El verde pantano de mi batido detox

Desde que tomo batidos detox me siento un ser superior y probablemente lo sea. Toda mujer moderna debe tomarlos. Necesitas una batidora o licuadora y los ingredientes. Si pones en Google “batido detox” te aparecerán miles de recetas, todas sanísimas.

Una vez que te tragues varios litros de estos preparados, te parecerán “riquísimos”. Eso significa que habrás entrado en la secta y empezarás a difundir las recetas entre todos tus congéneres y a hacer una descarada labor de proselitismo.

Estos mejunjes son perfectos para el verano.
Les pones hielo y los conviertes en sustitutos del sosísimo té con hielo (y tampoco engorda). Además, suelen llevar espinacas y esto siempre te otorgará un aire sofisticado y de superioridad nutricional. El simple gesto de abrir una bolsa de espinacas, echarlas en el vaso de la batidora y mezclarlas con cualquier cosa te convertirá en una nueva mujer. Ya si te atreves a no poner azúcar (ni ningún otro edulcorante o ingrediente susceptible de darle un sabor agradable), serás una diosa, auténtica gurú del estilo de vida detox.

Todo esto será inútil si no tienes a quien contárselo, y el hábitat natural donde se puede fardar son los foros de internet donde se reúne gente sana de cuerpo y obsesionada de mente. Allí, lo menos que se comparten son recetas. Mis amigas del foro lo cuentan todo, hasta lo más íntimo del proceso de eliminación del mejunje. Lo más sorprendente es la participación no poco frecuente de chicos heterosexuales. Todo señala a una nueva estrategia para ligar: “¿Me pasas por el chat la última receta?”. Una vez en el chat, la conversación sobre el batido dura medio minuto y se pasa a mayores.

Desintoxicadísima voy por la vida. Con el batido de espinacas corriendo por mis venas soy más ligera que nunca y mis neuronas piensan de modo orgánico y fluido. A todo el mundo le recomiendo su dosis de espinacas batidas con cualquier tipo de fruta o verdura. Una misión evangelizadora que me ha hecho ganar cientos de seguidores de las fotos de mis batidos en Instagram.

Desde mis beneficios adquiridos de gurú del detox on line,
solo una cosa me sigue chirriando de mis cócteles mañaneros: el color. Aunque las recetas de Google prometan un acabado verde brillante, color esperanza, los míos adquieren sin remedio una tonalidad parduzca, verde pantano, que me impide beber mis preparados en copa de cristal fino, que sería lo suyo.

El pantone del batido detox tampoco permite dar a esta bebida el uso que normalmente se le podría dar a un gin tonic. Lubricante social le llaman (al alcohol en general) porque hace que las relaciones, así como la práctica de idiomas extranjeros, rueden solos. Pero el verde de mis batidos es un repelente social.

La única vez que me atreví a invitar a un batido detox, vendiéndolo como una bebida con propiedades afrodisíacas, el fracaso fue rotundo. Con cuatro fotos trucadas con filtros convencí a un entusiasta seguidor de Instagram para salir del mundo virtual y venirse a la realidad de la vida. El ritual de apareamiento y los preliminares iban sobre ruedas hasta que serví la pócima mágica en una de mis copas y el susodicho pudo apreciar el verde detox en toda su potencia. Puso cara de póquer y, educado como era, apuró la copa para quitarse de encima el asunto cuanto antes. No lo he vuelto a ver. Ni siquiera en Instagram.