Blanco integral, tejidos vaporosos, formas desdibujadas, ropas fluidas, encajes, ganchillos, volantes… Las corrientes de moda que llegaron desde las Islas Pitiusas a comienzos de los años 70 no han abandonado las pasarelas desde entonces, y cada día se reinventan con más fuerza.

En 1971 la yugoslava que hacía llamarse princesa Smilja Mihailovitch descubrió la moda Adlib en la isla de Ibiza. Quedó tan cautivada por la libertad de formas que permitía, que aprovechó el boom que estaba viviendo el movimiento hippie para asociar ambas filosofías y llevarlas más allá de las azules aguas mediterráneas que bañan la isla.

La moda Adlib nace y crece con la intención de que la mujer adquiera una conciencia real de su propio cuerpo, que sea capaz de vestir según su verdadero gusto, lejos de las estrechas normas impuestas por los creadores.

De esta filosofía de libertad proviene su nombre, derivado de la expresión latina Ad Libitum, que en términos musicales se traduce como “a placer”. Porque la corriente Adlib tiene sentido sólo si lleva hacia la libertad, si se entiende sin normas, sin dictados, sin imposiciones.

Sin embargo, esto nunca ha significado la ausencia del buen gusto a la hora de vestirse. “Viste como quieras, pero con gusto”, fue el lema que se creó asociado a esta tendencia revolucionaria en el vestir.

Por ello, multitud de creadores han tomado esta corriente como base de sus colecciones, en un proceso de reinvención continua de sus formas y tejidos, y lo más nutrido de la jet – set y las famosas más glamorosas han paseado por medio mundo vestidas del blanco impoluto insignia de la moda Adlib.