Vacaciones con papá: primer verano tras la separación

¿Cómo hacer para que los hijos puedan pasar las vacaciones de la mejor manera posible tras la separación de papá y mamá? La ruptura, con frecuencia conflictiva y dolorosa, resulta imprescindible cuando la pareja ha alcanzado un grado de deterioro que imposibilita una convivencia saludable. Ahora bien, con los hijos nunca se rompe y los padres deben separar lo que ocurre entre ellos de la relación con los hijos.

Después de un divorcio, las vacaciones pueden ser un tema de discusión si todavía la pareja no se ha puesto de acuerdo en la custodia de los hijos y en cómo compartir su tiempo con ellos. La compañía familiar se disfruta más en estas fechas, pues hay más horas para estar juntos y compartir actividades. Así que la ausencia de uno de los progenitores se notará mucho.

La separación de los padres siempre provoca angustia en los hijos. Lo que menos desean es que las personas que más quieren en el mundo dejen de estar juntas. Debería privilegiarse el bien de los menores y no meterles en una batalla no deseada.

Tanto las madres como los padres tienen derechos sobre los niños, pero también obligaciones; entre las más importantes, no ponerlos nunca en el centro de sus desavenencias y seguir educándoles emocionalmente.

Cuando los padres discuten delante de ellos, se les plantea un dilema que les hace sufrir. Creen que tienen que elegir un bando y ponerse en contra del otro, algo que les hace sentirse culpables. En la fantasía infantil, se producen muchos deseos en relación a los padres y también intensos afectos, tanto de amor como agresivos cuando no pueden conseguir lo que quieren. Entonces se sienten responsables de todo lo que les pasa a sus padres, invirtiendo el poder real que tienen sobre ellos.

Si desearon quedarse solos con mamá o con papá, creen que fue la fuerza de su deseo lo que hizo que se separaran; de ahí el sentimiento de culpa. Todavía no han aceptado que no todos los deseos se realizan. Es muy conveniente aclararles que nada de lo que sucede tienen que ver con ellos, aunque les afecte.

Durante las vacaciones, los hijos pueden expresar su deseo de que vuelvan a estar juntos. Es lógico: su mundo ha cambiado bruscamente y temen perder a uno de los dos, algo que no debe pasar y que conviene explicarles.

Cambio de planes que quita el sueño

Cuando uno de los excónyuges no quiere o no puede cumplir el acuerdo alcanzado tras la separación, hay que evitar que se sientan abandonados. Meter a los hijos en las discusiones, criticar al otro en su presencia o hacerles confesiones de carácter íntimo, puede hacerles sufrir mucho. Los síntomas son variados: depresiones, fobias, crisis de angustia, trastornos del sueño, de aprendizaje y de alimentación, entre otros. Escucharles y asegurar que siempre van a tener a los dos, aunque los vean por separado, les tranquiliza.

Esther y Enrique, que han roto hace tres meses, han planeado las primeras vacaciones por separado. Tienen dos hijos, de 10 y siete años, que se han quedado a vivir con su madre. Enrique se ha mudado a un apartamento cerca de la casa de ella y los recoge los fines de semana. De cara al verano, ha pensado pasarlo con ellos en la casa de los abuelos, donde coincidirá con su hermana, que también tiene un hijo pequeño.

Considera que al estar con parte de la familia no notarán tanto el cambio. Cuando Enrique les cuenta el plan, a los niños les parece muy bien. Pero, dos semanas antes de partir, Raúl, el pequeño, empieza a tener pesadillas, se despierta a menudo por las noches y comienza a llorar. Da la impresión de que no quiere irse de vacaciones.

Una vez en casa de los abuelos paternos, Raúl continúa triste y sigue despertándose por la noche. Un día le pregunta a su padre que cuándo les va a dejar. Este, sorprendido, le dice que nunca les dejaría. Enrique, que hasta el momento estaba contento del modo en que él y su exmujer habían llevado la separación, comenzó a pensar que algo estaban haciendo mal para que el pequeño tuviera esa idea.

No sabía que Raúl había oído una discusión muy fuerte en la que Esther le reprochaba muchas cosas, entre ellas que no se ocupara lo suficiente de sus hijos, a lo que añadió que siempre se había sentido abandonada por él. El niño había optado por ponerse del lado de su madre e, identificándose con ella, se sentía también abandonado, ya que ahora le veía menos. Después de que le asegurara que siempre estaría con él, Raúl comenzó a dormir mejor.

Si, pese a los conflictos inevitables que conlleva una separación, la pareja consigue controlarse, las vacaciones por separado pueden estar muy bien. En cualquier caso, compartir el tiempo de vacaciones es la mejor opción. A los niños, y siempre teniendo en cuenta su opinión, no les crea problemas. De hecho, disponer de más espacios propios les puede resultar liberador. Lo que les provoca conflictos es que sus padres discutan y no se puedan poner de acuerdo entre ellos sobre este punto.

Evitar errores

  • Nunca criticar, denigrar o descalificar al otro progenitor. Aunque esté actuando mal, no hay que decírselo a los hijos, ni increparse en su presencia.
  • No modificar los acuerdos en el último momento. Los niños se sienten más inseguros si no saben a qué atenerse. Ya están sufriendo bastantes cambios.
  • No ignorar sus dudas, inquietudes y preocupaciones y contestar a todas sus preguntas.
  • Es importante ¡informarles de todos los cambios que les afecten y darles tiempo a que puedan hacerse a la idea y expresar lo que sienten.
  • Evitar usarlos como paño de lágrimas.

Qué podemos hacer

  • Informar a los niños sobre la manera en que van a desarrollarse las vacaciones ese año y decirles que ambos están de acuerdo.
  • Aclararles que siempre pueden hablar por teléfono con mamá o papá cuando los echen de menos. Esto les asegura que no van a perder al otro y calma su añoranza en el primer periodo largo de tiempo que pasan por separado.
  • El padre tiene que valorar las propuestas de la madre y viceversa. Esto muestra que, en relación a ellos, los padres no pelean, y se sienten mejor.
  • Dedicar tiempo a escucharles y dialogar con ellos, en un lenguaje accesible y acorde a su edad.