No diseñan, pero dicen qué y cómo llevarlo. Son los gurús de marcas y famosos. ¿Aún no les conoces?

Han pasado del backstage de la moda, a la vanguardia de los focos. Su poder es tal, que controlan la alfombra roja de Hollywood, dirigen las revistas más influyentes y hasta deciden los destinos de las marcas. Por si alguien no se había dado cuenta, en estos momentos los estilistas no solo dictan las tendencias, ellos son tendencia.

Sabemos sus nombres, los de sus clientes, los lugares que les gusta frecuentar y hasta su marca de zapatos favorita. Figuran en lo más alto del 'staff' de las revistas de moda y las marcas –algo acobardadas para fichar a talentos creativos que puedan irse por los cerros de Úbeda–, han acabado por preferirles a ellos –pendientes de la calle y conocedores del mercado– como directores creativos, consultores o colaboradores. No diseñan pero saben cómo, cuándo y por qué. ¿Cómo comenzó esta fiebre?

Probablemente fue con Patricia Field, la mano que mecía los armarios de Sarah Jessica Parker y del resto de las chicas de la serie 'Sexo en Nueva York'. Gracias a ella se popularizaron los 'manolos', los 'louboutin' o los diseños de Vivianne Westwood y logró que trascendiera cierto espíritu de libertad a la hora de expresarse con la ropa: ella dio vía libre a la mezcla con sentido y sensibilidad. A partir de entonces se rompieron códigos de cómo debían construirse los 'looks' y se pasó a la exhibición de la propia personalidad. O, mejor dicho, el estilismo como marca de una supuesta personalidad.

Con el tiempo, otros productos televisivos siguieron marcando tendencia, como 'Mad Men', que impuso globalmente la tendencia de los 50; o 'Gossip Girl' y su estilo 'lady'bohemio. Y mientras todo esto sucedía, 'fashionistas' adolescentes convertidos en entregados 'bloggers' comenzaron a diseccionar los editoriales de moda de las revistas y a ponerle nombre y apellido a sus fantasías estilísticas. Así, los 'connaisseurs', los auténticos 'insiders' de la moda, pudieron distinguirse, no ya por reconocer el estilo particular de un fotógrafo, sino por admirar la personalidad de uno u otro estilista, como Emmanuel Alt (cuando aún no había relevado a Carine Roitfeld en la dirección de Vogue París), George Cortina, Charlotte Stockdale, Tina Chai, Nicola Formichetti, Camille Bidault-Waddington y tantos otros.

ALFOMBRA ROJA

Sin embargo, ha sido la retransmisión de la alfombra roja de distintos premios, desde los Oscar a la MTV, la que ha elevado a la máxima popularidad a estos expertos. "Ese es su reino", confirma Álex Carrasco, redactor jefe de V Magazine Spain, profesor adjunto del departamento de moda del Instituto Europeo de Diseño y de la Escuela Superior de Moda y Empresa. "Y no solo porque vistan a las famosas que hacen el paseíllo, sino porque los mismos consejeros de moda se han convertido en objetivo de los 'paparazzi', conscientes de su poder e influencia". Es el caso Rachel Zoe o Carine Roitfeld. De la primera se dice que impone una dictadura de estilo entre sus famosas clientas (Nicole Richie, Linsday Lohan, Mischa Barton, Keira Knightly...) y, si no cumplen, las expulsa de su selecto club. De la otra se recuerda el despido fulminante de la dirección de la edición francesa de Vogue tras tener la poco afortunada idea de vestir a niñas con sofisticados y sexuales estilismos.

Arriesgarse para asegurarse la atención del público, eso es lo importante. Si hace 10 años el vestido-cisne de Björk hizo correr ríos de tinta o nos asombrábamos del estrambótico y gótico estilo de Helena Bonham-Carter, hoy es necesario enfundarse un traje a base de 'filetes', como hizo Lady Gaga y la pirueta no tiene fin. Detrás de semejante ocurrencia está Nicola Formichetti, que convierte las apariciones de la artista en todo un espectáculo, hasta el punto de que cada uno de sus disfraces, personajes o encarnaciones eclipsa la actuación musical en sí. Formichetti juega en todos los campos: tiene a su 'celebrity' de cabecera, es una estrella en el mundo editorial y, además, es director creativo de Mugler. He aquí el epítome del estilista estrella. Otro que no le va a la zaga es el argentino Sebastian Kaufmann, que figura en la pequeña elite que trabaja en los circuitos internacionales, con fotógrafos de primera fila y para las mejores publicaciones. Un grupo que no llega a 50 profesionales que han logrado una posición dominante en el negocio. "Nosotros somos los que ahora tenemos la relación directa con los anunciantes del medio que encarga el trabajo y, por ende, también el control económico, lo que delimita la creatividad del fotógrafo. Además, nuestras propuestas influyen en las preferencias del consumo masivo", explica Kaufmann.

LOS FANS

En España se reparten el pastel alrededor de un centenar. Imposible calcular los que trabajan al servicio de firmas o de clientes particulares. A su alrededor pululan multitud de asistentes que realizan el fastidioso trabajo no creativo. Con suerte, irán a las presentaciones de las firmas que no interesan al estilista jefe. Pero ese no es, en ningún caso, el día a día de Kaufmann y al que aspiran los jóvenes enamorados de la moda hoy en día: una vida de 'glamour' que discurre entre aeropuertos, localizaciones y eventos internacionales. Lo que los estudiantes no imaginan es la formación cultural y visual, además de cierta educación de la sensibilidad a la hora de percibir y construir armonías de colores, volúmenes y texturas, que se necesita para alcanzar el primer nivel en una profesión extremadamente competitiva. Kaufmann es licenciado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, además de graduado en Periodismo de Moda en la prestigiosa escuela Central St. Martins de Londres. "Cuando llegan, lo normal es que no tengan una idea clara de lo que es la profesión", admite Gemma G. del Álamo, tutora de Estilismo en el Grado de Diseño, Especialidad Diseño de Moda, en el Instituto Europeo de Diseño de Madrid y 'freelance' en esta disciplina. "Se creen que es más fácil de lo que, en el fondo, es. En general, son simplemente chicos a los que les interesa la moda, pero como compradores. Se acercan desde una perspectiva del consumo y lo que pretendemos aquí es ampliarla, formarles en una cultura estética y proporcionarles una visión general del negocio. No es una salida fácil. Aguantan los mejores, los más preparados psicológicamente, los que son mejores relaciones públicas... Tienes que creer mucho en ti".

Preguntado por un diagnóstico de esta demanda y por cuál será su impacto en la industria, Álex Carrasco se muestra radical: "Hemos mutilado a la moda de su parte más ideológica, provocativa y cultural, dejando una fachada tras la cual no hay nada más que el gusto de la estética por la estética. El 'fashion business' vive en un bucle continuo, donde todo se ha hecho ya y todo se lleva. La única novedad, si es que se le puede llamar así, reside en el estilismo". ¿Estamos, entonces, ante la última vuelta de tuerca del negocio de la moda? ¿Qué será lo siguienter? Carrasco es pesimista: "Con Amy Winehouse murió la última estrella con un concepto realmente independiente, genuino, espontáneo y rompedor. ¿El resto? Puro estilismo enlatado o dramatizado, al gusto de la 'celebrity' –fugaz– de turno".


LOS ESTILISTAS ESTRELLA 

  • Nicola Formichett. Hijo de una azafata japonesa y de un piloto italiano, llegó a Londres para estudiar Arquitectura, pero optó por trabajar en una tienda de moda, donde llegó a director de compras. Fue la editora de moda Kathy England quien le dio su primera oportunidad para 'Dazed and Confused', donde pronto se hizo con el puesto de director creativo. Ha trabajado en prácticamente todas las revistas y con todos los fotógrafos, y ha asesorado a marcas como Alexander McQueen, Prada, D&G, Missoni, Adidas, Nike, Levi’s o Custo. Suyos son los imposibles estilismos de Lady Gaga
  • Grace Coddington. Su aparición en el documental 'The September Issue', que contaba la historia de como se hacía un número de la edición americana de Vogue, la catapultó directamente del Olimpo de los 'fashionistas' al reconocimiento general. Si Anna Wintour, directora de la publicación, y su jefa inmediata, es el lado oscuro de la fuerza, ella representa todo lo contrario: la luz del genio, la creatividad, el talento y el amor por la moda. Random House le ha pagado 1,2 millones de dólares por escribir sus fascinantes memorias.

  • Carine Roitfeld. A la cabeza de Vogue Francia durante mucho tiempo (salió por culpa del escándalo de las Lolitas) definió el nuevo estilo francés, emparentado con la estética 'sexy' del rock&roll. Al inicio de su carrera, esta exmodelo encontró su media naranja creativa en Mario Testino, con el que despegó en campañas de publicidad y editoriales de moda. Pronto se encontró asesorando a Tom Ford, primero en Gucci y luego en Yves Saint Laurent. Calvin Klein solicitó sus servicios y ahora trabaja para Fabergé, Chanel o los almacenes Barney´s
  • Joe Mckenna. Por trayectoria y por inspiración es el único que puede medirse con Roitfeld y Coddington. La carrera de este escocés comenzó a despegar en 1986, cuando viajó a la ciudad de Nueva York para trabajar con las revistas Rolling Stone y Vanity Fair. Junto al fotógrafo Bruce Weber, logró imágenes para Calvin Klein que han influido en toda una generación. En 1992 y 1998 publicó los dos números de 'Joe’s', una revista de moda que se ha convertido en leyenda. Hoy es consultor y ejerce en grandes campañas, como la de Versace para H&M o Uniqlo. 
  • Kate Young. Viste a las actrices más 'glamourosas' de la alfombra roja: Selma Blair, Michelle Williams, Rachel Weisz... En su día fue asistente personal de la todopoderosa Anne Wintour, esta neoyorquina ha confesado que su paso por Vogue la convenció para ser estilista y no periodista. Editora de moda en Interview, madre de dos niños y siempre oxigenada, ha sido consultora para Armani, colabora con Jason Wu y ha diseñado una línea de zapatos con Portman llamada Tecasan. Además, tiene su propia línea de punto: Cardigan.
  • Rachel Zoe. Licenciada en Sociología y Psicología por la Universidad de Washington, es la más solicitada de Los Ángeles, la ciudad que mejor se adapta a su estilo efectista y efectivo. Antes lo intentó en Nueva York, vistiendo a Britney Spears y Jessica Simpson, entre otros, pero la Gran Manzana no entendió su 'modus operandi', más cercano al marketing que a la creación. Su golpe de suerte vino en 2004, cuando cayó en sus manos Nicole Richie. Ha tenido su propio programa de televisión, escrito libros y posee incluso su propia línea de ropa.

  • Katie Grand. Acaba de recibir el premio Isabella Blow a la creadora de moda del año en los Bristish Fashion Awards, un reconocimiento a su talento para fabricar imágenes inesperadas y a su agenda, donde figuran todos los que son y serán en la vida social británica. Graduada en Central St. Martins, se encargó de los estilismos de pasarela de Prada, Miu Miu, Louis Vuitton o Proenza Schouler, y ha asesorado a Bottega Veneta, Loewe, Gucci, Fendi, Ungaro o Mulberry. Es la mujer de confianza de Marc Jacobs: por algo será.
  • Petra Flannery. Sin duda, la estilista más poderosa de Hollywood, después de Rachel Zoe y Kate Young. Ella es la responsable del 'look' que lucen jóvenes e incipientes estrellas, como Mila Kunis, Megan Fox o Emma Stone. No suele prodigarse en campañas de publicidad, consultoría o editoriales, aunque ha trabajado para Harper’s Bazaar, InStyle, Interview o Elle con Mert and Marcus o Jean-Baptiste Mondino. Nacida en san Francisco, cultiva un estilo cien por cien 'made in' Los Ángeles: sofisticación elevada a la máxima potencia.

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