Su primera novela, “Palmeras en la nieve”, se convirtió en superventas. Ahora vuelve con la segunda, “Regreso a tu piel”, una historia de amor entre dos épocas, con un trasfondo de celos, envidias y acusaciones de brujería.


Cuenta Luz Gabás que uno de los momentos que más disfruta como escritora es cuando recibe el primer ejemplar de la novela para la que ha trabajado durante años y se sienta a leerla con calma. Hace unos días que disfrutó de esa experiencia, saboreándola sin prisa. Porque asegura que, cuando se pone en el rol de lectora, se aleja tanto de los meses de trabajo literario frente al ordenador que le parece que esas páginas las ha escrito otra persona. “Tengo la sensación de que la escritora fuera mi hermana o algo así, se produce un distanciamiento muy interesante”, confiesa. 

La primera vez que lo hizo fue hace dos años, cuando publicó “Palmeras en la nieve” (Temas de Hoy). Su debut literario se convirtió en un auténtico fenómeno que revolucionó el mundo editorial con unas ventas de escándalo. Unos meses antes había sido nombrada alcaldesa de Benasque, un municipio oscense en el corazón de los Pirineos al que se había trasladado dejando su carrera como profesora universitaria para cumplir su ilusión: retomar la escritura. Habla de ello con la tranquilidad de las personas luchadoras que no temen los cambios. 

Precisamente dos de los temas –la lucha y el cambio– que trata su nueva novela, “Regreso a tu piel” (Planeta). En ella, una historia de amor se sucede en dos épocas diferentes a pesar de las dificultades. Como telón de fondo, incertidumbres, odios, envidias y hasta un ajusticiamiento por brujería hacen del contexto una batalla constante.

Mujer hoy. ¿Cómo surgió esta segunda novela en su cabeza? 

Luz Gabás. La idea y el contexto los tenía en mente cuando escribí “Palmeras en la nieve”. Quería que uno de los momentos en que se desarrollara la novela fuera a finales del siglo XVI por ser una época de conflictos, de cambios, de incertidumbre, de mucho miedo... que me servía para compararla con el presente, donde tiene lugar la otra parte de la novela. Ese paralelismo tiene sentido porque la época actual también es muy compleja y está plagada de miedos, aunque sean diferentes caras del miedo. 

MH. Para las mujeres del siglo XVI, uno de esos miedos era ser procesadas por brujería, hecho que aparece en “Regreso a tu piel”. 

LG. Sí, es solo una parte de la novela, pero ese hecho real, ocurrido en el siglo XVI y descubierto en 1980, fue la chispa. Sabíamos que habían ahorcado a 24 mujeres en Laspaúles, un municipio de la comarca de la Ribagorza, por brujas, y que lo había hecho un tribunal civil, pero solo teníamos esos datos. Mi reflexión fue: “¿Qué puede haber pasado para llegar a esto y que la gente lo viera no solo commo normal, sino también legal?”. Y lo que hice fue situar la acción en un contexto posible, para lo que estuve documentándome un par de años. Lo que sucedió en la guerra civil del siglo XVI, allí, en las montañas de Huesca, fue real. La sorpresa para mí fue que asociaba los ajusticiamientos por brujería a la Inquisición, pero empecé a leer y a documentarme y descubrí que el 90% de esos ajusticiamientos fueron civiles, realizados por los ayuntamientos. La Iglesia estaba en connivencia, pero en 1530 dejó de realizar ejecuciones, mientras que los tribunales civiles siguieron condenando a muerte hasta principios del siglo XVIII. 

MH. ¿Quería hacer justicia con la historia que recupera? 

LG. En la novela sí hay una reflexión sobre este tema de la brujería. Hasta ahí puedo contar... Parece muy divertido hablar de brujitas o de mujeres en escobas, la literatura está saturada de esas imágenes, pero en el fondo estamos frivolizando sobre muchas mujeres que fueron asesinadas injustamente. Ocurrió hace cuatro siglos, pero el por qué se forman esos sentimientos y ese caldo de cultivo no han cambiado tanto. A veces revisamos el pasado con demasiado folclore. 

MH. Antes de publicar “Palmeras en la nieve”, daba clases de inglés en la Escuela de Ingeniería de Zaragoza. ¿Cómo llega una profesora universitaria a convertirse en un fenómeno literario? 

LG. Cogí una excedencia para irme a vivir al campo, porque mi marido y yo estábamos hartos de la ciudad, y nos trasladamos a Benasque. Como tenía que vivir de algo, monté un negocio, una casa de turismo rural, con la que cotizar a la Seguridad Social, pero al mismo tiempo dedicaba gran parte del día a escribir. Lo hice sin pretensiones de ningún tipo, no me obsesionaba hacer de mi afición una profesión. Era más bien mi ilusión. 

MH. ¿Pensó alguna vez que la acabarían leyendo más de medio millón de personas? 

LG. Pensaba que me gustaría que me leyeran, creo que como todo el que escribe, pero por desconocimiento no me había planteado vivir de la escritura. En mi entorno conozco escritores, pero vivir de ello es muy complicado. Incluso ahora, siendo prácticos, no sé cuántos años podría vivir de esto, pero no creo que tenga garantizada la jubilación. Mi sueldo hoy sí que es la escritura, luego ya veremos. ¡Ojalá! 

MH. Y en el plano personal, ¿qué le aporta la escritura? 

LG. Es mi forma de evasión, me hace feliz. Me sienta bien escribir, quizá porque cuando estás contenta con lo que haces parece que puedes con todo. Pero pasé muchos años olvidándome de ese sueño. No me puse a escribir en serio hasta que ya tenía las judías aseguradas por otro lado, a los 39 años, cuando me fui a vivir al campo. Todo esto tiene que ver con que soy muy práctica. Aunque siempre me ha encantado el mundo cultural, sabía que tenía que trabajar en algo que me asegurara el sustento. Y dije: “Bueno, pues trabajaré y el día que pueda haré lo que me gusta”. Ese día acabó llegando. 

MH. Y unos meses antes de publicar su primera novela fue nombrada alcaldesa... 

LG. Sí, ocurrió todo casi a la vez. En ese momento pensé: “¡Socorro!”. Aunque al mismo tiempo estaba muy feliz porque publicar significaba cumplir un sueño. 

MH. ¿Se compagina bien la política con la literatura? 

LG. Se compagina bien... si no tienes vida social [Risas]. No hay tiempo para nada, es así de claro. Una alcaldía en un pueblo requiere estar disponible prácticamente a cualquier hora, noche y día. Reconozco que gracias a mi marido, que no es que eche una mano sino que hace todo él, puedo con el día a día. Si no, sería imposible porque además tengo dos niños de nueve años. No existe la “superwoman”, donde no llega uno tiene que llegar el otro a la fuerza. 

MH. Va a rodarse una película basada en “Palmeras en la nieve” que protagonizará Mario Casas. ¿Cómo se tomó la noticia?

LG. Desde que sé que Mario Casas va a protagonizar la película, cada vez que pienso en Kilian me viene a la cabeza su imagen, no lo puedo evitar. Creo que eso es bueno porque, si mi mente lo rechazara, es porque el papel no estaba hecho para él. Siempre me ha encantado el cine, incluso hacía cortos en la Universidad, así que fue una ilusión tremenda cuando supe que iban a rodar una película basada en “Palmeras en la nieve”. El cine influye de alguna manera en nuestra forma de escribir, aunque los escritores no seamos conscientes de ello porque nuestra cultura es muy visual y eso afecta al ritmo, a la narrativa. 

MH. ¿Está participando en el guión? 

LG. Me han pedido que lo revise, lo que me parece un acto de generosidad que agradezco muchísimo, para mí es un regalo. Pero tengo muy claro que aunque la idea original pueda ser mía, el producto “película” es trabajo del director, el guionista y los actores, ¡y vaya faena tienen los pobres! [Risas]. 

MH. Varios de los libros más vendidos estos últimos años están escritos por mujeres que no hacía mucho que habían cumplido los 40 y se lanzaban por primera vez al mundo editorial. Es el caso de María Dueñas, Dolores Redondo y también el suyo. ¿Es una mera casualidad? 

LG. Creo que en el caso de las tres hemos arrinconado durante un tiempo nuestra pasión hasta que hemos dicho: “Ya he cumplido”. En mi caso, significa que ya había sacado la oposición, ya había trabajado, ya era madre de dos hijos, había vivido en la ciudad y me había ido porque quería... En ese momento en que ya sabía exactamente lo que quería, pensé que o escribía entonces o ya no lo haría nunca. La década de los 40 es un tiempo de cambio. Es cuando se producen los divorcios, las separaciones, el hartazgo... Yo, en vez de divorciarme, decidí escribir una novela [Risas]. No, es una broma. Pero los 40 sí son una época de transformación, de cambios centrados y decididos. 

MH. ¿Qué diría a los que afirman que hay un género específico de literatura escrita por mujeres y dirigida solo a mujeres? 

LG. Que no existe. Lo que creo es que hay hombres que no se lanzan a leer más de todo. Puede ser que la publicidad de las editoriales vaya enfocada a las mujeres, pero porque son ellas las que compran libros. El hombre es muy específico, compra el libro que desea y punto. Sin embargo, la mujer acaba comprando para su hijo, para su hija, para el tío, para el primo, para el cumpleaños de su madre... Es increíble, y por eso la promoción está muy enfocada a mujeres. Pero, al menos yo, nunca me compro un libro por el sexo del escritor, me lo compro si me atrae el tema que toca o el punto de vista sobre ese tema. El proceso de creación literaria es asexuado o bisexual, como prefieras. Es algo que no entiende de géneros.