Cambio de roles, cuando ella es el partidazo

  • ¿Con quién se casan las mujeres? Antes, los "maridables" eran hombres con un estatus superior. Pero ahora por cada mujer universitaria hay 0,8 hombres con carrera y las cuentas no salen. ¿El amor compensa cualquier desequilibrio?¿Se siente él inferior cuando ella paga?

Desde la cueva prehistórica hasta los años 50. Desde aquellos hombres del neolítico que salían a cazar bisontes y mamuts hasta los trajeados Don Drapers o Antonio Alcántara que, después de un largo día en la oficina, eran recibidos por la abnegaba Betty o la risueña Merche con un beso y un asado humeante recién salido del horno. Antes de que la liberación femenina y la mujer trabajadora cambiaran el mundo, los hombres llevaban el pan a la mesa y las mujeres se ocupaban de administrarlo mientras cambiaban pañales. Pero Betty se hartó y pidió el divorcio. Merche abrió su propia tienda de confección y luego, se matriculó en la universidad. Había empezado la revolución. Las mujeres ya nunca serían las mismas; los hombres, tampoco.

Durante el último medio siglo, las relaciones entre ambos sexos también han cambiado. Para empezar, ellas ya no se casan por necesidad. Y eso ha terminado con la hipergamia, dícese de la tendencia de las mujeres a casarse con hombres más preparados, más pudientes o con un estatus social superior al suyo. Porque en el mercado matrimonial, como en el bursátil, hay quien se casa "al alza", quien lo hace "a la baja", y quien se queda como está, sin "ganancias" y sin "pérdidas". Y las mujeres han conseguido darle la vuelta a la historia de las cotizaciones. La clave, según el investigador del Centro de Estudios Demográfico Albert Esteve, está en la educación. En los países del primer mundo, las mujeres ya son mayoría en las facultades (en España, en concreto, son el 60% en las aulas). Y cuanto más formadas, más exigentes.

Mujer soltera busca...

Pero hay un problema: las cuentas no salen. "Si por cada mujer universitaria hay 0,8 hombres, la brecha de género se invierte. La mayoría de esas mujeres se casarán con hombres de su mismo nivel educativo, pero no habrá suficientes para todas.

La pregunta es qué harán las demás: ¿Preferirán quedarse solteras o se casarán "hacia abajo"? "Los datos no sugieren que dejen de casarse, sino que lo hacen con hombres menos formados que ellas", explica Esteve, que analizó los censos de 47 países entre 1970 y 2007. Pero más allá de las cifras, detrás del fenómeno hay una auténtica cuestión de principios. Aunque todavía en nuestro país la mayoría de las parejas se forman entre iguales (lo que se conoce en sociología como homogamia), existe una falta de sincronía entre lo que ambos sexos esperan del otro. "Los hombres buscan mujeres que ya no existen en España: la fémina más tradicional, que quiera estar en casa y cuidar de los niños. Y la mujer está buscando un hombre que todavía no existe", afirma este demógrafo.

Para los varones más nostálgicos, también existe otra opción: la "importación" de cónyuges. De ahí, según Esteve, que muchos hombres españoles se hayan casado con mujeres de América Latina o Europa del Este durante la última década. "Alguien podría decir que es un reflejo del mercado matrimonial: se casan con ellas porque, en los últimos años, han llegado muchas mujeres de esos países a España. Sin embargo, las españolas no se casan con marroquíes, aunque también haya muchos. Porque si a la mujer española emancipada el hombre de su misma nacionalidad no le sirve, mucho menos lo hará uno que venga de un país donde los roles estén aún más segregados", explica. Pero también hay casos más extremos. En Japón, por ejemplo, las mujeres jóvenes han dejado de casarse y sus tasas de soltería femenina son las más altas del planeta. "La sociedad nipona es una sociedad muy tradicional donde los hombres se resisten a aceptar a una mujer más emancipada y donde ellas no quieren cargar con un varón que solo quiere que le laven los calcetines. Por eso no se encuentran y los japonés están "importando" esposas de países como Vietnam o Filipinas". Pero Esteve no es el único que se ha fijado en el fenómeno. La periodista norteamericana Liza Mundy y su libro, 'The richer sex' (sin publicar en España), defienden la misma tesis. Cuenta Mundy que, con la estadística en la mano, el 40% de las familias norteamericanas ya tienen el sueldo de la mujer como principal sustento de la economía doméstica.

De la teoría a la práctica

Pero que nadie descorche el champán todavía. La brecha salarial (en España ellas cobran un 22% menos que los hombres) y el techo de cristal (solo uno de cada 10 miembros de los consejos de administración de las empresas es mujer) todavía son un hecho incontestable. Aunque la periodista estadounidense es optimista: "Los mismos factores que han contribuido a estrechar la brecha son lo que van a cerrarla ahora". El resto, afirma, son todo ventajas. Para las dos partes contratantes. "Ahora todo el mundo es más libre de tomar decisiones puramente románticas", sentencia.

Y hasta aquí, la teoría. ¿Y la práctica? ¿Cómo afectará el cambio de roles a nuestras vidas? Mundy, que entrevistó a decenas de mujeres "breadwinners" ("ganapanes" en su traducción literal) pinta un paisaje muy positivo: "Supondrá una nueva liberación para la mujer, pero también para el hombre. El impacto se notará en todos los ámbitos: desde la educación hasta el dormitorio. Influirá en cómo mujeres y hombres trabajan, compran, votan, ahorran, se cortejan y se quieren los unos a los otros". Casi nada.

Vayamos por partes. ¿Cómo lo encajarán ellos? Depende. Hay quien caerá por la espiral de una especie de shock vital. "Con la llegada de las féminas al poder doméstico, muchos hombres vivirán una crisis existencial. Cuando la mujer ejerce de principal proveedora, le arrebata una parte esencial de la identidad masculina, ese papel para el que ha sido entrenado desde que sabe andar y hablar", escribe Mundy en su libro. Otros hombres, en cambio, redefinirán a la "mujer trofeo", que dejará de ser un elemento decorativo, bello pero vacuo, para ser motivo de orgullo por sus éxitos profesionales. También les tocará arrimar más el hombro en casa. Y ellas tendrán que saber reconocer ese esfuerzo. "Las comidas copiosas y los platos sofisticados tendrán que ser recibidos con agradecimiento y cumplidos, aunque secretamente muchas mujeres solo quieran cenar unas verduras al vapor. El tiempo que pasen con los niños se exaltará. El mensaje subliminal es que la habilidad para generar ganancias no es la única manera de medir el valor de una pareja", afirma la periodista.

Nuevos conflictos

¿Y ellas? Para empezar, se tomarán las cosas con más calma. Se dan cuenta de que pueden esperar y probar a convivir con alguien antes de casarse. Así que, antes de ponerse el anillo, la periodista Liza Mundy pronostica que querrán satisfacer sus necesidades sexuales en relaciones cortas y no necesariamente significativas. Y cuando llegue la hora de pasar por el altar, esas mujeres de perfil ambicioso y profesional partirán con ventaja. Según un estudio de la Universidad de Texas (EE.UU.), la capacidad de ganar dinero de una mujer es más atractiva para los hombres que sus cualidades como ama de casa.

Hasta aquí, todo parece fácil. Pero (siempre hay un pero) el conflicto es, hasta que se demuestre lo contrario, intrínseco a la convivencia en pareja. Y con el nuevo escenario, surgirán nuevas escenas dignas de alimentar los guiones de las futuras series de televisión. Primera paradoja: "Cuando las mujeres empiecen a sentir que está bien darse pequeños lujos cuando llegan a casa después de un duro día de trabajo, se planteará el dilema: "¿Cuántos lujos son justos?", se pregunta Mundy. También cambiará la forma de administrar el dinero. Si es ella la que lo gana, ¿decidirá también cómo se gasta? Al parecer, sí. Un estudio de población en EE.UU. encontró que en los hogares donde el marido ganaba más, las decisiones se tomaban a medias, pero que cuando ellas eran la principal fuerza económica del hogar, tenían el doble de poder de decisión. La omnipresente crisis es, según Albert Esteve, un buen ejemplo para comprobar el efecto que el cambio de papeles tendrá en la convivencia. "En algunas familias, la mujer está parando el golpe de la crisis. Se empiezan a dar casos en los que es ella la que conserva el empleo y él no. Y esto sí es un giro radical. Hemos pasado de él trabaja y ella se queda en casa a los dos trabajan y, ahora, es ella la única que tiene ingresos. Habrá que ver cómo afecta eso a las negociaciones del día a día y quién decidirá ahora si se van o no de vacaciones o si cambian de coche". O si tendrán hijos. Porque el fin de la hipergamia también afectará al reloj biológico de las mujeres. Porque si tienes un hijo y te das cuenta de que has tenido que cargar con todo el trabajo tú sola, eso te desmotivará para tener otro. Pero si el reparto es más equitativo, tendrás un aliciente para repetir.

Y de fondo, una pregunta aún más incómoda: ¿es la hipogamia una buena noticia para las mujeres? ¿Caerán ellas en los mismos pecados que los hombres han cometido durante siglos? El objetivo no ha cambiado: alcanzar la igualdad. La novedad es que ahora, por primera vez, las mujeres sacan media cabeza de ventaja. Eso, y que en las teleseries del 2025 quizá sea la versión futurista de Antonio Alcántara la que reciba a Merche con la cena hecha, una copa de vino y los niños bañados y listos para irse a la cama. ¿Suena raro?