Otilia Lux de Cotí: "Las indígenas merecen una vida libre y sin violencia"

  • La defensa de los derechos de este colectivo es la principal lucha de la lider guatemalteca.

Vestida al estilo tradicional, con huipil (camisa bordada a mano), faja y cortes (falda hecha de una tela tejida por los hombres), y tocada con un ixcap (una cinta trenzada que representa la serpiente, símbolo de los ciclos de la madre Tierra) y chachales (collares) de plata, coral y guairuros (semillas), podría pasar por una sencilla campesina, pero nada más lejos de la realidad. Otilia Lux de Cotí (Quiché, Guatemala, 1949) es la directora ejecutiva del Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI) y recorre el mundo en defensa de los derechos de este colectivo.

Orgullosa de la riqueza de su cultura maya, lidera desde hace décadas el activismo en favor de las mujeres desde la esfera política y el movimiento civil,
y hoy es una de las figuras más importantes en Latinoamérica. Llegar hasta aquí ha sido un empeño que se trazó desde bien pequeña, impulsada por la lucha cotidiana que veía en su abuela y su madre, que con el tiempo fue presidenta de Acción Católica. De ese matriarcado, Otilia heredó su fortaleza de espíritu y su deseo de ayudar a los demás desinteresadamente.

Sabiduría milenaria

Obsesionada con la necesidad de formarse, como única vía para progresar y ser autónoma, se considera una privilegiada.
“Mi madre mostró mucha visión al animarme a estudiar. Quería que tuviera las oportunidades que ella no tuvo. En las comunidades indígenas, muy pocas niñas van al instituto. Hoy, de cada 10 estudiantes, seis son chicas hasta el Primer Ciclo, pero en la siguiente etapa ya solo quedan tres. No tienen opciones de llegar a una educación superior por una cuestión económica, por el número de hijos que tienen y por su precaria situación. Yo pude estudiar gracias a que soy la sexta de siete hermanas (y tres chicos más). Si hubiese sido la primera o la segunda, no hubiera llegado a la universidad, porque la prioridad era traer dinero a casa”, explica.

Con una voz pausada, pero firmes convicciones, no desaprovecha ninguna oportunidad para reivindicar los derechos de las mujeres indígenas y hablar de sus valores culturales, como los que se muestran a través de las fotografías y vídeos de la exposición que ha venido a inaugurar a nuestro país. “Son pueblos con una sabiduría milenaria y de los que podemos aprender mucho, pero para eso hace falta que les dotemos de recursos para paliar sus necesidades específicas. Por ejemplo, las mujeres indígenas, en su mayoría, no disponen de la titularidad de la tierra y eso las deja en condiciones muy desfavorables. Además, hay que ayudarlas para que tengan una vida libre de violencia y puedan acceder a cotas de poder”, defiende con vehemencia. Una actitud que ha ido forjándose primero en su propia comunidad y, después, en los púlpitos políticos nacionales e internacionales.

A los 19 años, ella que se había criado en la urbe, se trasladó a la zona rural para impartir clases. La miseria que allí vivió la marcó mucho: “Trabajaba como maestra, pero también vivía allí y conocí su precaria situación de primera mano. No había agua canalizada, ni escuelas, y sí muchas necesidades básicas, lo que me hizo reaccionar. Yo entonces era muy joven y podía con todo, así que me permitía trabajar tres jornadas. Me subía al caballo y no paraba: por la mañana enseñaba a los niños más pequeños, por la tarde a los más avanzados y por la noche, a los adultos. Afortunadamente, la zona ha mejorado, pero todavía hay gente sin agua potable ni zapatos y que no sabe leer ni escribir”, apunta.

Los hijos, su prioridad

Durante aquella etapa, decidió aprovechar las vacaciones para trasladarse a la ciudad y seguir formándose, con el único objetivo de llegar a la facultad. “Allí me involucré en organizaciones político-estudiantiles y esto me permitió ir adquiriendo carácter y liderazgo”, reconoce esta mujer perseverante e incansable.

Así es como ha conseguido romper moldes en su país, donde ha ocupado importantes cargos (ha sido ministra y diputada), pero también en su vida persona
l. Desde joven simultaneó trabajo y estudios, y pensó que la familia podía esperar, así que, a contracorriente, se casó cumplidos ya los 29 años. Celosa de su intimidad, se le ilumina la cara cuando habla de sus tres hijos, su otro talón de Aquiles. “Aplacé mi deseo de ser madre hasta que me hube graduado. Mi anhelo era adquirir conocimientos y desarrollarme personalmente. Pero cuando decidí casarme y tener hijos, esto pasó a ser lo más importante. De hecho, yo me metí en política cuando ellos ya tenían sus carreras. Mientras tanto, sin dejar el voluntariado, me dediqué, sobre todo, a ayudar a mi esposo en su tarea (es ingeniero agrónomo) y seguí en el ámbito de la pedagogía, porque tenía que darles un futuro a mis hijos y había que trabajar duro para ello”.

Cuando se le pregunta cómo hizo para conciliar, cierra los ojos y se arranca con algunas confidencias: “Me siento orgullosa de haber sabido cohesionar el ámbito familiar y el laboral. Tuve que trabajar desde los primeros momentos de casada y logré hacerle entender a mi esposo, de manera dulce (de otra forma no lo hubiera conseguido), que los dos éramos corresponsables de la familia. ¿Sabes cómo lo hice? –cuenta, mientras se ríe de manera expansiva, pero sin estridencias, entre pudorosa y divertida–. Le dije que mis hijos tenían que llegar a ser grandes en sabiduría y que para ello debíamos sumar los dos esfuerzos por igual. Y le puse tres condiciones: debían aprender un idioma internacional porque es fuente de riqueza, tenían que ser profesionales para que tuvieran autonomía y, tercero, aprender a conducir para que fueran más independientes.

Y, ¡bendito sea el cielo y la tierra!, hemos cosechado y hoy tenemos tres excelentes hijos”. Cierra el tema personal comentando que el chico, que es médico, y la arquitecta han salido combativos. “La bióloga, menos. Pero, bueno, ellos tienen sus trabajos, que son muy exigentes”, afirma.

Poder femenino

Volviendo a su vida pública, en los que se siente más cómoda, define como sus mayores logros haber hecho una gestión pública intercultural, con enfoques de los derechos de género e indígenas; haber creado leyes que les han procurado mejoras; y haber contribuido a que este tema se incluya en la agenda de la cooperación internacional. “Hemos conseguido que haya ministerios o secretarías de la mujer en la mayoría de los países latinoamericanos. En esto de la política de equidad, España ha sido un gran referente”.

También se declara partidaria de las cuotas femeninas. “Son importantes para poder acceder a espacios de decisión política. Evidentemente, la capacidad debe ser un indicador exigente para ocupar esos puestos, pero hay que dar oportunidad a las mujeres. Por ejemplo, en Guatemala, la mujer, aunque tenga habilidades, si no dispone de dinero, no puede llegar lejos. En las listas a diputados ocupa generalmente el quinto lugar, con lo que no tienen opciones. Y eso no puede ser, nosotras proponemos que esas cuotas estén en grado de paridad. De los 158 diputados del Congreso de Guatemala, 20 son mujeres. Y solo 17 del total son indígenas (dos mujeres). Es una brecha tremenda”. Lo dice con cierto enfado y con un punto de desilusión.

Cuenta que, al final, todo depende “del corte del Gobierno” y eso le resulta desalentador: “En Guatemala es la primera vez que tenemos una vicepresidenta, pero estamos muy decepcionadas. Creíamos que por ser mujer nos iba a dar todo el respaldo, pero ha sido lo contrario, por eso animamos a las guatemaltecas a que den un voto de castigo a este partido en las próximas elecciones”.

Metidas ya en harina, indago por el sentimiento que le provoca el juicio al expresidente Efraín Ríos Montt por el genocidio, en 1982, de casi 2.000 personas, la mayoría campesinos mayas. “Llegó el momento de hacer justicia. 31 años después de un periodo en el que se cometieron las masacres más horrendas, el Ministerio Público está ejerciendo su verdadero papel. Los gobiernos que ha tenido Guatemala no han sido valientes. Con esto no quiero decir que el actual lo sea, sino que hoy contamos con una fiscal muy apegada a la ley y a los derechos humanos. Se lo debemos exclusivamente a ella. Todos los fiscales anteriores fueron hombres y ninguno quiso tocar el asunto”.

Sigue creyendo que el terreno político es el camino para lograr transformaciones. No se plantea, en principio, regresar a la política activa, pero tampoco lo rechaza de forma tajante. “Fui diputada cuatro años y no puedo decir que no volveré. Pero no veo de dónde voy a recaudar dinero para la campaña...”, reflexiona.

Respeto a la tierra

El dinero quizá sea importante, pero también sugiere tomar ejemplo de los valores que todavía rigen en las comunidades indígenas y que se han perdido en los sistemas políticos y económicos actuales, llenos de corrupción y malas praxis. “En nuestra cultura se elige al representante que mejor cumple estas tres condiciones: ser honorable, cuidar la tierra y haber prestado servicios a la comunidad. En América Latina el petróleo, los minerales, el agua... están en territorio indígena, y no por casualidad, sino porque los campesinos han cuidado a la madre Tierra, no le han excavado el vientre, porque ella es la que nos alimenta y debemos tenerle respeto”.

Terminamos la conversación con una revelación que quizá solo haya hecho a sus más allegados. Su deseo no cumplido: “Siempre quise dirigir mi nación. Pero cuando vi las cosas muy cercanas, dije no, por la obligación de sacar a mi esposo y a mis hijos fuera, debido al alto riesgo y las amenazas. Eso me hizo desistir de mi sueño”.

En este viaje a Madrid, su agenda está repleta. Cuando se encuentra con un rato de asueto, se abandona a placeres cotidianos que muestran sus gustos sencillos. “Esos momentos los paladeo con una literatura que me atraiga, disfrutando de una buena comida o saliendo con mi esposo a ver una película”. 


Muy personal

  • Es licenciada en Administración de la Educación. 
  • Ha sido ministra de Cultura y Deportes (2000 a 2004) de Guatemala y miembro del Congreso de la República como líder del Movimiento Político Winaq. 
  • Fue vicepresidenta del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de la ONU, entre 2001 a 2007, y ocupó el cargo de representante de Guatemala ante la Junta Ejecutiva de la UNESCO entre 2004 y 2007.
  • De 1997 a 1999 fue representante de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico sobre la Violación de los Derechos Humanos y los Hechos de Violencia en Guatemala. 
  • Ha recibido innumerables reconocimientos, entre ellos el premio Bartolomé de las Casas (España), la Legión de Honor (Francia) y el Francisco Marroquín (Guatemala).