Soñar es gratis. Lanzarse a materializar las fantasías de toda una vida, no tanto. Por eso admiramos a estas cinco mujeres, que se liaron la manta a la cabeza e hicieron realidad sus proyectos. Ellas nos cuentan cómo lo hicieron.

Solo el 48% de los españoles está satisfecho con su vida. Y eso no es lo peor; lo peores que, en 2007, esta cifra ascendía del 65%. Así lo asegura el estudio Better LifeIndex, cuyos resultados acaba de hacer públicos la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). 

Corren malos tiempos para los optimistas,según parece. Pero algunas personas no se dejan impresionar por las cifras. Aunque sean malas.“¿Qué puedo hacer al respecto?”. Esa fue la pregunta que se plantearon Karla, Valeria, Analía, Mónica y Christine, cinco mujeres que quisieron dar un giro a su vida o a su carrera –o a ambas a la vez– para ser más felices. Todas ellas pensaron que, si vivir es bueno, todavía hay algo mejor: soñar. Pero llevare se sueño a la práctica era harina de otro costal. Había que calcular si compensa arriesgarse a cambiar de rutina, vencer el temor a que quizá sea mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer,estar dispuestas a asumir una posible equivocación...

Una serie de condicionantes que pueden amedrentarnos y hacernos dar un paso atrás. ¿Por qué enfrentarnos a tantos problemas? Ellas, sin embargo, prefirieron hacerse otra pregunta:“¿Y por qué no?”.Y esta interrogante fue el pistoletazo de salida. Así fue como Valeria se asoció con una amiga para crear una ONG y cumplir el sueño de aportar su granito de arena para cambiar el mundo. 

O como Christine dejó de ser una chica de ciudad, olvidándose de atascos y contaminación en un pequeño paraíso con forma de hotel rural, que ella y su pareja abrieron hace ahora tres años. De igual manera, Karla consiguió hacer realidad el proyecto que rondaba su cabeza desde hacía décadas, el de subirse a un escenario y pintar para cientos de personas; mientras, Analía lograba hacer de nuestro mundo un lugar más sostenible inventando una fábrica de jabón con la que reciclar aceite y Mónica dejaba atrás una vida cómoda con un buen trabajo para poner en marcha su propio restaurante.Han triunfado. Pero empezaron soñando despiertas y, cuando les preguntamos cómo lo lograron, las cinco coinciden en su respuesta: creyendo en esos sueños.

Mónica García

Dejó su puesto en una multinacional para fundar el restaurante Creme Delacreme.

"Estudié Gestión y Administración de Empresas, hice un máster y tenía un buen puesto en una multinacional. Megustaba mi trabajo pero sabía que no eraexactamente lo que quería. Desde pequeña decíaque quería tener mi propio negocio. Por eso, cuandose presentó la ocasión, la aproveché. Me apunté al ERE que iban a hacer en la empresa; pensé que o cogía ese tren o no me iba a lanzar nunca. Cuando se lo dije a mi familia, me miraron como si estuviera loca,pero me apoyaron y creyeron en mí. Sabía que montar un restaurante era complicarme la vida, que trabajaría muchas más horas y fines de semana, pero quería hacerlo. 

Hoy no puedo estar más feliz de aquella decisión. Requiere una dedicación completa, casi de24 horas al día y, aunque no hay día en que no surja unproblema del que creo que no voy a salir, al finalencuentro la solución. Es tan gratificante ver que losclientes se marchan contentos que eso compensatodo lo demás. Cuidamos muchísimo la calidad de losplatos, la decoración y todos los detalles. Y ver que lagente lo valora no se paga con dinero. No volvería a mi vida de antes jamás, aunque falta mucho para que pueda vivir de este negocio”.

Valeria Hiraldo

Estudiante de Ingeniería cofundadora de la ONG Diseño Social EN+.

Soy violista y gracias a la música he viajado mucho. En esos viajes me di cuenta de que cada vez me gustaba menos el mundo que veía. Al principio pensaba que eran los demás los que tenían que cambiar la realidad, pero con el tiempo me planteé por qué no intentarlo yo. Conocí a la diseñadora María Hidalgo y juntas creamos Diseño Social EN+ , hace ya cinco años. La idea era dar con personas que tuvieran una idea con la que solucionar alguna necesidad social y ayudarles a lanzarla.

Ponemos en contacto a diseñadores y ONG,creando proyectos para ellos, y buscamos nuevas plataformas de comunicación con las que huir de la simple protesta para buscar soluciones.Hemos puesto en marcha más de 100 proyectos: Lectura Fácil Euskadi, para acercar la lectura a gente con dificultades, ; Cultural Planet, que da voz a niños de diferentes culturas;Mosquiteras para Angola...Todos tienen algo en común:la idea de que todospodemos aportar un granitode arena al cambio social.Queda mucho camino por recorrer, y yo tengo muchas ganas de recorrerlo”.

Analía Blanco

Ha creado una empresa para recuperar usos tradicionales ecológicos.

Desde pequeña me interesaba el reciclaje.Tras la carreraestudié un máster en Diseñode Producto para el queteníamos que desarrollar lasolución a un problema. Yoinvestigué posibilidadespara reciclar el aceite usado.Dos de cada tres litros setiran por el fregadero, es elresiduo que menos serecicla. Y eso a pesar de queun litro de aceite contamina1.000 litros de agua. Sinembargo, se puede convertiren jabón, como hacíannuestras abuelas. Ya notenemos tiempo, pero penséque si un aparato lo hiciera,resolveríamos el problema.Presenté mi diseño al concurso de diseño James Dyson Award y ganó el galardón nacional. 

Invertí el dinero en patentes, creé el prototipo y abrí una empresa para recuperar tradiciones respetuosas con el medio ambiente y traducirlas a un lenguaje contemporáneo. Lo primero es comercializar Fábrica de Jabón. Hemoslanzado una campaña definanciación colectiva paralos primeros pedidos. Cadapequeño paso es una granlucha, pero merece mucho lapena. Creo que esteproyecto me ha hecho mejorpersona. A lo largo de esta aventura he conocido a mucha gente dispuesta a apoyar desinteresadamente mi idea solo porque creían en un mundo más sostenible,y eso es un regalo”.

Karla Frechilla

Su sueño era pintar con público; y lo hace, en formato performance, por toda España.

Creo que en cada etapa vamos cumpliendo sueños. Cuando empecé a pintar, mi sueño era exponer; lo logré siendo aún una niña; lo siguiente era lograr vivir de esto, que es el sueño de todos los artistas. Pero no dejas de querer más objetivos y yo llevaba muchos años con uno en la cabeza: pintar en directo, ante el público. Para la mayoría de los artistas, la creación es un acto muy intimista, pero a mí me ocurre lo contrario, creo que se crea una atmósfera muy especial cuando tienes una audiencia.Y entonces surgió la oportunidad. 

En la primera performance pinté con caballete y me di cuenta que la gente lo disfrutaría mucho más si no tapaba lo que hacía. Cambié el caballete por metacrilato, que al sertransparente permite vertodo el proceso. Lo utilicé para la Thinking Party que organizó la Fundación Telefónica en El Círculo de Bellas Artes, en los TEDx de Valladolid y Valencia, en el Mulafest, en Actúa Madrid...Me encantaría poder dedicarme casi exclusivamente a ello porque la energía que se respira en ese tipo de espectáculos es muy difícil de encontrar. ¿Si aún tengosueños? Siempre se siguesoñando. Me encantaría que una de mis obras estuviera de forma permanente en un museo, ¡pero para eso aún me quedan 50 o 60 años!”.


Christina Aagesen

Dejó su trabajo en la Oficina de Turismo de Francia para abrir un hotel agrochic.

Vine a Madrid después de vivir muchos años en París y, si entonces me hubieran dicho que iba a acabar viviendo en plena naturaleza y rodeada de animales, no me lo habría creído. Pero entonces conocí a Cándido, mi pareja, y me contagió sus
ganas de cambiar la ciudad por el campo. Él llevaba una doble vida: de lunes a viernes trabajaba en una compañía aérea en Madrid y los fines de semana los pasaba en Navaluenga (Ávila), donde tenía pensado retirarse algún día para dedicarse a sus caballos. Al final, ese proyecto acabó siendo el sueño de los dos... solo que no esperamos a la jubilación. 

Pensamos que quizá podríamos montar un pequeño hotel para trabajar únicamente durante los fines de semana, y tener el resto de los días para dar paseos a caballo, jugar al golf y vivir sin más preocupaciones. Luego, la realidad es que se trabaja mucho más de lo que planeas, pero estoy encantada con mi nueva vida. El Hotelito es un hotel moderno decorado al estilo nórdico, pero en un entorno completamente rural, rodeado de naturaleza. Lo primero que escucho al levantarme son los pájaros. También tenemos gallinas, caballos, conejos, gatos, perros... ¡Hasta un huerto! Siempre me había considerado una chica de ciudad, y de hecho me encantaban Nueva York, Shanghái, Madrid, París... Ahora no cambiaría esto por nada”.