Laura Sánchez y Jon Kortajarena cuentan su vida mientras se toman una cerveza

  • Ella es cinco años mayor que él, lo cual en el meteórico mundo de la moda significa toda una generación de distancia. Pero lo cierto es que los dos se ríen con los mismos chistes. «Entre ellos hay química», confirman entusiasmados los productores de un anuncio de cerveza que ha convertido en pareja artística a los 'tops' Laura Sánchez y Jon Kortajarena.

No voy a negaros, aunque supongo que alguna ya os habréis dado cuenta, que yo me enrollo como las persianas… Pero lo cierto es no me cuesta demasiado conocer a través de las palabras de la top cómo es la vida de una joven modelo en plena efervescencia de una prometedora carrera.

Con tan sólo 11 años empezó a hacer sus pinitos en el mundo de la moda, pero no fue hasta los 17 cuando comenzó a viajar profesionalmente fuera de nuestras fronteras. Rebasa por poco la veintena y ya ha desfilado en las mejores pasarelas del mundo y lleva a sus espaldas cientos de miles de kilómetros. Me sorprende lo claro que tiene todo, lo bien amueblada que tiene la cabeza. No entiendo cómo, con un éxito tan rotundo como el que lleva ya tiempo cosechando dentro y fuera de nuestras fronteras, sigue con los pies pegados al suelo. “Es muy complicado, sí. Yo he tenido la suerte de tener a mi madre siempre encima, cuidándome, llamándome en todo momento. Es imprescindible el apoyo de la familia”

Ahora Marina ha fijado su residencia en París porque, aunque tenía un piso en Madrid, lo he alquilado. No estaba aquí ni dos días seguidos. La semana pasada estaba en Nueva York desfilando y mañana se va a Chicago. Con tanta ida y venida, supongo que será difícil, por ejemplo, tener pareja estable. Esta morena de voz dulce y piernas tan kilométricas como delgadas me lo confirma. Llevaba dos años viviendo con mi novio, pero él al final no pudo soportarlo. Se hartan porque, a mejor en dos meses nos veíamos dos veces. No le culpo, pero si quiero llegar alto sé que mi vida, por lo menos ahora, tiene que ser así. Un día estaba echándome la siesta y él me cogió un recado. A primera hora del día siguiente me tenía que ir a Tokio para dos meses… es muy complicado para la otra parte, yo lo entiendo.

No sé por qué, pero siempre he tenido la impresión de que en los entresijos de este mundillo, las modelos no debían tener muy buen rollo entre ellas. Envidias, rencillas, favoritismos, favores… Sin embargo parece ser que no. “Para nada, de verdad. Somos como una gran familia. Como estamos todo el día viajando, cuando estamos juntos es genial. Son como mis hermanas, son muchos días juntas, muchas cosas…”. ¿Y el enchufismo? ¿Cómo funciona aquí? “Es lo peor, no te imaginas lo que fastidia ver cómo alguien consigue algo que tú te mereces porque su tío, su primo o vete a saber quién hace una llamada de teléfono. De todas formas, ser modelo es muy duro. Admiro a las chicas que hacen todo lo que pueden por estar en lo más alto por sus propios méritos. Antes era todo mucho más belleza, más moda, más profesional. Ahora es mucho interés externo, mucha celebrity. Lo que hay que hacer es luchar y tener lo que una se merece por su esfuerzo.”

En ese momento, Goya Toledo y Cuca Solana (Directora de Cibeles), anuncian la mención especial que este año se concede, por primera vez a un modelo masculino a Jon, mi Jon, Kortajarena. Esta tarde he bajado las escaleras mecánicas con él y aun no me he recuperado de la impresión. Miguel y Pablo, nuestros fotógrafos, dicen que tiene una voz y una risa ridícula, pero es mentira. No puedo evitar comentarle a mi compañera de grada que no sé cómo pueden concentrarse en el trabajo con alguien como él al lado. Se echa a reír “es súper colega, es un cielo”. Eso no hacía falta que me lo dijera…

Si yo, después de doce horas en Cibeles termino destrozada cuando llego a casa, supongo que lo suyo, con tanto cambio de look, tanto paseo, tanta pose continua, debe ser mortal. Según me cuenta su rutina en un día de pasarela como los que estamos viviendo, me hundo más y más en mi asiento y noto como las piernas me pesan mucho… “Si desfilo a primera hora, hay que estar aquí a las 8, así que a las 7 en pie. Desayuno en el hotel en el que vivimos todas, nos preparamos y nos traen. Castings para los modistos, sesión de maquillaje, peluquería, pruebas de vestuario y a desfilar. Después, entre pase y pase, tenemos fittings, nos podemos dar masajes en una sala que tenemos en el backstage para las modelos, comemos si podemos…Y así hasta las diez y media o las once de la noche que salgo de aquí.”

Me intriga mucho cómo se cuidan, el tipo de dieta que llevan, más viendo el cuerpo esquelético que tienen muchas de ellas… Marina no entra aquí mucho al trapo, simplemente me comenta que sólo se trata de llevar una alimentación sana y cuidada y de hacer ejercicio, aunque lo de apuntarse a un gimnasio es imposible. No vivo el tiempo suficiente en el mismo sitio como para que no sea tirar el dinero”. Sin saberlo, o sí, me lo acaba de dejar en el sitio que yo quería para preguntarle por el fantasma de la anorexia que tanto persigue a las modelos “es un tema muy chungo, pero no podemos olvidar que las modelos somos maniquíes, no somos mujeres de la calle, y tenemos que estar delgadas. No se nos tiene que ver a nosotras, sino la ropa que lucimos”. En cuanto al tema del Índice de Masa Corporal que se mide antes de comenzar las jornadas de pasarela Cibeles, Marina asegura que “La mayoría hemos alcanzado el mínimo, 18, pero algunas han tenido muy mala suerte porque han dado 17,6 o 17,8 y la doctora es muy tajante: si no se llegaba al mínimo, fuera”.

Antes de despedirnos al término de dos desfiles que casi ni hemos visto por estar hablando sin parar (¡tengo una hora de conversación grabada!), nos intercambiamos los teléfonos por si alguna vez necesitas algo. Al apuntar Marina en su BlackBerry mi número veo el de Jon… Me muero de envidia.