendo películas de Jean Claude Van Damme y su mayor sueño era emular las patadas que veía en la tele de su casa.

Con 15 años recibe una llamada.
Sus asombrosas actuaciones, convirtiéndose en Campeona de España Junior, hacieron que entrara en el equipo nacional de esta disciplina y que el Centro de Alto Rendimiento de San Cugat del Vallés se interesase en ella: tenía madera para hacer algo grande y querían que tuviese la formación más exigente.

Pero su entorno no lo consideró adecuado. Todavía era una niña, y ella tampoco quería separarse de sus padres tan pronto. Dos años después, es ella la que llamó al CAR para pedir su ingreso.

Esta decisión le trajo más de un quebradero de cabeza...

Torturada por estar enamorada


Entrar en un centro de alto rendimiento deportiva significa sentir una presión agobiante en cada entrenamiento, en cada competición. Parece como si, solo por el hecho de estar ahí dentro, "no está permitido perder un combate, que tienes que ganar todo…", explicaba Brigitte en una entrevista reciente.

Este primer paso por el CAR -organismo en el que ahora ostenta un alto cargo- fue efímero: solo una temporada. Comenzó una relación sentimental con otro de los deportistas del centro, Juan Antonio Ramos -cinco años mayor que la mallorquina y doble diploma olímpico, en Atenas 2004 y Pekín 2008-. El entrenador coreano que estaba al frente del equipo no aprobó este noviazgo y mandó a Yagüe a su casa.

No se rindió. Siguió con su carrera profesional, pero de vuelta a su Mallorca natal. Su entrenador de allí también la presionó para que dejara a Ramos. Harta de que le dijeran lo que tenía que hacer, y enamorada hasta el tuétano de Juan Antonio, hizo las maletas de vuelta a la península.

Sin un duro, compaginó sus entrenamientos en un club de Barcelona para volver a hacerse un nombre a nivel nacional, doblando camisetas en un Zara. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos, se la dejaba fuera de todas las competiciones importantes.

No disfrutaba. Vomitaba antes de cada campeonato y se le pasó por la cabeza tirar la toalla. Fue entonces cuando apareció en su vida Antonio Toledo, el por entonces presidente de la Federación Catalana de Taekwondo. Dio la cara por ella y exigió otros criterios de selección. Así Brigitte entró en una dinámica positiva hasta llegar a ser lo que es en la actualidad.

Su vida hoy

Brigitte y Juan Antonio se casaron en 2009. A pesar de que ella trabaja en Barcelona y él en Francia, su matrimonio va viento en popa. Tanto que su intención es quedarse embarazada, aunque eso suponga un paréntesis en su carrera deportiva -ya lo hicieron otras, como es el caso de Marta Domínguez-.

Más allá de su marido, hay dos pilares fundamentales en la madurez y el triunfo de esta luchadora nata: su entrenadora, Elena Benítez, y, sobre todo, su madre. Esta última, a pesar de los años que lleva su hija sobre el tapiz no se acostumbra a ese sufrimiento lógico del que está dejándose el alma en la competición.

"Mi madre es una persona que sufre mucho con torneos, se pone muy nerviosa y en las más importantes, como el Preolímpico Europeo estaba tan nerviosa que lloraba, y yo le decía: 'Mamá, por favor no llores, soy La Reina del Taekwondo. Gane o pierda ya soy La Reina del Taekwondo", relata Yagüe.

Y que tome nota Florentino porque es "fan del Real Madrid de fútbol. Me gustaría estar en el Santiago Bernabéu y hacer un saque de honor. Ese estadio es increíble y me gustaría estar ahí abajo. Creo que a nivel mundial no hay ninguna deportista que tenga los títulos mundiales que tengo yo. Espero que Florentino reconozca lo mismo que reconocen esas personas".

Brigitte se lo ha ganado a pulso con esta medalla de plata para el taekwondo español.