Un amor entre la vida y la muerte

Hans y Eva Rausing

  • Hans y Eva Rausling eran muy ricos y podían haber sido muy felices. Pero las drogas se apropiaron de sus vidas y escribieron otro final.

La triste historia de Hans y Eva Rausing promueve a la reflexión acerca de si el poder económico asegura o no tener fortuna en otros aspectos de la vida. Sentirse a gusto y soportar las frustraciones que toda existencia conlleva, junto con los placeres que se pueden conseguir, no depende de la cuenta bancaria, sino de cómo se maneje la economía emocional, que nos hace sentir que tenemos un lugar propio en el mundo. Un lugar valioso, insustituible, desde el que el deseo de vida nos enlaza a otros con los que intercambiamos venturas y desventuras, afectos, trabajo y placer. Un lugar que el adicto no encuentra, empujado por una pulsión de muerte que le esclaviza y acaba con él como ser humano, quizá antes de que su cuerpo fallezca.

Hans Kristian y Eva Krausing eran una de las parejas más ricas del mundo. Pero, atrapados por las drogas desde su juventud, mostraron al mundo su miseria vital. Eva, de 48 años, llevaba muerta varias semanas cuando su cadáver fue encontrado, el pasado mes de julio, en su lujosa casa de Londres. Y Hans estaba casi tan muerto como ella cuando lo detuvo la policía. Conducía bajo los efectos de las drogas. ¿Fue una forma de buscar que alguien pudiera detenerle y ayudarle así a desprenderse de un cadáver del que él solo no podía hacerse cargo?

En el juicio por no haber enterrado a su esposa, Hans declaró que quizá su actitud sonara egoísta, pero que no quería dejarla marchar. Es probable que por ello no pudiera hacerse cargo de enterrarla y buscara, saliendo a conducir drogado, una forma de que alguien se ocupara de ambos. Ya en 2008, Eva fue detenida al intentar introducir cocaína en la Embajada de EE.UU. en Londres. Sus abogados la libraron de la cárcel a cambio de que entraran en un centro de rehabilitación. ¿Otro intento inconsciente de que alguien la ayudara?

Esta sordidez hace suponer el infierno en el que esta pareja vivía
desde hacía mucho tiempo. Hans y Eva se complementaban. Él era tímido y callado. A ella, una amiga la describe como la fuerza motriz de la pareja. Como “dulce, encantadora e infantil, pero brillante y muy dedicada a la causa” la describe lord Mancorft, antiguo presidente de Mentor, una organización que se dedica a proteger a los niños del alcohol y las drogas. Los Rausing colaboraban en varias organizaciones que ayudaban a adictos. Ambos sabían de los estragos que producen las drogas, lo vivían en carne propia, pero no pudieron encontrar esa ayuda para ellos mismos. Eric Carlin, director de Mentor, le dijo un día a Eva: “Estamos de acuerdo en que las drogas son malas”. “No, a mí me encantan, ese es el problema”, contestó ella. Esta frase apunta a la razón por la que las drogas no se dejan y actúan como un amo que somete a quien las consume. El adicto tiene pasión por la droga, porque lo aleja de las diferencias y dificultades que tiene con los demás, le hace suponer que tiene todo resuelto, le infantiliza y le resuelve cualquier tipo de tensión, le adormece y mata su deseo de ser responsable de su vida. Le conduce a un nirvana que le aleja de la posibilidad de sentir placer para sumergirle en una gozosa anestesia mortífera.

Una vida pobre. Hans y Eva se identificaban en su adicción a las drogas. Hijos de familias ricas, eran muy pobres en recursos psíquicos que les ayudaran a encontrar su lugar en el mundo, un lugar donde el deseo de vivir y mantener lo que tenían en común les sirviera para construir algo propio. Lo intentaron. Tuvieron cuatro hijos que ahora cuentan entre 11 y 17 años (y que tendrán que elaborar la difícil herencia psicológica de sus padres), pero su adicción les convirtió en esclavos de la droga sin poder hacerse dueños de su vida.

Herencia mortal. Ruben Rausing, abuelo de Hans, inventó el tetra brik e hizo una fortuna. Sus hijos, Hans y Gad, desarrollaron el invento de su padre. Hans, el mayor, vendió su parte a su hermano, por 4.500 millones de euros, en 1995. Siguió dedicándose a los negocios y hoy su fortuna es de 5.550 millones. Hans K., su hijo (le gustaba que le apodaran así para diferenciarse de su progenitor), solo logró su ruina personal. Si su padre se apartó del negocio que había creado Ruben para dedicarse a otros, él no consiguió encontrar un sitio en el mundo que le hiciera sentirse dueño de su vida. De joven se fue a la India y a Katmandú y allí se encontró con la heroína. Cuando tenía 24 años, conoció en un centro de desintoxicación californiano a Eva, que tenía 23. Sobre esta época, Eva escribió en su página de MySpace: “Lo pasé bien. Demasiado bien, porque lo dejé y no volví a la universidad hasta los 24 años”. De Hans K., escribe: “Estoy casada, parece increíble, con el más paciente y leal marido. He tenido la suerte inmensa de que siempre me ha aguantado. Muchos no lo habrían hecho”. Y acaba anotando que ha vuelto “al agujero”. Allí murió, cinco años más tarde.

Hans y Eva Rausing pudieron ser más generosos con los demás que consigo mismos. Colaboraban en asociaciones para la prevención y la recuperación de toxicómanos, pero no se dieron tregua mientras iban de la mano de una autodestrucción que pudo con ellos. Eva había estado en EE.UU. para tratar su problema cardiaco. Volvió a su casa en Londres, aunque tenía que regresar a la clínica, y ya no salió. ¿Qué motivación la condujo a volver a su hogar, en lugar de quedarse para que cuidaran su corazón? ¿Quizá quería morir junto a Hans?

LA NOTICIA

  • Eva Rausing, de 48 años, fue encontrada muerta en su casa de Londres por la policía. Llevaba dos meses muerta. Era esposa de Hans Kristian Rausing, heredero de la fortuna del imperio Tetra Pak. El cuerpo de Eva fue encontrado sin vida, entre sábanas y bolsas de basura, en su residencia del exclusivo barrio de Belgravia. La autopsia reveló que había muerto por sobredosis. Era consumidora habitual de cocaína. 
  •  Hans K. Rausing se declaró, ante un tribunal británico, culpable de haber retrasar el entierro y funeral de su esposa. 
  • La declaración del millonario causó un gran impacto. La historia de amor que ambos vivieron no pudo con la tendencia a la muerte que la droga provoca. 

 LA MIRADA PSICOLÓGICA

El infortunio de un millonario. La muerte de Eva Rausing nos muestra que una fortuna puede ir acompañada de un infortunio personal. Puede querer decir que se es tan pobre en recursos mentales como para morir entre basura y ni siquiera ser enterrada dignamente. Quizá la mayor fortuna posible no depende del dinero heredado de los padres, sino de los recursos psicológicos que se tengan para enfrentarse a la vida. Es otro tipo de herencia. Los deseos inconscientes se entrelazan para organizar una identidad que pueda protegerse de la pulsión autodestructiva. Freud ubicó en el fondo del inconsciente dos fuerzas antagónicas: Eros y Thanatos. La primera es la pulsión de vida, del placer y las construcciones, por la que celebramos el simple hecho de ser. La otra es la pulsión de muerte, que nos lleva a destruir y a destruirnos, la poderosa fuerza de la aniquilación que lleva a la muerte. A veces, esa sed de morir es más fuerte que el deseo de vivir.