¡Adiós, bailarina flamenca!

Una cree que lo sabe todo. Que denomina la inteligencia emocional para ser atractiva y misteriosa para un señor casi desconocido que intenta un acercamiento a través del Whatsapp, esa aplicación de mensajes gratuitos. Pero no, hay una profunda ignorancia en nuestra intuición femenina sobre cómo manejar esta herramienta a nuestro favor.

Lo primero son los tiempos. Nunca puedes parecer entregada. Hay que hacerse querer. Para ello nunca debemos contestar el primer mensaje con entusiasmo y urgencia. Si hay que esconder el teléfono en un cajón para evitar contestar, se hace. 24 horas más tarde puedes dar alguna señal de vida, pero lánguidamente y con monosílabos. Nunca hay que revelar nuestros planes, nunca estar del todo dispuesta, nunca dar muchas explicaciones. Si la otra parte las da, ignóralas y contesta de modo neutro.

Mantener ese tono en Whatsapp es complicado y merece un entrenamiento de contención y economía de emoticonos. Hay que aprender a administrar las trampas que nos pone esta herramienta en forma de caritas, sonrisitas, aplausos y copas de champán.

Piensa, querida lectora, que ni siquiera podemos asegurar que los emoticonos a los que les sale una gota de la cabeza, están llorando o sudando. E
s decir, no podemos fiarnos de su significado. Así que hay que usarlos con discreción o pecaremos de demostrar exceso de entusiasmo. Y eso, en los inicios de un romance, se paga caro. Sobre todo sufre una tendencia a la huida inminente.

Toda esta sabiduría la he encontrado en una mente masculina iluminada que me ha explicado los errores que cometemos las mujeres con nuestros candidatos on line a amantes. Según este experto, las mujeres nos mostramos demasiado abiertas si nos gusta alguien, cuando deberíamos comportarnos de forma distante y misteriosa. “Hacernos las difíciles”, que diría mi madre. En lugar de eso, desplegamos emoticonos de sonrisas, carcajadas, jarras de cerveza y abrazos. ¡Desplegamos incluso a la bailarina flamenca! Lo que interpreta el otro ante este despliegue es que estamos libres, incluso un poco desesperadas, y dispuestas a chupar banquillo. 

Y se trata de todo lo contrario: hay que mostrarse encantadora, pero inaccesible; atractiva, pero misteriosa; guapa, pero borde. Muy borde. Esto es –según mi experto de cabecera– lo que les hace sentir que están ante una pieza valiosa que pueden perder en cualquier momento. Tal vez sepas cómo hacerlo en el mundo analógico, pero en el de los chats digitales se logra con el manejo sabio de un término prácticamente neutral: “Guay”. Así, sin emoticonos ni signos de exclamación, sin dar pistas sobre tu vehemencia ni tu estado emocional.

Dice mi gurú que cuando el interés de la otra parte no está claramente demostrado, debemos contestar a cualquier requerimiento por Whatsapp 24 horas después y con un “guay”. ¿Qué tiene muchos planes y no puede quedar como te había dicho? Una contesta un día después: “Guay”. ¿Que le ha dado mucha pena irse de una fiesta mientras estabas en el baño, pero le ha hecho muchísima ilusión verte? Esperas 24 horas y envías un témpano de hielo por respuesta: “Guay”.

Así mantendremos distancia y categoría y crearemos un halo de misterio a nuestro alrededor mucho más atractivo que la llaneza de pueblo que mostramos cuando mandamos dos veces el emoticono de la bailarina flamenca.