Son las más cualifi cadas de Europa, pero se están viendo obligadas a emigrar huyendo de la falta de oportunidades. Se las rifan en Londres y Berlín. ¿Volverán?

En la cola de la puerta de embarque con destino a Riad, Amaia Ibarrola era la única mujer. Ya en Arabia Saudí, compró la tradicional túnica negra, dejó de conducir y se acostumbró a que la policía religiosa la incordiara de vez en cuando. Pero, según ella, adaptarse mereció la pena porque en Riad tenía un contrato. 

Desde que empezó la crisis, trabajar como enfermera más de siete días al mes se había convertido en una quimera para Amaia, a pesar de tener seis años de experiencia en hospitales públicos y privados, una especialidad en Quirófano y Anestesia, y un máster en Urgencias y Emergencias. 

Como Amaia, miles de enfermeros españoles están emigrando a otros países en busca de un contrato laboral. Los recortes sanitarios les pasan factura con más fuerza que a ningún otro colectivo del sector sanitario: en los últimos dos años se han destruido en España 20.000 puestos de trabajo en enfermería y, enconsecuencia, la emigración ha aumentado durante la crisis un 112%, según datos del Consejo General de Enfermería. ¿Su destino? Reino Unido, Irlanda, Noruega, Bélgica, Emiratos Árabes, Canadá, Alemania, EE.UU., Finlandia y Holanda. 

“En Europa se las rifan porque tienen la cualificación más elevada de todo el continente”, afirma rotundo Rafael Lletget, director del Gabinete de Estudios del Consejo General de Enfermería en España. “Por cada contrato de médico que se rescinde se anulan siete de enfermeros, y eso a pesar de que la media europea está en 759 enfermeros por cada 100.000 habitantes, pero en España solo alcanzamos los 528. Y en algunas Comunidades, como Murcia o Andalucía, donde esa cifra baja a menos de 380, la situación es especialmente alarmante”. 

El reto del idioma 

Estíbaliz y Lourdes, dos jóvenes enfermeras andaluzas que se han marchado a Wiesbaden (Alemania), conocen bien estas cifras y dicen que, a pesar de que el conocimiento del idioma es lo más complicado, en general son bien recibidas. “En cuanto los pacientes se enteran de que eres española, sonríen. Dicen que les alegramos el día, y acto seguido chapurrean cuatro palabras, siempre las mismas: España, sangría, sol, Mallorca”, comenta entre risas Lourdes. Ella, al igual que Amaia, Natalia y Estíbaliz, no tiene billete de vuelta. Hay quien tiene claro que no lo sacará nunca. Sin embargo, otras aún tienen la esperanza de volver. 

 

Lourdes Ramet, 23 años. 14 meses en Munich (Alemania) 

"El trabajo es muy distinto: es una gran experiencia"

Acabé la carrera en plena crisis, en 2011. Hasta septiembre del año siguiente estuve buscando trabajo, pero lo único que me ofrecían eran puestos de dependienta en una tienda o de camarera, pero había estudiado una carrera para ser enfermera y quería intentarlo. El problema es que no te dan trabajo porque no tienes puntos y no tienes puntos porque no trabajas. Por eso decidí marcharme. Contacté con una empresa alemana que trabaja en España y selecciona enfermeros a través de los jefes de enfermería de un hospital alemán, que vienen a España para entrevistar a los candidatos. Ellos te dan un curso intensivo de alemán durante 13 semanas y después entras a trabajar en el hospital para el que fuiste seleccionada. 

Tuve mucha suerte con la agencia porque era seria y no pagué nada por el curso hasta que empecé a trabajar en Munich, pero conozco gente a la que otras empresas han estafado. Se aprovechan de que la situación es desesperada. Por eso hay que informarse antes y tener claro que el trabajo en Alemania es diferente y las técnicas son distintas, que hasta que no te saques el B2 –el nivel avanzado del idioma– no vas a tener el reconocimiento alemán... Pero si sabes a lo que vienes, te esfuerzas por aprender el idioma y tienes ilusión por trabajar, es una muy buena experiencia". 

 

Estíbaliz Calahorro, 24 años. Dos años en Wiesbaden (Alemania) 

"Nos aceptan porque estamos sobrecualificadas"

Al acabar la carrera, me presenté al EIR (Enfermero Interno Residente). No conseguí plaza y decidí irme a otro país para aprender un idioma. Como el inglés ya lo tenía, me marché como au pair a Alemania con la idea de estar allí cuatro meses y volver para el verano, que es cuando hay más oferta de trabajo en nuestro país. Pero gracias a un amigo de la familia para la que estaba trabajando, que era médico, conseguí unas prácticas y, al mes, ya me habían ofrecido un buen contrato. Creo que en Alemania nos aceptan muy bien porque estamos sobrecualificados, ya que la formación de Enfermería en España es muy superior. Por eso muchos acaban regresando, ya que, a no ser que tengas un buen nivel de alemán y puedas trabajar en quirófano, las funciones son menores de las que podrías desempeñar en hospital español. Yo he tenido suerte, porque trabajo en quirófano, que es lo que más me gusta, y estoy aprendiendo mucho. 

¿Si estoy pensando en volver a España? Aunque me encantaría, no lo haría si lo que me ofrecen es un contrato de menos un año, y eso es casi imposible en este momento. Mi idea es continuar aquí para hacer currículum. Aunque nunca se sabe. He conocido españoles que ya llevan 20 o 30 años, se han casado y formado una familia en Alemania, y todos te advierten lo mismo: “¡Regresa antes de que pase demasiado tiempo o ya no volverás!”. 

Natalia de Luque, 30 años. Un año y ocho meses en Londres (Gran Bretaña) 

"No dudaría en volver a España si tuviera trabajo"

Hace dos años estaba trabajando en un hospital de Córdoba siete días al mes. En esas circunstancias no tuve que pensarlo demasiado: por mucho que eche de menos a mi familia, los amigos, el compañerismo que hay en España y que no encuentras aquí... estaba clara la opción y decidí venirme a Londres. En cuanto arreglé el papeleo, encontré trabajo y ahora me llegan ofertas constantemente. Estoy muy bien, pero no dudaría en volver a España si tuviera un contrato en condiciones. Entre otras cosas, porque echo de menos tener más responsabilidades: mientras en nuestro país estás cogiendo vías desde el primer día, aquí tienes que hacer un curso porque no lo hacen durante la carrera”. 

 

Amaia Ibarrola, 32 años. Un año en Riad (Arabia Saudí); 18 meses en Londres (Gran Bretaña) 

"Me niego a volver y no tener planes"

Me llamaron de una agencia finlandesa para trabajar en Oriente Medio y después de mucho papeleo, y varias entrevistas, me marché a Arabia Saudí. Aunque ya te adelantan lo que te vas a encontrar en el país, impacta. Pero para mí fue una gran experiencia: aparte del sueldo, que ronda los 4.200 € mensuales –el salario depende de dónde sea tu pasaporte–, estudié árabe, me interesé por su cultura, aprendí técnicas de trabajo... Al año decidí irme por cuestiones personales, pero España no era una opción porque la situación era la misma que cuando me marché y me niego a volver a tener una vida sin planes, siempre pendiente de un contrato de siete días. Así que me colegié en Londres y a la semana ya tenía trabajo”.