Las celebrities ya no se conforman con ser la imagen de las firmas de moda.ahora también diseñan, pero... ¿es legítimo este "intrusismo"?

Era cuestión de tiempo. Y de lógica. Cuando dos sistemas establecen tan fecundos lazos, es de esperar que uno se haga con los modos, herramientas y procesos del otro. Hablamos del star system y la moda, una pareja mejor avenida que Fred Astaire y Ginger Rogers. Que Merkel y Sarkozy. Que Peter Parker y Mary Jane. Donde hay estrellas están las marcas, y viceversa: la alfombra roja y los desfiles de París, Milán, Nueva York y Londres son el escenario de su idilio. El trasvase entre ambos mundos ha llegado a tal punto que hoy tiene más trascendencia mediática el nombre del diseñador que firma el vestido de la candidata que la película, que puede hacerle ganar el premio.

Las cosas, sin embargo, están cambiando. Soplan vientos de revolución, aunque más bien se trata de la crónica de una emancipación anunciada. Las celebrities son cada vez más conscientes de que son una empresa en sí mismas y eso dificulta las maniobras comerciales de las marcas, que han pasado de utilizarlas a tenerlas en la competencia. La lista de famosas que firman sus líneas para marcas establecidas sigue siendo interminable. Sin embargo, se consolidan peligrosamente las aventuras creativas de otras que le disputan a los diseñadores "titulados" la pasarela, los premios, las buenas críticas, el público y el dinero.

Gwen Stefani fue una de las primeras en triunfar comercialmente con L.A.M.B. (2004), presente en la Semana de la Moda de Nueva York, y con una facturación superior a los 100 millones de dólares en sus cuatro primeros años de vida. Jennifer Lopez, cabeza pensante de JLO, Sweetface y Justsweet (2001) fue galardonada en 2006 con un Premio ACE a la Excelencia en el diseño de accesorios. Ashley and Mary-Kate Olsen despegaron en 2009 con las buenas críticas para The Row y Elizabeth and James, las dos marcas que crearon en 2006. Ambas se llevaron el Premio al Nuevo Talento 2011 en los premios del Council of Fashion Designers of America (CFDA), los llamados Oscar de la moda. Sus empresas facturan más de 40 millones de dólares al año.

Beyoncé, su marido Jay Z y el rapero Sean Combs también hacen cajas millonarias con sus marcas. En el lado oscuro de los descalabros, que también los hay, uno muy sonado: el de Sarah Jessica Parker, que en 2008 cerró su marca, Bitten, por bancarrota.

Disputa creativa

Si el intrusismo no es, como vemos, nuevo, ¿qué ha pasado este año para que haga correr ríos de tinta? El detonante tiene nombres propios: Victoria Beckham y su protagonismo en la última New York Fashion Week; y el rapero Kanye West. La primera lleva ocho temporadas presentando colecciones, pero las alabanzas de la crítica y el favor de las estrellas ha pasado de tímido a estruendoso en el último año. La demanda de sus piezas es tal, que acaba de lanzar una línea más accesible para que su visión del 'ladylike' llegue a todos los rincones posibles. Lo del músico es aún más controvertido: se ha colado en la sacrosanta Semana de la moda de París, donde se guardan las esencias de la creación de moda mundial.

Desde cierta indiferencia, pero tirando piedras sobre un molino que ella misma ha hecho girar recurriendo a celebrities una y otra vez, Donatella Versace defendía así el hecho diferencial que asiste a sus creaciones: "Las estrellas pueden diseñar elegantes colecciones para sus fanáticos, pero algunas son para una moda más barata propia de mercados masivos. No creo que haya creatividad ahí".

El debate es, igual que los límites de la creación, resbaladizo: los diseñadores llevan años citándose a sí mismos y a la herencia de las marcas para las que diseñan, en un "impasse" autoreferencial que ha desterrado, con excepciones, la originalidad de las pasarelas. ¿Puede su propia trayectoria legitimarles como defensores de la pureza creativa? ¿Explicaría esta cerrazón, rota ahora solamente por la fuerza de las celebrities, la ausencia de nuevos nombres en el influyente negocio de la moda? Si los diseñadores pueden reclamar el público de las estrellas "comprándolas" para sus marcas, ¿por qué no pueden las estrellas "comprar" su sitio en los desfiles? En un mundo en el que la ley del mercado se ha impuesto en todos los aspectos de la vida, parece una ingenuidad defender la creación como un valor que puede sobreponerse al dinero, a la oferta y la demanda. Claro que esta es solo la dura y cruda realidad y lo otro la expresión, quizá políticamente incorrecta, de un bonito deseo.

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