Olga Rodríguez, periodista especializada en política internacional y autora de 'Yo muero hoy. Las revueltas en el mundo árabe', nos habla del papel de la mujeres en la revolución egipcia.

"La revolución fue casi un proceso de enamoramiento", relata el escritor Alaa Al-Aswany en 'Yo muero hoy. Las revueltas en el mundo árabe', escrito por la periodista especializada en política internacional Olga Rodríguez. Y así fue. Miles de personas se dejaron enamorar por las ansias de libertad. Durante 18 días los ciudadanos egipcios ocuparon las calles pidiendo el fin del régimen de Hosni Mubarak. Mubarak calló pero la junta militar tomó el poder y continuó con la represión contra los manifestantes mientras estos reclamaron durante meses unas elecciones libres y democrácticas. Gran parte de los manifestantes eran mujeres. Rodríguez vivió todo esto en primera persona y cuenta su experiencia en el libro.

Pregunta. ¿Se entiende una revolución por la libertad sin la búsqueda de la igualdad?

Respuesta. Todo va unido. La libertad política, el desarrollo económico y que mengüen las diferencias sociales, todo eso favorece la situación de las mujeres. No puede haber igualdad de género si no hay un contexto político de libertad y no desaparecen las desigualdades sociales. Yo creo que es muy importante para ayudar a conseguir la igualdad de género en el mundo árabe que nosotras aquí demos visibilidad a las mujeres que realmente están luchando por esa igualdad. Mujeres que están allanando el camino para la emancipación. Porque si lo que ofrecemos son imágenes estereotipadas, sesgadas y cargadas de prejuicios en que todas las mujeres árabes son sumisas y todos los hombres árabes son fundamentalistas barbudos le hacemos un flaco favor a la sociedad. Por otra parte, la sociedad árabe es muy heterogénea. En las revueltas se ha demostrado que hay árabes cristianos, que siempre se nos olvida; musulmanes que quieren un estado laico; árabes ateos, de izquierdas, feministas… Son ciudadanos que quieren libertad y un empleo digno y una vida digna como cualquier ciudadano del mundo.

P. ¿Cómo se puede ser feminista y musulmana? ¿Va ligada la revolución política y social a una revolución cultural?

R. La revolución es política, pero se está dando a la vez una revolución cultural. Van unidas. Una de las cosas que han sucedido en Egipto es que los jóvenes en las ciudades (otro tema son las áreas rurales) ahora se relacionan de forma diferente. Se está produciendo una liberación sexual. Las chicas empiezan a tener mayor protagonismo en los grupos a través del activismo. Aunque no creo que el sexismo sea algo cultural. Va unido a un contexto económico y político. No es que la religión islámica o musulmana sea más machista que la cristiana o católica. Depende de hasta qué punto la religión trata de marcar la vida pública y la política. 

P. ¿Cuál es el papel de las mujeres en la revolución egipcia?

R. El activismo femenino ha sido una fuerza importantísima. Estas revoluciones no surgen de la nada, detrás hay un trabajo de años de activistas jugándose el tipo y luchando por la libertad y los derechos humanos. Y muchos de esos activistas eran mujeres. El movimiento obrero para mí es fundamental en Egipto porque las huelgas lograron parar el país muchas veces y eso fue un arma de presión muy importante. Pues las mujeres trabajadores, de clase más bien humilde, han estado en primera línea. La primera huelga importante en Egipto que se produce en diciembre de 2006 la inician 3000 mujeres en una fábrica textil de Mahalla Al Kubra que abandonan sus puestos de trabajo al grito de "Aquí estamos las mujeres, ¿dónde están los hombres?". Ese es el pistoletazo de salida de una oleada de huelgas durante 2007 y 2008.

P. ¿Cuál es el papel de las mujeres en los partidos políticos que se presentaron a las elecciones?

R. La presencia de la mujer ha sido importantísima. Otra cosa son los resultados electorales. Han ganado fuerzas que no representan las demandas de la revolución en ningún caso y es verdad que ha descendido el número de mujeres respecto a los anteriores representantes. Pero también es poco positivo que antes hubiera un porcentaje más alto de mujeres siendo una dictadura y un régimen. Medir la realidad de la situación de la mujer en función de cuantos escaños sean ocupados por mujeres es algo que puede dar lugar a una lectura un tanto sesgada de la realidad. El hecho de que hubiera un porcentaje mayor en el "parlamento", por llamarlo de alguna forma, del régimen que en el de ahora no es significativo. 

P. ¿Cómo afectará a la mujer la llegada al poder de los Hermanos Musulmanes? 

R. El mayor problema en Egipto actualmente son los militares que tienen el poder desde 1952. En cualquier caso, se ha agitado el fantasma del islamismo muy a menudo con el objetivo de justificar la permanencia en el poder y el apoyo a dictaduras en muchos casos crueles e incluso sangrientas, que han sido aliadas de Occidente. Pero la junta militar ha reprimido manifestaciones, ha juzgado en tribunales militares a más de 200 civiles, usó munición real contra manifestantes y ha matado a más de 100, ha practicado abusos sexuales contra mujeres manifestantes... Pero nada de eso ha importado. Ni si quiera cuando Amnistía Internacional lo denunció. Estados Unidos acaba de renovar la ayuda anual de 1300 millones de dólares al ejército. Esto está perjudicando a las mujeres. Hay una violencia sistematizada y legitimada contra las activistas. Con los Hermanos Musulmanes hay un riesgo de islamización pero es una organización islámica moderada. Conservadora en lo político, neoliberal en lo económico. Seguramente tendrán una política ambigua en la separación Iglesia-Estado, pero no se atreverán a adoptar demasiadas medidas que puedan resultar impopulares para una población mayoritariamente joven porque volverían a las calles. Los Hermanos son muy pragmáticos. Otro tema es el papel que puedan tener grupos salafistas en el futuro que actualmente no tienen gran apoyo. 

P¿Es un arma política la violencia sexual contra las mujeres?

R. Está siendo un arma política en Egipto. Violencia sexual oficializada y legitimada por el poder y practicada sistemáticamente por las fuerzas de seguridad amparadas por la junta militar que a su vez está amparada por los gobiernos occidentales, al menos de momento. Algo tenemos que decir nosotros, los ciudadanos occidentales, a nuestros gobiernos.

P. Como mujer, ¿cómo viste la presencia femenina durante la revolución? ¿Qué sensaciones te transmitieron esas mujeres?

R. Son mujeres que me han inspirado, me han dado fuerza. Tengo 37 años y he aprendido de mujeres más jóvenes que yo con una fuerza, con una determinación y con una autoestima por las nubes. Es muy emotivo ver a mujeres de todas las edades megáfono en mano inventando y coreando eslogans que ellas gritan y después los corean miles de hombres. Eso tumba todo estereotipo que tengamos aquí. Ellas están haciendo eso y están organizando movimientos sociales, están siendo grafiteras, formando parte de movimientos culturales urbanos paralelos a las revueltas con contenido social, político y de denuncia. Es muy llamativo. Y por eso Nawal Saadawi, la feminista egipcia de 81 años, el rostro del feminismo en el mundo árabe, dice que esto es un modo más de allanar el camino hacia la igualdad de género. Evidentemente en las áreas rurales las revueltas apenas han tenido relevancia y allí todavía hay un porcentaje de ablaciones muy elevado y el sexismo y el machismo siguen siendo un problema.

P. ¿Cómo se lucha contra la situación de la mujer en esas zonas?

R. Hay muchas organizaciones que están haciendo un trabajo maravilloso y de hecho en los últimos años el porcentaje de ablaciones ha disminuido enormemente. Pero ahí el camino aún es largo. Mientras no haya un Estado libre no habrá políticas destinadas a favorecer la libertad de las mujeres.  

P. ¿Cuáles son para ti las mujeres de referencia de la revolución egipcia?

R. Samira Ibrahim, una mujer manifestante que fue sometida a abusos sexuales en 2011 por el ejército en los famosos casos de los "exámenes de virginidad", un eufemismo para llevar a cabo abusos. Es una mujer alucinante. La arrestan, la apalean, la desnudan delante de varios militares, la inspeccionan para ver si tiene el himen intacto, la fotografían y se ríen de ella. Y al día siguiente sale denunciándolo y dando la cara. No ha sido la única. Esa noche hubo 24 casos de abusos sexuales a manifestantes por parte del ejército. Además esos abusos se practicaron en el museo arqueológico de El Cairo que todos los turistas visitamos. También está Gigi Ibrahim, periodista, activista y bloguera.Y Mona Seif, que ha impulsado una campaña contra las juicios militares a civiles. Algo que todas tienen en común es que luchan desde el optimismo, pero no con ingenuidad o ignorancia. Son muy conscientes de que sus obstáculos son muy numerosos, pero pueden quedarse en casa de brazos cruzados o luchar. Y prefieren, como me han dicho, "morir orgullosa de haberlo intentado".

Conciliación en conflicto

P. ¿Cómo trabaja una mujer en países donde se vulneran los derechos femeninos?

R. En general no suele afectarme. Como procedo de una cultura y un país diferente me respetan. Si yo fuera "una de ellos" seguramente recibiría una actitud más intransigente. Pero durante la cobertura de la invasión de Irak había muchos periodistas occidentales, hombres europeos y americanos, que a las mujeres nos decían que nos teníamos que ir a casa. O el estigma de llegar de una guerra y que el comentario de algunos compañeros o de los propios jefes sea: "Está muy afectada, pobre". Mientras que ellos llegan y es: "Jo tío, los tienes cuadrados". Yo estoy loca y no se sabe qué hago en esos sitios, pero ellos no. En el mundo musulmán ser mujer tiene sus ventajas. Puedo acceder a testimonios que siendo hombre jamás accedería. En Egipto, en Palestina, en Irak he podido hacer reportajes sobre la vida sexual de las mujeres, algo impensable para un hombre y que se desconoce bastante. Hay veces que puedo enfrentarme a comentarios sexistas o me puedo sentir infravalorada en esos países, pero esa misma sesación la he tenido en Occidente y eso es lo que realmente me afecta.

P. Tras la agresión a una periodista en Egipto, Reporteros sin Fronteras desaconsejó a las periodistas que viajaran allí.

R. La obligación de cualquier organismo internacional defensor de la libertad de expresión y de los drechos humanos debe ser criticar y exigir a las autoridades que hagan algo para evitar esas situaciones. Decir que se vuelvan a casa es como "no te pongas la minifalda porque te van a violar". 

P. ¿Cómo se consigue la conciliación familiar?

R. Yo lo llevaría peor si perteneciese a una redacción. Trabajé durante 14 años así en Prisa y decidí irme cuando me di cuenta que cada vez era más difícil hacer este tipo de periodismo. Se cierran corresponsalías, la figura del enviado especial está desapareciendo... y si perteneces a plantilla es cada vez más dificil que te envíen a ningún sitio. Si eres freelance, como yo soy ahora, tú eres quien decide qué trabajos haces y cuáles no. Esto también me facilita la conciliación. Pero es muy complicado y lamentablemente los gobiernos no están buscando soluciones para facilitarlo y ya no digamos las empresas. 

P. ¿Te has sentido rechaza o juzgada por realizar un trabajo en conflicto siendo madre?

R. Desde que tengo una niña no me juego la vida. Antes asumía más riesgos. Pero sí me he sentido juzgada. Creo que se puede ser una muy buena madre y a la vez desarrollarte a través de tu trabajo. Entender la maternidad como la obligación a renunciar a parte de tus aspiraciones es un error. Los niños son felices si sus madres son felices. Por otro lado procuro no separarme durante mucho tiempo de mi hija.

Cuando esta entrevista fue realizada aún no se conocían los resultados de las elecciones presidenciales egipcias. Pocos días después, la Junta Militar anunciaba que el ganador era Mohamed Morsi, líder de los Hermanos Musulmanes. Olga Rodríguez reflexionaba entonces sobre la necesidad de acabar con los privilegios y poderes del ejército que se reserva el poder legislativo y presupuestario. La periodista apuntaba que los si Hermanos Musulmanes quieren consquistar el poder total, necesitarán la fuerza de una revolución a la que durante meses dieron la espalda.