La heroína de 'Resident Evil' dice que quiere ser madre a tiempo completo... pero luego admite que es una mujer voluble. ¿Quieres saber cómo es su marido en la cama o por qué su padre fue a prisión? 

Hordas de zombis, superhéroes entrados en carnes, adolescentes escasas de ropa que parecen salidas de alguna fantasía manga, un par de Darth Vader despistados y hasta una esbelta Wonder Woman se pasean como en un incesante carnaval por las entrañas del WonderCon de San Francisco, uno de los salones del cómic más grandes del mundo. Entre el estrafalario gentío, Milla Jovovich parece un ser de otro planeta. Camina con andares de top model sobre unos altísimos tacones rojos y luce un vestido negro de lunares blancos, adornado por un gigantesco broche verde. Por su sofisticación, sus labios rojos y un peinado andrógino, que solo una top podría permitirse, da la impresión de que se ha equivocado de evento. Pero su sonrisa la delata: Jovovich está en su salsa. Los fans del cómic la veneran. Acaba de presentar su nueva película, 'Resident Evil 5: Venganza', ante un auditorio repleto de adeptos a la saga basada en el popular videojuego. “Estoy muy orgullosa. Pensar que una franquicia de acción con protagonista femenina ha llegado hasta su quinta entrega es un honor y un hito para las mujeres en la historia del cine”, explica sobre la película que acaba de estrenarse en España.

Rumbo al estrellato

Las heroínas de acción escasean en Hollywood y ella se ha ganado el título a pulso. Pero no es solo una pose. Jovovich es una chica dura. “Me encantan las artes marciales y tengo una colección muy guay de armas en casa. Es mi pasión. Quizá es porque mi padre siempre quiso tener un hijo y solíamos ver boxeo y kung-fu en el cine los domingos. Siempre soñé con ser una guerrera ninja”, explica mientras le da una calada a un cigarrillo electrónico del que solo emana vapor de agua. Ha dejado de fumar, pero aún necesita el artilugio para matar la ansiedad. Mientras su padre, un pediatra serbio, le inculcaba su amor por el boxeo, su madre, la actriz de teatro Galina Jovovich, quería que su hija fuera una estrella. Por eso, Milla tomó clases de violín, baile e interpretación desde pequeña. Pero cuando tenía cinco años, la familia abandonó su Kiev natal por motivos políticos y, después de una breve escala en Londres y otra en Sacramento, se instalaron en Los Ángeles. Galina, que se divorció de su marido poco después, soñaba con triunfar en Hollywood. Y lo intentó, pero terminó limpiando mansiones en Beverly Hills. Entonces, volvió al plan B: que triunfara Milla. Con nueve años, la niña empezó a hacer anuncios y con 12, el fotógrafo Richard Avedon se fijó en ella para una de sus campañas. Cuando llegó a la sesión de fotos, se acercó al artista y le dijo lo mucho que admiraba su obra. Avedon se quedó estupefacto. No era una fórmula de cortesía aprendida de memoria. Galina se había encargado de que su hija estudiara el trabajo de los fotógrafos de moda más importantes del mundo y Milla había hecho sus deberes.

Alta, delgada y sin apenas curvas, Jovovich encajaba en el molde de la top model de los 90. Chanel, Versace, Prada y Calvin Klein se la rifaban para hacerse con sus servicios. Pero Milla se aburrió. Y decidió apostarlo todo a la carta más arriesgada: Hollywood. Después de un par de papeles secundarios y alguna cinta de infausto recuerdo ('Regreso al lago azul'), el minimalista atuendo de su personaje en 'El quinto elemento' le dio alas. Desde entonces, no ha parado: más de 20 películas, dos discos, una línea de ropa... “No puedo imaginarme a mí misma sin hacer algo creativo. Siempre me ha gustado dibujar y ahora quiero hacer un curso de dibujo y otro de cocina profesional. Y quiero aprender a presentar un plato... Es lo que pasa cuando tienes tiempo libre. Piensas en cosas absurdas como: “¿Cómo debería decorar esta sopa de zanahoria con jengibre?”, dice riendo a carcajadas. Jovovich, que es desinhibida y risueña, ha decidido tomarse un respiro. Quiere dedicarse a su hija, Ever Gabo, de cuatro años, y el plan es quedarse una temporada en casa.

La mejor versión de Milla

¿Le da miedo caer en el olvido, que Hollywood se olvide de ella? “Por un lado, voy a cumplir 37 años y tengo que tener eso en cuenta. Pero, por otro, llevo dos años rodando sin parar y, en ese tiempo, hemos sido como una familia de gitanos viajando de un lado a otro. Este año, quiero darle a mi hija estabilidad, en Los Ángeles, con sus amigos... Quiero estar con ella, llevarla al colegio y que sepa que ella es lo más importante para mí. Que ya no se trata de mí o de mi carrera y de seguirme a todas partes”, explica. La maternidad ha cambiado su visión del mundo. De sí misma. Se terminaron la vanidad, el ego y las tonterías de estrella, dice.

“Ser madre me ha dado más confianza en quién soy. Ya no tengo las inseguridades de antes. Cuando tienes hijos, eso deja de tener importancia. Tienes que preocuparte por ellos, asegurarte de que se levanten, se laven los dientes, se vistan... Y entonces, ya no tienes tiempo para pensar en ti misma. Y eso es genial”. ¿Seguro? Suena algo radical, le digo. Como si tu vida se terminara el día que empieza la de tu hijo. Ella no lo ve así. “Si tienes demasiado tiempo para pensar en ti, terminas creándote tus propios problemas. Es más fácil sentirte bien contigo misma cuando tienes un niño feliz en casa. Cuando veo todo lo que se divierte mi hija, pienso: “Soy una buena madre. Estoy haciendo bien mi trabajo. Todo lo demás no me importa”. Por el modo en que lo cuenta, se ha ahorrado una fortuna en sesiones de diván. La maternidad le ha servido de terapia. La Milla madre es la mejor versión de sí misma, asegura. “Ya no me fijo en las cosas que no me gustan de mí, sino en las positivas”. “Ahora pienso: “¿Qué se me da bien? ¿Qué tengo que ofrecer?”. Los hijos traen positividad a tu vida. Antes, me levantaba de mal humor, pero ahora una pequeña criatura me despierta por las mañanas y todo lo que puedo hacer es sonreír”. Irrebatible, desde luego.

Habla con tanta pasión del tema que es inevitable preguntarle si quiere tener más hijos. “Mi hija quiere un hermanito, me lo pide todo el rato. Y yo pienso: “¡Aaah! ¡Acabo de recuperar mi cuerpo y mi vida!”, cuenta riéndose. “Pero quiero adoptar, eso seguro. Paul dice que él preferiría adoptar el tercero... Y yo pienso: “¿El tercero? ¿Qué quieres decir?”. Más risas. “Tampoco es que le estemos poniendo remedio, la verdad... Pero no lo estamos intentando activamente. Si ocurre, pues estupendo”, dice Jovovich a tumba abierta. No sé si se da cuenta de que está hablando de sus medidas anticonceptivas (o mejor dicho, de la falta de ellas) con una periodista. No parece importarle. Así es Jovovich. Con ella no hay filtro ni estrategia. Es un libro abierto sin autocensura.

Trabajo, amor y sexo

Su marido, el director de 'Resident Evil', Paul W. S. Anderson, que también está atendiendo a la prensa, pasa a su lado y Milla le guiña un ojo cariñosamente. Llevan 10 años juntos y por el lenguaje corporal y las miradas es obvio que su relación funciona. Su hija nació en 2007 y se casaron dos años después. No era la primera boda para Jovovich. Con 16 años, en un arranque de enajenación adolescente, se casó con el actor Shawn Andrews para anular su enlace dos meses después. Y en 1998, volvió a pasar por un altar de Las Vegas con el director Luc Besson. Duró un año. Pero con Anderson, la actriz parece haber encontrado la calma del guerrero. “Paul es una de las personas más buenas y tranquilas que he conocido. Se nota en la forma en la que trata a su madre, sus hermanas, su hija y a mí”. Han rodado seis veces juntos. Y compartir colchón y horas de oficina es un reto. “Cuando trabajamos juntos durante periodos largos puede ser una locura. Al final, terminamos algo crispados.

Cuando acabamos de rodar, es agradable volver a casa y tener tiempo para mí, trabajar en mi música, tener mi espacio... Luego, por la noche, le puedes decir: “¿Cómo te ha ido el día, cariño?” En vez de: “Sé exactamente cómo ha sido tu día porque lo he pasado entero contigo”, dice fingiendo una voz de hastío. Pero es puro teatro. Si es cierto lo que cuenta, tiene un joya en casa. “Nunca le oyes gritar. Es rarísimo. Si lo hace, sabes que ha sido culpa tuya. Creo que en 10 años, solo le he hecho gritar tres veces. Entonces pienso: “Dios mío. ¡Soy una persona horrible!”. Es una de sus mejores cualidades... Esa y que es increíblemente bueno en la cama, claro”, dice Milla con una sonrisa pícara mientras mira de reojo a su marido, ajeno a la conversación a pocos metros. Su sinceridad descoloca. En un mundo de estrellas herméticas y tan políticamente correctas que resultan insípidas, Jovovich es refrescantemente inclasificable. Femenina, pero andrógina. Musa de modistos, pero también de frikis. Sofisticada e irreverente. Luciendo modelito de diseñador, pero soltando indiscreciones y algún taco. Se levanta, y contoneándose sobre sus tacones, sale por la puerta y se pierde entre la colorida muchedumbre... 

Muy personal

Su padre fue sentenciado a 20 años de prisión por fraude, aunque cumplió cinco. “La cárcel fue buena para él. Le hizo mejor persona y le dio la oportunidad de pararse y pensar”, ha dicho Milla.
Escribe poesía y un diario personal desde que era niña.
Siente debilidad por los rockeros. Antes de casarse, salió con Stuart Zender, bajista de Jamiroquai, y con John Frusciante, guitarra de Red Hot Chili Peppers. Practica yoga, meditación y artes marciales.
Toca la guitarra y tiene un estudio de grabación en su casa.
Además de inglés, habla ruso, serbio y francés.
Es adicta a Twitter, donde tiene un millón de seguidores.
'Resident Evil 5: Venganza' retoma al mundo apocalíptico y sigue con la lucha de Alice contra la Corporación Umbrella. “Esta entrega es el principio del fin. Muchos personajes morirán”, dice el director y marido de Milla.