La primera vez, por María Byk

Hace unos días, un amigo mío colocó en Facebook un artículo que aconsejaba el sexo en la primera cita. Escrito por una mujer y dirigido a las mujeres y a algunas de nuestras ideas ¿anticuadas? sobre este asunto. Como las mías están cada vez más confusas, decidí hacer un debate con mis amigas. ¿Creéis que es bueno tener sexo en la primera cita? Hubo un 'No', un 'Depende', y dos 'No sabe. No está segura', incluido el mío.

El más rotundo fue el 'No', de Guiomar, que lo tiene clarísimo. ¿Sexo en la primera cita, sin conocerse apenas? "Eso es de putas", afirmó categórica y sin matices. Lola, siempre más moderada, replicó: "Depende, del hombre, de la conversación, de tus objetivos, a veces puede ser bueno, otras, malo".

Y Lara y yo optamos por el "No sabe. No estamos seguras". Lara, porque acaba de incorporarse al grupo y prefirió escuchar antes de pronunciarse sobre un tema tan espinoso. Y yo, porque ya no lo tengo tan claro como antes. Hace no mucho tiempo, estaba en las antípodas de Guiomar. ¿Y por qué no?

Si el sexo es otra forma de comunicación, de diversión, de unión, no debería haber reglas para ponerlo en práctica. Puede ser la primera vez, la décima o la trigésima, con la pequeña matización de que en mi caso era casi siempre la primera vez, o la segunda, como mucho. Que es lo que ahora ya no tengo tan claro. "¿Y cuál sería el momento adecuado para hacerlo y ser unas damas?", pregunté a Guiomar. Bueno, varias citas después, respondió. ¿Pero cuántas? "Tres semanas, un mes", especificó Guiomar. "¿O sea que la primera vez serías una desvergonzada y, un mes después, respetable? Pues tampoco lo veo", sostuve. Un mes no te hace más decente. Ni dos, ni tres. Ni tampoco más feliz, supongo. Que esa es la otra parte, el acierto y el error.

Por eso estoy en el "No sabe. No está segura". En lo moral, que lo decida cada una. Y en lo otro, porque la experiencia me ha vuelto más dubitativa y no más sabia. Sobre todo, por alguno que iba a ser una divertida aventura y se convirtió en un hombre difícil de olvidar. Por eso digo ahora que, en la primera cita, lo que hay que hacer es un ejercicio de valoración. Si intuyes que te vas a enamorar, que estás ante el hombre de tu vida, mejor esperar, a ver si hay correspondencia, quiero decir. Si tus capacidades intelectuales siguen funcionando en esos casos, claro está.

Hace unos días me encontré con uno de esos hombres y sólo recuerdo que no paré de decir sandeces. Cerebro paralizado y corazón a 150 pulsaciones. La única neurona que tuve activa la usé para no hacerlo la primera vez. ¿Y si no hay segunda vez?