Abusos en el diván la transgresión silenciada

  • Ante el psiquiatra, la paciente solo debería desnudar su mente... Pero las recientes denuncias han desvelado casos de abusos de poder y mala praxis. Ha llegado el momento de hablar.

"No tengo miedo y no siento vergüenza", escribió Matilde Solís, exmujer del duque de Alba, en Facebook. Una declaración de libertad, una búsqueda de justicia y un desafío al que fuera su psiquiatra, Javier Criado, a quien denunció por haber abusado de ella, una "persona enferma y desesperada", cuando llegó a su consulta con 22 años. Sin especificar qué tipo de abusos sufrió, Solís añadió que nunca se le había ocurrido que "hubiera más mujeres viviendo lo mismo".

Pero sí las había. La aristócrata dio con otras cinco mujeres que habían pasado por experiencias similares con el doctor Criado y juntas interpusieron una queja al Colegio de Médicos de Sevilla por mala praxis profesional y conducta irregular. Al darle difusión al caso, aparecieron 20 pacientes más dispuestas a denunciar al médico por delitos de abusos sexuales (penas de hasta 10 años de prisión), agresión sexual (15 años) y acoso sexual (un año). Para Matilde Solís, y para todas ellas, había llegado, por fin, el momento de hablar.

Freud decía que los psicoterapeutas son como químicos que trabajan con sustancias altamente inflamables Ese material explosivo es la psique de la persona con fragilidad emocional que llega pidiendo ayuda a una consulta. "El paciente convierte a su terapeuta en una figura de autoridad y conocimiento -dice la psicóloga Mariela Michelena- y se coloca a sí mismo en una posición infantil y regresiva. Por ello, cualquier abuso por parte del terapeuta se puede considerar al nivel de la pederastia, ya que no es una relación entre adultos, sino jerárquica. Constituye un auténtico abuso de poder".

Los excesos que denuncia la madre del heredero de la Casa de Alba se iniciaron, supuestamente, hace 30 años. Y se mantuvieron en el tiempo. ¿Por qué nadie lo denunció hasta tanto tiempo después? "Hay quien prefiere no hacerlo porque se siente culpable -explica Michelena-, como pasa con los niños que han sufrido abusos. El agresor se aprovecha de que la paciente se sienta la elegida. Desde el psicoanálisis, se puede interpretar que, desde la perspectiva infantil, hay algo de haber conquistado al padre". Pero las consecuencias son graves: las abusadas "son mujeres que se quedan sin ayuda y, además, salen más confundidas y perturbadas que cuando entraron".

La comparación entre pederastia y violación de los límites en la relación entre terapeuta y paciente no es exagerada. Fernando García-Solano, psiquiatra del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, la refrenda. "Y nunca es gratis -dice; ni para la víctima, ni para el profesional-, cuyo prestigio es lo primero que vuela por los aires".

Mucho más que prestigio perdió el psiquiatra del sistema público sanitario catalán Juan Santiago Sánchez Zalacaín, cuando, en 2004, fue condenado por abusar sexualmente de cuatro pacientes. Según el médico, las abrazaba y las besaba para transmitirles energía positiva. Por dos delitos de abuso y dos faltas de vejaciones se le impusieron multas por valor de 6.450 €, indemnizaciones de hasta 6.000€ y un año de inhabilitación. Tenía 60 años.

En ocasiones, derivaba a las pacientes a su consulta particular, donde las atendía echando la llave. Una de ellas relató en el juicio que la hacía tumbarse en la camilla con el torso desnudo. Él se tumbaba detrás, también semidesnudo, besándole la nuca y la espalda mientras le decía que la quería. Años después, se incorporó a la sanidad privada en una clínica de Granollers.

Al conocer por la prensa las denuncias contra el doctor Criado, la portuguesa Sylvie Imelda Shene se vio reflejada en lo que estaban contando. En su libro 'A dance to freedom' (Un baile a la libertad), publicado en Estados Unidos en 2014, afirmó haber sido víctima de abusos sexuales por el reputado psiquiatra y sexólogo Júlio Machado Vaz. En los años 70, Shene acudió a un joven doctor Machado para que la ayudara a superar un trauma infantil. "Sus métodos me dejaron peor", afirma en su blog, donde también dice que le costó 20 años reconocer que había sido víctima de abusos sexuales. Refiriéndose al caso de Matilde Solís, Shene se pregunta si "Portugal encontrará también algún día el coraje para investigar a Machado Vaz".

El psiquiatra portugués, de 65 años, es comentarista en varios programas de radio y televisión, autor de más de una decena de libros y vicepresidente de la Sociedad Portuguesa de Sexología Clínica. Paradójicamente, fue llamado a declarar como perito en el juicio más mediático que vivió la sociedad portuguesa en el año 2011. Una antigua paciente había sentado en el banquillo al psiquiatra João Vasconcelos Vilas Boas, que había sido alumno de Machado. Vilas Boas fue acusado de violar a una paciente, embarazada de ocho meses y emocionalmente frágil.

A pesar de que se probaron los hechos, el doctor Vilas Boas fue absuelto del cargo de violación. El tribunal de jueces consideró que la resistencia ofrecida por la víctima no había sido la suficiente. La simple falta de respeto a la voluntad de la ofendida no puede ser calificada de violencia, dice la legislación lusa. Eso sí, aunque se libró de la pena de cárcel, tuvo que pagar 100.000€ en concepto de indemnización a la víctima y el médico resultó inhabilitado para el ejercicio de su profesión.

Para el psiquiatra Manuel Isaías López Gómez, experto en bioética, "los casos de transgresión relacionados con conductas eróticas suceden, pero no son abundantes". Él asegura que el que un paciente acuse a su psicoterapeuta ocurre en todas las sociedades psicoanalíticas del mundo. Y habla con conocimiento de causa: fue miembro de los comités éticos de varias asociaciones internacionales, así como del Colegio de Psicoanalistas de Estados Unidos. La Asociación Psicoanalítica Mexicana, de cuyo comité de ética fue fundador, ha expulsado a varios médicos por este motivo.

Y es que en el ámbito del diván se puede colar el deseo sexual en ambos sentidos. Según los estudios de López Gómez, no es raro que el paciente manifieste deseos o fantasías eróticas durante una terapia. Es lo que en la jerga se conoce como "transferencia". El terapeuta ha de estar preparado para estos fenómenos y saber manejarlos verbalmente. "Sobre todo -recalca el psiquiatra-, ha de saber que cualquier actuación erótica por su parte es un abuso, dada la posición de desventaja del paciente". Si el médico, como ocurrió con Sánchez Zalacaín o, presuntamente, con Javier Criado, concibe algún tipo de predisposición erótica hacia su paciente, se habla de contratransferencia.

La película de David Cronenberg 'Un método peligroso' tiene como protagonista a Carl Jung, discípulo de Freud. El psicoanalista practica su primera terapia a una mujer, Sabina Spielrein, internada en su hospital por desequilibrios psíquicos, en 1904. Spielrein, que se acaba convirtiendo, a su vez, en psicoanalista, no es solo su paciente sino también su amante.

"En este tipo de actuación abusiva -dice Manuel López Gómez- incurrieron la mayoría de los primeros especialistas de la mente, obviamente por ignorancia". La observación de estas incursiones eróticas, de hecho, llevó a Freud a describir los conceptos de transferencia y contratransferencia [la transferencia es el traslado a la situación presente de afectos u hostilidades que corresponden a vivencias del pasado, con lo que la persona revive, en sus vínculos nuevos, sus antiguos sentimientos o deseos infantiles reprimidos. Mientras la contratransferencia es el conjunto de las reacciones inconscientes del analista frente a su paciente].

Al principio del siglo XX no resultaba del todo extraño lo que hoy es inconcebible, que exista una relación amorosa o sexual entre médico y paciente mientras tiene lugar la terapia. Alfred Hitchcock lo presentó con naturalidad en 'Recuerda', donde la psiquiatra encarnada por Ingrid Bergman se enamora de su paciente, Gregory Peck, sin que esto le suponga escrúpulo alguno.

"Quiero tu piel, quiero tu boca, quiero tus ojos", le suelta el sociópata Tony Soprano a su psiquiatra en una de las relaciones analíticas más famosas de la televisión, donde se plantea la transferencia de los deseos del paciente hacia su psicoterapeuta. "Usted proyecta todas esas cualidades sobre mí, usted no me conoce, esto es algo que pasa entre doctor y paciente", le contesta la doctora Melfi. En ese momento, el jefe de la Mafia la besa. "No haga eso", le dice ella cuando Tony da el beso por terminado.

Ficción televisiva disfrazada de 'reality show', según la psicoanalista Isabel Menéndez, es lo que era en realidad el programa que el propio Javier Criado el psiquiatra acusado por Matilde Solís presentó en Canal Sur a principios de los 90. Se llamaba (cómo no) 'El diván', y en el programa el doctor Criado dejaba que su invitado (Lola Flores, Antonio Gala, Bibi Andersen...) se explayara libremente para, acto seguido, ofrecerle un diagnóstico.

"Pero el análisis requiere un pacto de confidencialidad y no puede realizarse en un programa de televisión -valora la psicóloga y colaboradora de Mujerhoy-. Los medios de comunicación pueden ayudar a reflexionar, pero no para hacer un espectáculo, porque ahí todo se vuelve mentira". Menéndez recomienda a los telespectadores que deseen aproximarse al mundo de la psicoterapia desde la ficción que vean la serie 'En terapia'.

De lo que no hay duda es de que la psicosexualidad está presente en cualquier consulta porque suele ser una de las mayores fuentes de angustia para los pacientes. No obstante, como advierte López-Gómez esta atención es siempre desde la palabra y "no pone en peligro los límites de la relación terapeuta-paciente".

"En un tratamiento todo pasa por la palabra -coincide Isabel Menéndez-: no existe ninguna psicoterapia que permita tocar a los pacientes -señala tajante-. Eso sería un aprovechamiento perverso de la situación de poder". Y lo mismo sucede en otros enfoques. La mayoría de los psiquiatras ni siquiera dan la mano ni besan en la mejilla a sus pacientes. Una distancia física necesaria para la profesionalidad y la escucha.