CAMBOYA-GENOCIDIO Una superviviente describe el "infierno" de los jemeres rojos en sus memorias

  • CAMBOYA-GENOCIDIO Una superviviente describe el "infierno" de los jemeres rojos en sus memorias

Barcelona, 27 nov (EFE).- "Todos los días sigo pensando en ello. Cada noche durante los primeros 20 años tuve pesadillas atroces. Me levantaba de la cama llorando, gritando, revivía constantemente ese infierno", explica a Efe Denise Affonço, superviviente del genocidio perpetrado por los jemeres rojos en Camboya entre 1975 y 1979."El infierno de los jemeres rojos" (Libros del Asteroide) es el título de las memorias de Affonço, recién publicadas en España.En 249 páginas, Affonço relata en primera persona el calvario que le tocó vivir durante los cuatro años que los jemeres rojos, con la connivencia de la China comunista, pretendieron llevar a la práctica su utopía agraria, que implicaba evacuar completamente las ciudades y deportar a su población a los depauperados arrozales del país.Nacida en 1944 en Phnom Pehn, la capital camboyana, fruto del mestizaje entre su padre francés y su madre vietnamita, criada en el seno de una familia acomodada, Affonço vio desmoronarse de repente su vida y la de los suyos.Durante el régimen del despótico Lon Nol, fiel aliado de EEUU, trabajaba como secretaria en la embajada francesa, un empleo que le permitía gozar de ciertos privilegios, hasta que los guerrilleros jemeres asaltaron la capital y se hicieron con el control del país.Una enfervorizada multitud salió a recibirles como redentores -"¡Vivan los soldados revolucionarios!", se oía gritar por doquier-, sin imaginarse los planes de esos fanatizados agricultores en armas.Pocos días antes, las autoridades francesas brindaron a Affonço la posibilidad de evacuarla junto a sus dos hijos, pero su marido, de origen chino, de convicciones comunistas y una ingenuidad letal, abortó la operación, persuadido de que no había nada que temer.Los nuevos dueños de Camboya no tardaron ni 24 horas en superar los peores augurios: recorrieron calle por calle la ciudad para dar la orden a toda la población de recoger sus enseres y abandonar la capital urgentemente en dirección a un destino desconocido.Affonço y su familia les hicieron caso y partieron penosamente hacia el sur; "quienes se negaron a dejar su casa fueron acusados de traición y asesinados allí mismo", cuenta en una entrevista con Efe.Los enloquecidos esquemas de los jemeres rojos preveían deportar a la población urbana, supuestamente corrompida por los valores burgueses, hacia el campo, para ser reeducada a base de trabajo manual en cenagales, al lado de campesinos pobres.Era sólo el principio de la pesadilla de Affonço, que en los siguientes cuatro años pasó por media docena de campos de trabajo forzado, condenada a cultivar arroz de sol a sol en condiciones infrahumanas, sin apenas comida, esclavizada junto a sus hijos y enviudada (a su marido, comunista hasta la médula, lo ejecutaron fruto de la sanguinaria arbitrariedad del nuevo régimen de Pol Pot).Los jemeres rojos soñaban con eliminar a todo aquel manchado por el pasado burgués, infectado con ideas capitalistas o imperialistas, porque su exterminio se suponía que iba a facilitar la construcción de una nueva sociedad pura, agraria, igualitaria.El dinero fue abolido, el Partido se había adueñado de todo, la propiedad privada era un crimen, saber idiomas extranjeros te hacía ser sospechoso de espía al servicio de agencias de inteligencia enemigas, llevar gafas quedó prohibido porque era un signo de pertenencia a la denostada clase intelectual.Su hija Jeannie no pudo soportar la tortura del hambre y murió; tenía ocho años: "Aún hoy es lo que más dolor me sigue provocando. Justo antes de morir me pidió un cuenco con arroz y no pude dárselo. Toda mi vida me sentiré culpable por no haber podido hacer nada para salvarla", rememora."¿Cómo pude yo sobrevivir a ese infierno? Gracias a mi fuerza moral y la cólera que sentía. Físicamente estaba destruida, pero me resistía a que también mentalmente cayese vencida. Nunca perdí la esperanza de que alguien vendría a salvarnos. Y, en 1979, llegaron los vietnamitas. Los jemeres rojos huyeron", señala.Antes de ser repatriada a Francia, donde pudo rehacer su vida junto a su hijo Jean-Jacques, los vietnamitas la animaron a escribir sus vivencias: esas cien páginas manuscritas han servido como base para sus memorias, escritas un cuarto de siglo más tarde que le han servido de "terapia" para sus pesadillas. EFErm/sr/ero|K:SOC:SOCIEDAD-SALUD,SOLIDARIDAD-DERECHOS||Q:POL:es:11007000:Política:Derechos humanos||P:ESP|11/27/10-20/10TELETIPOS_CORREO:SOC,%%%,%%%,%%%