Controvertida, apasionada y en constante reinvención, la cantante de hip hop acaba de estrenarse como icono 'trendy'. Y no piensa parar.

Que Nicki Minaj nos sorprenda ya no es ninguna sorpresa. Los cambios de imagen, las pelucas y la controversia le son tan naturales como el respirar. Pero su nueva encarnación, como imagen de la campaña primavera verano de Roberto Cavalli, ha logrado dejarnos boquiabiertos. Delicada, sensual, ligeramente 'vintage' y con mirada felina (muy apropiada para una firma que ha hecho del print animal su marca de la casa), la cantante de Trinidad y Tobago nos ha descubierto una nueva faceta de su desbordante repertorio de personalidades.

Y, mientras Cavalli alaba sus curvas de mujer fuerte y segura de sí misma, los críticos musicales se hacen lenguas sobre su tercer disco, 'The pinkprint' (Universal), que acaba de lanzar con éxito arrollador: rap de primera calidad, letras divertidas, influencias caribeñas...

Para 'la rapera más influyente de todos los tiempos' (así la ha denominado The New York Times) no es ninguna novedad reventar las listas de ventas; lo ha conseguido con cada uno de los álbumes de su trilogía rosa ('Pink Friday', 'Pink Friday Roman Reloaded' y 'The Pinkprint'). Pero lograr ponerle rostro femenino a un género musical tan masculinizado como el hip-hop es harina de otro costal. Y Minaj, lejos de darse por satisfecha, asegura estar dispuesta a redefinir las reglas del juego del rap. Todo un reto para una mujer con alma de tigresa.