"Yo también SOY necesaria"

Verónica Escudero, 30 años. Tiene un contrato en prácticas. Verónica Escudero, 30 años. Tiene un contrato en prácticas: "Me gusta mucho mi vida, no cambiaría nada". FOTO: J. ...

Con la crisis, se cortan las ayudas y sus demandas pretenden relegarse, pero ellas aspiran a tener un trabajo, a realizarse y a ser económicamente independientes... Como todos.

Buenas tardes, Mercedes, ¿un vinito?”, dice Verónica al ver entrar a una de sus clientas en la cafetería en la que realiza sus prácticas. Es una de esas camareras con brío, que saludan al público veterano por el nombre de pila y se saben de sus rutinas. Nació con tres cromosomas del par 21 en lugar de dos, pero eso no le impide atender a los clientes y preparar desayunos y aperitivos. Le sucede igual a un porcentaje pequeño, pero cada vez más elevado, de las 34.000 personas que tienen síndrome de Down en España.

Verónica se está formando en un trabajo al que le pone más cariño y entrega que cualquiera, porque sabe lo que cuesta que le den una oportunidad. Ella es vecina de Natalia, que también tiene síndrome de Down. Ambas viven en un conjunto residencial de la Fundación Aprocor, una entidad sin ánimo de lucro que apuesta por la inclusión de las personas con discapacidad intelectual. Allí, viven de forma autónoma, con apoyos puntuales de una educadora. Natalia busca un empleo; no encuentra nada desde diciembre, cuando trabajó en la campaña de Navidad de Prosegur preparando cestas.

Su sueño es dedicarse al cine o a la televisión, como su hermana, la actriz Silvia Abascal. Con ella protagonizó la película 'Vida y color', en 2005. Pero sabe que ese mundo no es fácil y busca un contrato de trabajo “en cualquier parte”, como el que ya ha firmado el 2% de las personas con síndrome de Down. Gracias a la aprobación de la Ley de Integración Social del Minusválido, las empresas de más de 50 trabajadores deben tener una plantilla con, al menos, un 2% de empleados con discapacidad. Pero, con algunas justificaciones, se puede esquivar esa obligación. Natalia sigue intentándolo. “Sabemos trabajar duro, eso no nos asusta”, dice.

Susana Palombi, preparadora laboral de Aprocor, le da la razón. Dice que son constantes y saben que el empleo es importante. Recuerda el caso de un joven a quien ayudó a encontrar trabajo. Su jefe le preguntaba con frecuencia que cuándo se iban a tomar un descansito para el café, hasta que él le contestó: “Parece mentira que sea usted el jefe. ¡Es horario de trabajo!”.

Más capaces 

Aprocor, integrada en Down España, tiene el lema de que todo el mundo es empleable. La clave está en encontrar la empresa adecuada. Sin embargo, la crisis dificulta las cosas. Agustín Matía, gerente de Down España, calcula que entre 150 y 200 personas integradas en sus organizaciones se han quedado sin trabajo. “Puede parecer poco, pero solo hay entre 500 y 700 trabajadores con síndrome de Down en España”. Las ayudas también han adelgazado. La obra social de las cajas de ahorros se ha reducido y su aportación suponía entre el 25 y el 33% de los recursos. También ha habido recortes en la financiación pública y el retraso en los pagos de las comunidades autónomas hace que muchas organizaciones estén funcionando casi sin recursos. “Aún así, hay esperanza –asegura Matía–, porque las empresas cada vez están más dispuestas a contratar a estas personas. Ahora tenemos dos retos: una sociedad y una educación inclusivas”.

En efecto, hay esperanza. Silvia Cota tiene un contrato desde hace siete años, acaba de aprobar un examen sobre riesgos laborales y trabaja en Madrid. Su amiga María Jesús, que se excusa por llegar tarde porque “ha sido un día de mucho trabajo”, o Ana, que prepara oposiciones y trabaja en un hospital, son ejemplos de que ellas también son necesarias. Además de divertidas, entusiastas... Y coquetas: al despedirnos, Verónica pregunta si saldrá en la portada. 


Verónica Escudero, 30 años. Tiene un contrato en prácticas. 

“Me encanta mi trabajo como camarera. No solo porque he aprendido a hacer canapés, zumos y otras cosas, sino porque me gusta mucho conocer a gente nueva. Todos son geniales, no noto que me traten de forma diferente por tener síndrome de Down. Sé que yo lo tengo... pero igual que sé que somos distintos, también estoy convencida de que podemos hacer lo mismo que los demás si nos lo proponemos y nos dejan. Por eso me gustaría poder vivir de mi esfuerzo, como a cualquiera. Aunque no todo es trabajar: también voy de paseo con mi pareja, quedamos con los amigos para ir a la discoteca o ver partidos, hago la compra, me preparo el desayuno (ahora que estoy a régimen para ponerme guapa solo tomo café o cola-cao). Me gusta mucho mi vida, no cambiaría nada. ¿Un sueño? Que me hagan fija, porque tengo un contrato temporal. ¡Ah, y tampoco me importaría conocer al actor Mario Casas, que tengo un montón de pósteres de él en mi habitación!”.

Natalia Abascal, 34 años. Ha protagonizado la película 'Vida y color' y ha participado en series como 'Hospital Central'. Actualmente, busca trabajo. 

Me gustaría dedicarme al cine, como mi hermana, pero la verdad es que no hay muchos papeles para mí. Si no puede ser, querría trabajar en lo que fuera. Para conseguirlo, mi persona de apoyo, Víctor, me ayuda a formarme. Aunque no es que ahora no haga nada: comparto piso con cinco chicas y nos repartimos las tareas (poner la mesa, limpiar...). Un día a la semana voy a la piscina. El primer día, como iba con otras compañeras, nos dijeron que éramos un grupo de discapacitados y necesitábamos reservar un horario solo para nosotras. Pero les enseñamos que somos independientes y podemos nadar como el resto. También nos tomamos algo con los amigos, vamos a museos, y los viernes nos dedicamos a conocer Madrid. La verdad es que no conozco el aburrimiento”.

Ana Verde, 29 años. Estudia oposiciones a Ayudante de Gestión y Servicios Comunes, y trabaja en un hospital distribuyendo medicamentos. 

 “Mi trabajo es muy entretenido y me llevo muy bien con las enfermeras, con las que coincido en la sala de descanso. Yo les reparto los medicamentos para los pacientes de quimioterapia, repongo las medicinas en el armario, voy a la farmacia del hospital, entrego muestras... Como estuve varios meses en paro, empecé a estudiar oposiciones para la Comunidad de Madrid y sigo con ello. Espero sacarlas y tener algo fijo. Sé lo difícil que es encontrar empleo estable. Me organizo con un horario que me he diseñado, porque, además, voy a informática, a formación permanente, a inglés, a teatro… Dentro de poco me voy con mis amigos a una casa rural. Me gusta mi vida, y más, sintiéndome segura con un trabajo”.

María Jesús Martín, 30 años. Trabaja en el departamento de facturación de Gesban.

“Trabajo sellando facturas y gastos en una empresa. Me gusta, porque me siento útil. Recuerdo el día que empecé a trabajar, en el Banco Santander, hace ya cinco años. Mis padres se pusieron casi tan contentos como yo, porque era ganar independencia. Además, conozco gente y a veces, en el descanso, bajo a la cafetería para tomar algo con mis compañeros. También estudio Informática, donde nos enseñan distintos programas y a usar internet; por ejemplo, a buscar información sobre las series que me gustan, como “Doctor Mateo”. Ah... y hago teatro. Dentro de poco representamos “Siete novias para siete hermanos”, así que no tengo queja de mi vida: me gusta. Bueno, puestos a soñar, me gustaría mucho llevar a mis sobrinos al parque Disney de Orlando. Soy muy buena tía”.

Silvia Cota, 34 años. Auxiliar en Gómez Acebo & Pombo. Autora del libro de poesía 'Mi traje jardín'. 

“Siempre he querido ser independiente y, desde que trabajo en este despacho de abogados como auxiliar de tareas administrativas, lo soy. Las personas con síndrome de Down necesitamos apoyo. Por eso doy gracias a la vida por mi familia, mi trabajo fijo, mis amigos... Los fines de semana los dedico a mi otra “profesión”: escritora. Logré mi sueño de escribir y vender un libro con 'Mi traje jardín' (ed. Grupo Cero). A veces, en el autobús, la gente me pregunta cosas, como si por tener Down tuviera que hablar con todos. Tenemos distintas capacidades pero podemos luchar por lo que queremos sin estar metidos en una nube. Yo me definiría como una mujer independiente que tiene sus sueños y espera cumplirlos”.