La nueva monogamia: tú en tu casa y yo en la mía

  • Si la convivencia termina con el amor, la solución parece fácil: vivir separados. Lo malo es que esta fórmula no está hecha para todo el mundo.

No hay por qué negarlo: estar de “rodríguez” es uno de los pequeños placeres de la vida doméstica. Si es tu caso, no significa que no quieras a tu pareja, que no te guste acurrucarte junto a ella en el sofá o compartir los desayunos relajados del fin de semana. Pero, probablemente, puedas pasar unos días sin sus ronquidos y sus pequeñas manías y ella tampoco echará de menos tu catálogo de tics neuróticos, por no hablar de que agradecerá no tener que compartir el cuarto de baño. 

Tener la casa para uno, recuperar el espacio personal perdido y la libertad de hacer lo que quieras cuando quieras puede tener un efecto reparador en la relación. A veces, basta con una sola noche o un fin de semana, pero algunas parejas han adoptado la fórmula como un estilo de vida. Es decir, tú en tu casa y yo en la mía. Es lo que los estadounidenses llaman “living apart together” o, lo que es lo mismo, el juntos, pero no revueltos de toda la vida. 

No es un invento de nuevo cuño, pues siempre ha habido matrimonios que, por motivos de trabajo, vivían separados, pero ahora no es una cuestión de necesidad, sino de elección. Tienen una relación estable, pero quieren preservar su espacio personal y evitar, de paso, contaminar su relación con el veneno de la rutina y los conflictos de la convivencia. Pero aunque cada vez más parejas escogen esta fórmula –una encuesta estima que en Estados Unidos el 7% no viven en la misma casa–, no todo el mundo puede hacerlo. 

Según el sociólogo de la Universidad de Nueva York Eric Klinenberg, autor del libro “Going”, estas uniones son particularmente atractivas para mujeres de mediana edad que han pasado por un divorcio o una ruptura y que, aunque no renuncian a rehacer su vida, prefieren no caer en los errores de relaciones anteriores. Y la solución más sencilla es no vivir bajo el mismo techo. El otro perfil dominante es el de las mujeres jóvenes y profesionales que no están dispuestas a renunciar tan rápido a su independencia o, incluso, a la casa que con tanto esfuerzo compraron. En estos casos, vivir separados puede ser una transición entre la casa paterna y el futuro hogar familiar. 

Pero, como en cualquier otro tipo de relación, este enfoque de la vida también tiene sus pros y sus contras. Empecemos por las buenas noticias. La principal ventaja de esta fórmula es que permite disfrutar de un espacio, tanto físico como mental, propio, en el que cada persona tiene más tiempo para dedicarse a sí misma, a sus amistades o a sus “hobbies”. Además, las tareas domésticas y aburridas quedan excluidas de las horas que comparte la pareja. No hay que limpiar, pasar el aspirador, hacer la compra ni completar la declaración de la renta. 

“EFECTO SACIEDAD”. En cambio, disfrutan juntos de periodos cortos, pero intensos y gratificantes, como los fines de semana o los viajes exprés. Se acabaron los roces provocados por las tareas del hogar y las manías de cada cual dejan de convertirse en un motivo de irritación para el otro. Es lo que los sociólogos David Knox y Caroline Schacht llaman el “efecto de la saciedad” en su libro “Choices in relationships”. Su teoría es que, cuando estamos expuestos durante un largo periodo al mismo estímulo (llamémoslo convivencia), nos volvemos menos sensibles a sus efectos. Es decir, valoramos menos la intimidad, el cariño o la complicidad. “Las personas que disfrutan de la modalidad de relaciones a distancia se intentan asegurar de que no van a saciarse el uno del otro y mantienen la emoción por ver o estar con la otra persona”, explican. 

Hasta aquí, las ventajas. Las inconvenientes empiezan por el bolsillo. Mantener dos casas, pagar dos facturas de la luz y llenar dos neveras requiere un presupuesto que no está al alcance de todas las cuentas corrientes. Pero aparte de los inconvenientes materiales, la falta de intimidad también tiene sus consecuencias: soledad, dificultad para construir una estructura familiar y menor disponibilidad a la hora del sexo. ¿Y las infidelidades? Aunque, a primera vista, tener domicilios independientes pueda facilitar las cosas, también es cierto que los que apuestan por esta fórmula suelen tener relaciones basadas en la confianza, en las que los celos y las desconfianzas acostumbran a estar excluidos de la ecuación.

¿TERCERAS PERSONAS? Claro que Frida Kahlo y Diego Rivera, que nunca compartieron techo, tuvieron un matrimonio plagado de terceras personas. Igual que los escritores e intelectuales franceses Simone de Beauvoir y Jean- Paul Sartre, inseparables durante 50 años, pero que jamás se casaron ni convivieron. A Helena Bonham Carter y Tim Burton, que viven en dos adosados contiguos en Londres y tienen dos hijos, les funciona. “Nos vemos tanto como cualquier pareja, pero nuestra relación mejora porque tenemos un espacio al que retirarnos. Nuestra intimidad no es forzada, sino por elección, lo cual es halagador. Si te lo puedes permitir, claro”, apunta la actriz. 

Hay quien sostiene que estas parejas padecen fobia al compromiso o que vivir separados no es más que un síntoma de desapego. Sin embargo, teniendo en cuenta las altas tasas de divorcio (en España por cada tres matrimonios que se celebran se tramitan dos separaciones), no se puede culpar a nadie por tratar de encontrar una solución a los problemas de pareja, por poco convencional que esta sea. Pero, cuidado, tampoco es la panacea. Según los sociólogos Malcolm Brynin y John Ermish, autores del estudio “Changing relationships”, después de cuatro años viviendo separados, el 45% de estas parejas rompen, el 35% deciden irse a vivir juntos y el 10% casarse. 

 

Cómo funciona un matrimonio a distancia 

Si se trata de vivir juntos, pero no revueltos, como Monica Bellucci y Vincent Cassel, cada pareja establece sus normas. Pero hay reglas a seguir. 

-La casa. Vivir en dos espacios físicos independientes es la clave de este acuerdo. Hay quienes comparten descansillo en el mismo bloque de apartamentos y quienes viven en distintos continentes. Es habitual que ambos tengan llaves de la casa del otro, así como que dejen allí algunos efectos personales. Recuerda que tu casa es solo tuya y en ella únicamente mandas tú. Y, a cambio, en la de tu pareja, ni ordenas ni desordenas. 

-El dinero. En general, estas parejas suelen tener cuentas corrientes independientes. Cada uno se costea la casa, la alimentación y el tiempo libre. Así cada cual gasta o ahorra lo que considera oportuno y es una forma de evitar confl ictos si quieres darte un capricho y no establecer comparaciones odiosas sobre quién aporta más a la economía doméstica. 

-El tiempo. Algunas parejas fi jan los días que pasarán juntos. Otras, prefi eren la espontaneidad y solo se ven cuando tienen ganas. En cualquier caso, es una forma de evitar enfrentamientos si tienes un mal día o, simplemente, necesitas estar solo.