¿Podemos protegernos de la violencia 2.0?

  • La tecnología está cambiando nuestra sociedad, pero también la forma en que avanzan sus lacras. Con motivo del Día contra la Violencia de Género, analizamos cómo la Red se ha convertido en lugar de acoso para las mujeres. Sobre todo, para las más jóvenes.

Son las 10.30 a.m. de un martes. Anita12 entra en un foro de Internet para adolescentes. Solo escribe “ola”. La ausencia de la “h” hace presuponer a quienes están al otro lado de la pantalla que es una niña, igual que el 12 que acompaña a su nombre. En menos de un minuto, más de dos docenas de internautas abren conversaciones privadas con ella. Yoop, marisa, morenillo-wapete, Roberto18, valiente, moreno22 y otros tantos que se van sumando a su lista de privados quieren saber lo mismo: qué edad tiene, por qué no está en el colegio, dónde vive. En pocos segundos más, comienzan las insinuaciones: “¿Estás mala o eres mala?”, “princesita, descríbete”, “¿eres delgadita?”, “Anita dinamita, dime cómo es tu piel, ¿morena?”.

Por suerte, detrás de Anita12 está un oficial de Protección al Menor de la Brigada de Investigación Tecnológica (BIT) del Cuerpo Nacional de Policía. Está comprobando lo sencillo que es para pederastas y pedófilos entrar en contacto con víctimas potenciales.

Porque, aunque no tiene la seguridad de que los 150 usuarios conectados sean adultos, su experiencia le hace pensar que más de 100 superaron la adolescencia hace años. Sobre todo a esa hora en la que los chavales están en el colegio. Detrás de las 250 víctimas, la mayoría chicas de entre 14 y 17 años, del ciberacosador apodado Camaleón había nombres y apellidos reales.

Este depredador contactaba con ellas a través del Messenger, y cuando las jóvenes accedían a enviarle fotos comprometidas a quien creían un chico de su edad, empezaba el calvario. Robaba las contraseñas de sus cuentas y les imponía una cuota semanal: si no le enviaban cinco imágenes y un vídeo, se hacía pasar por ellas ante sus contactos y les remitía esas fotos íntimas.

Chantaje. Es el procedimiento típico del ciberacosador sexual: una vez que consiguen una imagen de su víctima, empieza el chantaje. Por ejemplo, haciéndose pasar por ella en su cuenta de Tuenti y diciendo que se ofrece para tener sexo con cualquiera; o empapelando su colegio con las fotos que tiene en su poder.

Así también actúan algunas parejas y exparejas de mujeres que, cada día más, se sienten acosadas a través de las redes sociales. Estas, igual que las aplicaciones de mensajería instantánea están facilitando un fenómeno sobre el que los expertos han comenzado a dar la voz de alarma: el acoso constante y a distancia. El pasado año, 750 personas fueron detenidas por injurias, amenazas y delitos contra la intimidad a través de estos canales, el triple que en 2011

Según la Brigada de Investigación Tecnológica, el número de denuncias y delitos contra la intimidad, el honor y la imagen de las personas a través de Internet y redes sociales “se están disparando. Los agresores miran la última vez que se ha conectado a Whatsapp, con quién ha hablando en redes sociales... Controlan cada movimiento y las hostigan para retenerlas”, afirma Natividad Hernández-Claverie, psicóloga de la Comisión para la investigación de malos tratos.

“Resulta evidente que el avance de los medios tecnológicos se ha convertido en una herramienta cada vez más utilizadas por los presuntos agresores para controlar no sólo los datos personales de sus víctimas, sino su entorno social y familiar, sometiéndolas a vejaciones o humillaciones, y empleando los mecanismos a su alcance para atacar a su dignidad como persona”, reflexiona en un estudio Francisco Gutiérrez Romero, magistrado del Juzgado de Violencia número 2 de Sevilla.

El acoso se lleva al extremo al difundir fotos íntimas de las víctimas, enviadas por ellas mismas durante la relación. O al crear perfiles falsos con los que pretenden destruir su imagen. De hecho, los casos han comenzado a ser tan habituales que los jueces suelen dictar una orden de alejamiento del agresor al mismo tiempo que la prohibición de comunicación con la víctima, incluso a través de correos electrónicos o mensajes.

La situación se está extendiendo tanto que el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad ha anunciado que luchar contra estas agresiones será una de sus prioridades. Y la delegada para la Violencia de Género, Blanca Hernández, ha insistido en la necesidad de tipificar nuevos delitos para “mejorar el sistema punitivo sobre los maltratadores”. El ciberacoso o el hostigamiento podrían ser dos de ellos.

 

Denuncias

Mientras eso llega, las víctimas deben denunciar los casos. Igual que las menores que sufren acoso en internet. Y no es fácil. En el caso del Camaleón –el acosador sexual al que nos referíamos anteriormente, que ha sido condenado a 159 años de cárcel, que se quedarán en solo 11–, solo tres de sus 250 víctimas denunciaron. 

Gracias a una, la Brigada de Investigación Tecnológica lo detuvo en Cádiz. “La mayoría de las acosadas eran adolescentes, y a esa edad crees que lo sabes todo y que puedes solucionarlo sin ayuda”, explica el oficial de Policía de Protección al Menor de la BIT Eduardo Casas Herrer. “Cuando se dan cuenta de que están atrapadas, han podido pasar años, y el ciberacosador tiene más material comprometedor”, dice. 

Para entonces, las víctimas se arrepienten de esa primera foto, pero no hay marcha atrás. Lo sorprendente es que la mayoría de las víctimas tampoco piden ayuda a sus padres por miedo a que les quiten la conexión a internet. “La Red representa lo que antes era la plaza del pueblo. Allí se relacionan con sus amigos, ven series, juegan... 

Tienen toda su vida colgada, continúa Casas Herrer. En ese mundo, los jóvenes, pero también cada vez más adultos, conocen amigos, flirtean, suben fotos... Según una investigación de la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR), el 21,2% de los adolescentes ha recibido alguna petición de una foto comprometida, un porcentaje que se eleva al 48,5% en los más cercanos a los 18 años. 

En muchos casos, esas peticiones vienen de novios o amigos que las utilizan como forma de control. Además, uno de cada tres jóvenes de entre 12 y 18 años ha tenido propuestas sexuales a través de la Red. “No hay consciencia de las consecuencias, porque internet, que es un terreno público, tiene para ellos la consideración de privado. Y en la Red existe un mal terrible, el del anonimato”, dice el catedrático José Antonio Ibánez Martín.

 

Los riesgos de exponer tu intimidad

Los riesgos de exponer tu intimidad Según un estudio elaborado por la Universidad Internacional de la Rioja y realizado durante el pasado curso escolar, uno de cada cinco adolescentes recibe peticiones de fotos comprometidas en Internet. 

Un 65% de las chicas y un 55% de los chicos conocen a personas que se han sentido maltratadas por lo dicho acerca de ellos en Internet. 

Más del 34% de los españoles de 12 a 18 años cuenta en la Red datos relativos a ellos mismos o a su familia. Tan solo un 15,7% de los menores de edad acudiría a sus padres ante un caso de ciberacoso.


Un problema que toma nuevas formas

Los nuevos tiempos traen consigo nuevas formas de violencia de género, ligadas al progreso y a los cambios sociales. De hecho, las nuevas tecnologías están convirtiéndose en escenario, y también en instrumento, de dominación y maltrato: personas que acechan y cercan a sus parejas a través del Whatsapp o las redes sociales; “bullying” en los colegios, que se ve amplificado por el efecto multriplicador de escarnio y humillación pública que proporciona Internet; ciberacosadores y depredadores sexuales que amenazan y chantajean a través de la Red a sus víctimas: menores y mujeres. 

Resulta significativo que las denuncias de adolescentes maltratadas hayan aumentado un 30% en el último año, y esto, según los expertos, es solo la punta de un iceberg que esconde casos no denunciados o que ni siquiera son considerados como violentos por parte de quienes los padecen. De hecho, es frecuente que los confundan con celos y “muestras de amor”. De ellos se habló en el “I Congreso Internacional contra la Violencia de Género de la Comunidad de Madrid”. La realidad tiene magnitud de pandemia: siete de cada 10 mujeres sufre o sufrirá algún tipo de violencia a lo largo de su vida.

“El hogar, que es donde los niños deberían sentirse seguros y protegidos, es donde tiene lugar la mayoría de las agresiones. Un planeta mejor no es posible sin la presencia y el bienestar de la mitad del mundo: las mujeres y las niñas”, señaló Rebeca Grynspan, secretaria general adjunta de la ONU. La princesa Letizia, que inauguró el congreso, lo dijo muy claro: “Una sola víctima es intolerable”