Fundó la mayor agencia de modelos y convirtió la profesión en un negocio. Eligió a las mejores y las hizo millonarias, pero en el camino sembró lealtades y enemigos. A sus 90 años, la entrevistamos en exclusiva.

Eileen Ford ha cumplido 90 años con un humor resueltamente arisco: pone los ojos en blanco ante la idea de la mortalidad, se burla de las preguntas lacrimógenas y cuenta que, durante las sesiones de radioterapia a las que se ha sometido para tratar su tumor cerebral, se divirtió mucho enseñando a los trabajadores del hospital a bailar el jitterbug (un tipo de baile de los años 30). Su severidad no es fría, sino meramente práctica, eficiente. Desdeña las palmaditas en la espalda cargadas de sentimentalismo. Ford quiere y es querida por sus tres hijas, su hijo, sus ocho nietos y sus cuatro biznietos. Dice que son "seres humanos maravillosos" y enumera sus extraordinarias cualidades y logros. Pero Ford, que junto a su marido Jerry, fundó la famosa agencia de modelos en 1946 y ayudó a marcar el inicio de la era de las supermodelos, no es dulce ni tierna.

A lo largo de la historia de esta agencia, Eileen y Jerry (que murió en 2008) representaron a algunas de las modelos más famosas del mundo como Christy Turlington, Jean Shrimpton, Naomi Campbell, Jerry Hall, Kim Basinger, Ali MacGraw, Candice Bergen y Suzy Parker.

Hoy, en el apartamento de su hija Katie en Nueva York, Eileen come un sándwich de crema de cacahuete. Lleva el pelo recogido con gracia y viste una chaqueta ajustada de Escada, una falda de varios tonos de Louis Féraud y pantalones negros. Tiene un aspecto frágil, camina con ayuda de un andador y, según comenta, tendrán que ponerle un segundo audífono.

Vivir en presente

Todos sus hijos estuvieron a su lado durante las sesiones de radioterapia, cuenta con orgullo, haciendo evidente que la familia está muy unida. "Soy pragmática. Si tiene que ser, será. Ya tenía el tumor antes. Me operaron y volvió a crecer. No pueden extraerlo entero". Una vez cada tres semanas le hacen una radiografía para comprobar la progresión del tumor. ¿Le hace esto pensar más en su propia mortalidad? "No, en realidad no pienso en el futuro –se ríe–. Y es bueno que no lo haga. Estaría profundamente decepcionada si me diese cuenta de que estoy equivocada. ¿Qué tiene de bueno pensar en la muerte? Soy Aries. Nunca miro atrás. No pienso en mis propias cosas. Me he pasado toda mi vida adulta pensado en hacer cosas por otras personas y, al final, eso se convierte en un hábito", explica.

"¿Echa de menos a Jerry?", le pregunto. "Estuve casada durante 65 años menos dos meses con el hombre más guapo del mundo. Era tan amable y bueno... Sí, le echo de menos, pero no me hace ningún bien sentarme a pensar en ello y quejarme. Nadie quiere ver eso. Si cuando la gente te pregunta qué tal estás, tú dijeses "Oh, estoy tan triste", no tendrías ni un solo amigo. La depresión no es parte de mi naturaleza. Obviamente, he llorado, pero soy más dada a llorar en una sala de cine. Puedo llegar a llorar viendo una película de Mickey Mouse. ¿Se puede ser más afortunado? El mío fue un matrimonio maravilloso. Teníamos la suerte de trabajar juntos, criamos a nuestros hijos juntos, comíamos con nuestras modelos, que eran como nuestras propias hijas".

Muchas de aquellas modelos –como Naomi Campbell– vivían con ellos en su casa. Me interesa saber si, en su opinión, hoy ya no se cuida de las chicas como se hacía antes. "Francamente, creo que nunca habrá otra como yo. No todo el mundo quiere hacer lo que a mí me gustaba hacer, que era cuidar de ellas, alimentarlas bien, llevarlas al Metropolitan Museum para que asistieran a clases... Era una alegría verlas crecer igual que lo hacían mis propios hijos. Para nosotros, las modelos no eran solo un negocio, era una cuestión de amor, queríamos a aquellas chicas".

Modelos millonarias

Y cuidaban muy bien de ellas. Desde el inicio, Ford creó la semana laboral de cinco días para sus modelos, pagando sus honorarios (menos el 10 por ciento de la comisión de la agencia) cada viernes. Cuando Jerry falleció, el New York Times contó en su obituario que sus primeras modelos famosas, Dorian Leigh y Mary Jane Russell, ganaban 3.500 dólares a la semana en los años 50. Cuando negociaron el contrato de Lauren Hutton con Revlon en 1974 (el primer contrato de una modelo para representar a una marca específica) Ford subió significativamente el listón del sueldo de las modelos. Aquello propició las sumas astronómicas que ganan hoy en día. "Mis ingresos superaron a los de mi padre durante mi primer año como modelo... Y él ganaba bastante dinero", dijo en una ocasión Christy Turlington sobre sus finanzas. Y en 1990, Linda Evangelista pronunció aquella famosa frase sobre ella y la propia Turlington. "No nos levantamos de la cama por menos de 10.000 dólares al día".

Con esas enormes sumas de dinero sobre la mesa, una feroz batalla por las mejores modelos se desencadenó entre las agencias más importantes: Ford, Wilhelmina y la agencia Elite, de John Casablancas. Elite y Ford se convirtieron en rivales particularmente encarnizados. "No dormiré con los dos ojos cerrados mientras esa mujer esté por aquí", dijo Casablancas en una ocasión. "Lo que me asombra es la permanente y omnipresente maldad de Eileen Ford. Es maquiavélica. Es como una serpiente de siete cabezas. Si le cortas seis, aún le quedará una para morderte", añadió. "Ciertamente, nunca fuimos amigos –me confirma Eileen Ford–. Pero ahora está enfermo de cáncer y eso me produce mucha lástima. Tiene mujer e hijos. No le deseo eso a nadie".

Flacas y polémicas

Acerca del tema de la excesiva delgadez de las chicas, le digo que las pasarelas y las revistas son acusadas de fomentar los desórdenes alimenticios. "He leído en algún sitio que una chica está intentando poner en marcha un sindicato de modelos–dice–. ¡He escuchado esa porquería tantas veces! Jamás protegerán a las modelos. No necesitan ese tipo de protección. Carmen [Dell’Orefice, de 80 años, que todavía trabaja como modelo y es amiga íntima de Ford] es un gran ejemplo. Pesa exactamente lo mismo que siempre. Sus medidas son las mismas de toda la vida. Las modelos están hechas así. Yo solía decirles a algunas de las chicas: "Vete y vuelve cuando hayas perdido cinco kilos". Pero la única vez que vi a una modelo convertirse en anoréxica fue cuando viajó a Milán y alguien le aconsejó que tomara agua con gas. Se quedó tan delgada que cuando volvió a casa tuvo que ser ingresada en el hospital”.

"Pero otras modelos han enfermado, han muerto incluso", replico. "La prensa tiene que escribir sobre algo. Cuando ya están cansados de decir lo guapas que son las modelos, empiezan a decir el aspecto horrible que tienen. Yo no estoy educando al mundo. ¿Tengo yo esa responsabilidad? Yo creo que no. Si son tan jóvenes, ¿dónde están su madre y su padre? ¿Por qué papá y mamá no les alimentan apropiadamente? ¿Por qué debería toda una industria asumir la responsabilidad de un trabajo que pertenece a sus padres? Yo crié a mis hijos. Y trabajaba 24 horas al día. Volvía a casa, me aseguraba de que hicieran sus deberes, les daba las buenas noches y salía de nuevo para, quizá, volver a las cuatro de la mañana", argumenta con dureza.

Entonces, ¿las modelos no exhiben una delgadez enfermiza y no la fomentan en otros? "No. En España, por ejemplo, hubo mucho revuelo al respecto. Dijeron que no contratarían a modelos delgadas pero, obviamente, terminaron haciéndolo. ¿Cómo si no van a vender ropa y maquillaje?".

Rica niña mimada

Creció siendo una niña de papá en Long Island. "En lo que a mi padre se refería, el cielo me había enviado. A sus ojos, yo no podía hacer nada mal". Si llegaba una nota de la escuela quejándose de su comportamiento, él culpaba a los profesores. Al principio, quería convertirse en una gran estrella de cine o en la cantante de un grupo "para cantar como Ella Fitzgerald y bailar como Ginger Rogers. No puedo entender como mi talento pasó desapercibido", dice con socarronería. Su madre tenía otros planes. Quería que fuera abogada, pero la vida de Eileen cambió en 1944, cuando empezó a salir con Jerry. Había "conspirado para conocerle" en un baile dos semanas después de haberle visto por casualidad en un conocido bar. "Fue lo que los franceses llaman un "coup de foudre" [flechazo]", dice. Se casaron ese mismo año. A él le esperaba una carrera prometedora en el fútbol profesional, pero mientras se estaban preparando para convertirse en padres por primera vez, Eileen empezó a representar a modelos amigas suyas que había conocido trabajando como asistente de fotografía. Aquella era una profesión incipiente, ni si quiera era todavía un negocio, pero la pareja no cejó en su empeño. En solo dos años, gracias a unos amigos que hipotecaron su casa para ayudarles, Ford se convirtió en la agencia de modelos más exitosa de Estados Unidos.

No había ningún conflicto entre su carrera y la maternidad, dice. "Mi madre trabajaba. Nunca pensé en quedarme en casa y dedicarme a criar hijos. Jamás se me cruzó por la cabeza". Por cómo lo cuenta, parece que el suyo fue un matrimonio perfecto, pero también tuvo sus tensiones. Leí que Jerry había amenazado con dejar la agencia porque ella era demasiado autoritaria. "Él dejó muy claro que si se quedaba, tenía que ser el jefe. Aprendí muy pronto en mi matrimonio que era mejor si estaba callada. De otra manera, no hubiera durado". Le sugiero que probablemente asumir esa represión no sería fácil para una mujer de su carácter... "No lo recuerdo, pero seguramente lo fue. Tengo una memoria maravillosa: elimina todo aquello que no quiero recordar. No estoy segura de que fuera fácil, pero déjame que te diga una cosa: si tu propia vida y tu futuro están en juego, no es tan duro".

Leí también que su marido tuvo un affaire con la modelo Barbara Muller y decido preguntarle, con mucho tacto, sobre el tema. Me responde que jamás habla de ello, que fue hace mucho tiempo. "Tengo hijos y biznietos y no quiero que leen la porquería que algún periódico quiera escribir sobre ese tema". Jamás haría algo semejante, pero redirijo el asunto hacia su duradera relación. "Cuando la gente me pregunta cómo se puede estar casado durante tanto tiempo, yo les digo: "Él tiene que ser Tarzán, tiene que ser King Kong, tiene que ser el jefe. Así es como funciona". De nuevo, la confianza en sí misma y el aura de poder que desprende Ford entran en colisión con esa disposición a la sumisión marital. "No puedo decir que yo no sea fuerte. No sé de cuántas piezas estoy hecha. Yo era madre, ama de casa y mujer de negocios. Era muchas cosas diferentes y todas al mismo tiempo". Cuando los hombres toman buenas decisiones en los negocios, son "genios", dice, si una mujer hace exactamente lo mismo, "es fuerte", suspira. "¿Qué demonios se supone que tienes que hacer cuando has nacido mujer y tienes que dirigir una compañía, ser madre y llevar tres casas a la vez? Yo me ocupaba de todo eso".

Envejecer sin cirugía

Siento curiosidad por saber cómo asimila la edad alguien que ha estado rodeada por mujeres tan hermosas. "¿Si me importa envejecer? Mírate al espejo dentro de 20 años y cuéntame qué piensas tú", dice secamente. "Claro que me importa, pero mientras esté mentalmente alerta y en buenas condiciones físicas, no puedo pedir mucho más... A menos que conozcas un buen cirujano plástico, claro", dice riendo con picardía.

Entonces, "¿nunca se ha sometido a una operación estética?", pregunto. "Lo siento, pero no lo he hecho, porque entonces no tendría esta papada –dice sonriendo–. No es que no quisiera, simplemente nunca me decidí. Hace poco fui a la consulta de un cirujano y me dijo: "A tu edad, necesitarías anestesia general y no creo que sea una buena idea". Si un cirujano plástico es capaz de rechazar tu dinero, debe estar diciendo la verdad".

Un día después de la entrevista, me llama para decirme lo mucho que le molestó mi pregunta sobre el affaire de su marido. Me disculpo, pero le digo que hice la pregunta con mucho tacto. Ninguno de los dos está de humor para dar su brazo a torcer. A continuación, Ford menciona lo mucho que le gusta el reality show 'Judge Judy'. Me pregunta si a mí también. Es uno de mis placeres inconfesables, admito. Se ríe alegremente. Mano de hierro y encanto natural desplegados sin piedad: así es también como Eileen Ford creaba súpermodelos.

Generación Top, modelos en familia

Los grandes nombres de la historia de las pasarelas pasaron por la agencia Ford. "La era de las supermodelos llegó porque nosotros la propiciamos", afirma Eileen. Ganaron mucho dinero con ellas, pero las chicas eran más que un negocio; muchas vivieron en su casa y las trataban como a sus propios hijos: "Naomi Campbell se fue de casa varias veces porque yo no la dejaba fumar. Era muy estricta. Si querían salir, yo debía aprobar con quién, a dónde iban o cuánto tiempo estarían fuera", dice. Igual que una madre les aconseja: "La mayoría de las top son espabiladas mujeres de negocios. Si yo fuera una modelo como Kate Moss o cualquiera de las que están en activo, haría una fortuna y luego lo dejaría. Saldría corriendo", se ríe.

Eterna belleza, delgadas ¿y qué?

Eileen Ford se muestra despectiva con la polémica de los cuerpos excesivamente delgados que exhiben las modelos y "celebrities". Para ella, son como tienen que ser. "Las modelos son tal y como han sido siempre. Echa un vistazo a las fotografías de los años 50 y 60. Sus brazos y piernas son iguales ahora. Lo único diferente son los labios. No sé lo que se están haciendo en la boca", dice riéndose maliciosamente.


The Times Magazine