En la pasarela, la moda se tiñe de sueño. Los diseñadores regresan a un pasado fantástico, un universo de leyendas donde conviven hadas y caballeros, princesas y duendes. 

Medievo imaginario 

Blasones heráldicos, escudos y estética palaciega se filtran en cortes y estampados. Los utilizan jóvenes diseñadoras, como Mary Katrantzou, pero también clásicos como Dolce & Gabbana, capaces de adornar amplios vestidos con estampados que rememoran los trajes de gala artúricos. Esta moda palaciega sacude definitivamente la austeridad de los últimos años.

Diseños que parecen pensados para los fastuosos palacios del excéntrico Luis II de Baviera, como el de Neuschwanstein, o para pasear en el bosque de los Setos Oscuros, en Ballymoney, al norte de Irlanda, donde se ha rodado parte de la serie 'Juego de Tronos', inspiradora de esta tendencia. Elie Saab aplica una rica pedrería. Valentino, con cortes más austeros y medievales, utiliza exquisitos bordados que recuerdan al folclore eslavo. Ambos comparten con otros, como Alexander McQueen, ese toque etéreo, entre princesa y hada.

 

Los cuentos de hadas

Sirven de inspiración, y no solo en su vertiente más gótica. Tras la renovación de lo mágico efectuada por la saga Harry Potter, las capas holgadas, como las de Dolce & Gabbana, se vuelven tendencia. El mito de Diana Cazadora o las leyendas sobre las amazonas se actualizan a través de las americanas de Rodarte, con hebillas a modo de herradura y sandalias con polaina alta.

La fantasía también está presente en colecciones como la de Marco Zanini para Elsa Schiaparelli, cuya inspiración parece centrada en el mundo mágico de Oz. Viktor & Rolf se dejan llevar por su natural extravagancia, proponiendo unas no tan inocentes Caperucitas. Chanel rescata los elegantes pájaros de fuego, aves fénix en diversos colores; y la presencia de Blancanieves se vuelve evidente en Undercover (donde sus modelos portan una tentadora manzana tecno) o los muy pop estampados de ValentinoRED.

 

Espacios de fantasía

Tantas veces propuestos por la arquitectura utópica y palaciega, y por la pintura surrealista, parecen los escenarios naturales destinados a lucir estos diseños. No es difícil imaginarnos con una de las propuestas de Maison Martin Margiela recorriendo la Casa Batlló en Barcelona, o con un modelo de inspiración más bizantina de Dior o Valentino para El Capricho, en Comillas, ambos de Gaudí.

Tampoco jugar a que somos Maria Antonieta paseando por el Hammeau de la Reine (la réplica en miniatura de una pequeña villa francesa construida para sus juegos en los jardines de Versalles), con uno de los amplios modelos de Dior. O llevar uno de los diseños de Anna Sui, o los de tendencia al origami japonés de Hussein Chalayan para Vionnet, en los salones orientalizantes del Royal Pavilion, de Brighton.

Los espacios soñados por pintores como DeChirico, Dalí o Sigfrido Martín Begué, se alían con los diseños en silueta de jarrón de Chanel, o las líneas igualmente evocadoras de un clasicismo casi mitológico, de los trajes de cóctel de Ralph Lauren