¿De verdad son los 40 los nuevos 30?

  • Es uno de los mantras de nuestro tiempo. Y, sí, estamos hoy igual de estupendas, eso ni dudarlo. Pero el tiempo también nos ha cambiado. ¿Por qué lo que antes era fácil y espontáneo ahora es tan complicado?

Desde luego es incontestable que a los 40 seguimos estando guapísimas: nuestra melena bien mantenida con hábiles mechas ondea con garbo; por fin hemos encontrado nuestro estilo; sabemos aprovechar el tiempo, de verdad; y si nos llaman "señoras" es porque hemos ganado en aplomo, seguridad y chic, no porque parezcamos mayores, está claro. Así que, por ese lado, todo en orden. Además, con 40, muchas acaban de estrenar maternidad o casi y algunas ¡incluso se lo están pensando todavía! Sí, sin duda, los 40 son los nuevos 30.

Bueno, menos alguna cosa... Probablemente el sexo ya no es como al principio: en estos años algunas han encadenado relaciones, otras se han divorciado y las hay que llevan más de 10 años de convivencia... Para unas es mejor y para otras... escaso, pero lo que hoy nos queremos preguntar es cómo afecta el cambio de década a la relación con nuestras amigas de toda la vida y nuestras ansiadas cenas.

Acudimos a esas reuniones llenas de entusiasmo y esperanzas, desbordantes de anécdotas y dispuestas, incluso, a hacer cualquier locura... ¡Como antes! Pero la vida es complicada. Y, en realidad, nada acaba transcurriendo como habíamos previsto. ¿Serán cosas de la edad?

Capítulo 1: La cita

Entonces En aquellos felices tiempos (los 30, sí, lo eran, aunque no lo supiéramos entonces), la alegría era algo tan simple como una llamada de teléfono. "¿Te apuntas?". "¡Of course!". Cogías el bolso, y a la calle. A los 40 "Es inexcusable, ¡tenemos que vernos!". "Bien, ¿por dónde empezamos?". Veamos, agendas fuera. "El jueves no, tengo una cena, el viernes está fuera de cuestión terreno familiar y hay un congreso la semana que viene...".

El intercambio de e-mails y whatsapps acaba convertido en un chat a 50 voces en el que nadie entiende nada. Es como esos culebrones en los que dejas de ver unos capítulos y la trama sigue idéntica. Hay un momento en que, incluso, te asaltan viejos rencores... Pero la sangre no llega al río. Finalmente, se fija una fecha: el miércoles dentro de cuatro semanas. O sea, en 23 días exactamente.

Esperemos que Nadja no tenga que viajar a Chicago, como amenaza su jefe, ni Andrea se líe con el cierre del proyecto, ni esa tarde tu agotamiento sea tan insoportable que te quedes dormida frente al ordenador... Pero, ¡no! Son tus viejas amigas, ¿recuerdas? Las que conocen todo de ti, ¡con las que quemaste los garitos del centro cientos de viernes por la noche!

Capítulo 2: El sitio

Entonces Donde pillara. Si era la barra de un bar con bocatas de calamares, mejor. A los 40 El lugar elegido es uno de los últimos gastrobares de moda (no te atreves a decirlo, pero gastro te recuerda inevitablemente a la sala de exploración de un hospital, ¿serás la única?). La ventaja de quedar con más de un mes de antelación es que se puede reservar fácilmente. Por ese lado, los tiempos van acompasados.

Y cuando una es una profesional de cierto nivel, madre de familia, al día y con ganas de disfrutar de la vida, el decorado es importante: primero, porque ya no estamos para comer cualquier cosa en cualquier sitio (hemos vivido y probado mucho y eso nos ha hecho exigentes); y, segundo, porque todas tenemos ya un cierto standing, ¿no? ¡Alguna ventaja tiene aburguesarse!

Un ambiente delicadamente iluminado, ramos de brezo en las mesas, copas del tamaño adecuado para el vino, música a tono... Y, por supuesto, aparcacoches (eso, imprescindible). Podremos sacarlo a colación en la cena con los cuñados... Perfecto.

Capítulo 3: La llegada

Entonces Cada una a su ritmo, ¡teníamos toda la noche por delante! A los 40 A pesar de la temprana reserva, el nuevo the-place-to-go está petado y la mesa, en la zona de paso de los camareros hacia la cocina... Bueno, ¡lo importante es estar con las amigas! Pero la irritación va en aumento: la impuntualidad cada vez más difícil de perdonar convierte la llegada de algunas asistentes en una película de suspense.

Antaño llegar tarde era solo eso, sin más excusas, pero hoy está justificado por las reuniones de último minuto, inevitables atascos en hora punta o las cien cosas que has aprovechado para hacer en ese hueco tonto antes de la cena. Y todas nos hacemos cargo. Resultado: la comanda se demora una hora, entre disculpas, abrazos y secas indirectas del jefe de sala.

Capítulo 4: El menú

Entonces Unas patatas bravas entre caña y caña (y los churros de retirada...). A los 40 Pedir es algo tan sencillo y estimulante: mirar una carta, elegir lo que más apetece... Pero eso era en otro tiempo. La iluminación de moda es más bien escasa, hasta el punto de que no es posible distinguir las propuestas culinarias con claridad, incluso utilizando las gafas de cerca (que todas necesitamos ya).

El camarero, con aire de comer-aquí-es-un-acto-intelectual, expone con solemnidad varias sugerencias. Es inútil, porque las comandas, tal y como las hemos conocido, han pasado a la historia. Lo que acontece, mientras el camarero-filósofo permanece agenda en ristre, es más propio de un coloquio entre graduados en análisis clínicos. Andrea acaba de descubrir que es intolerante a la lactosa, y lo anuncia como quien se ha caído del caballo en su camino a Damasco.

Nadja ha decidido, de motu proprio, prescindir del gluten, la verdadera causa de todos los males del cuerpo, del alma y del medio ambiente. "Todas deberíais dejarlo", apostilla. El resto: "Siempre cenamos poco". Resultado: ensalada de brotes sin aliñar de primero, verduras a la piedra de segundo y menos mal una botella de Cabernet Sauvignon, aunque solo dos la prueban. El pato marinado con jengibre de Corea y frutos normandos, que has considerado por un momento, es obvio que está fuera de lugar.

Capítulo 5: La conversación

Entonces Ellos, ellos, ellos y ellos. A los 40 ¿Es realmente una conversación entre amigas del alma que se ven tres veces al año lo que se desarrolla a continuación? La intolerancia a la lactosa resulta ser un tema lleno de imprevistas conexiones y variantes. Las detalladas descripciones del funcionamiento gástrico ¿no había dicho que lo de gastro me sonaba a hospital? de nuestra otrora alocada compañera de excesos nos llevan por el camino de las confidencias fisiológicas.

Aparecen úlceras, alergias, insomnios, estreñimientos ¿dónde quedó nuestro pudor?, sin contar los diversos regímenes alimenticios no adelgazantes y sus múltiples ingredientes, contraindicaciones, rutinas... La cosa termina con un entusiasta intercambio de teléfonos y tarjetas cuando traen los tés verdes.

Capítulo 6: La cuenta

Entonces ¡Compartimos! A los 40 Claro, ¡también compartimos! Pero el entusiasmo ahora significa: “¡Por fin podré llegar a casa y ponerme las pantuflas!”. Sí, son tus amigas, las que lo saben todo de ti, a las que matarías por defender ante quien fuera…, pero ya al segundo vino, has sentido ese inconfundible picor en los ojos tras una jornada demoledora.

Y te viene a la cabeza el desayuno que mañana te espera a las ocho en un hotel de las afueras. ¡Y pensar que casi te tomas un gin-tonic tras la cena! Ahora solo piensas en coger un taxi cuanto antes. Ya dentro del vehículo repasas la velada: sí, estamos estupendas, pero demasiado liadas. El tiempo pasa, la vida se complica... ¡Son los 40, querida!