Todo llega

Mi historia puede que sea clásica y no muy original, pero creo que más de una de nosotras ha podido vivir la misma situación.

Todas sabemos las ganas que tienen las adolescentes por llegar a ser mujeres, y para ello, no hay nada como cuando te compras el primer sujetador. Si, ese sujetador que en verdad no sujeta nada, porque señoras y señores, tienes quince años y la tabla de planchar a tu lado tiene protuberancias. Pero tu estás ahí, en la tienda, con tu madre, con esa dependienta que te enseña esa camisetita corta de tirantes que ella denomina "sujetador deportivo". Y tú, aunque deseas esos sujetadores fantásticos de encajes y tules que no rellenas ni con todo el relleno de papel higienico ni pañuelos de tu abuela que tienes en casa, lo deseas, porque desde que eras una cria, le decías a tu madre: "Mamá, cuándo voy a tener tetas", y ella te contestaba: "Cariño, come mucha miga de pan que eso te las hará engordar".

Para ti, no es un sujetador deportivo, es TU SUJETADOR. En definitiva, lo tienes, y esa prenda que te aprieta el cuerpo te hace sentir mujer, aunque sea de algodón y no sea lo que te esperabas. Te lo compras y lo llevas por la calle con orgullo; parece que hasta la gente te mira diferente.

Un sujetador, en definitiva, un sujetador, algo que hoy con la edad que tengo veo como una prenda habitual y útil, que uso a diario,en aquellos tiempos significaba muchisimo más, era tu símbolo de femineidad, aunque nadie lo viera. Era la manera de sentir que todo cambiaba y al fin serias quien tomara las decisiones de tu vida.

Después, tras ese sujetador compras otro, y vas creciendo, y vas cambiando, y te vas dando cuenta que tu cuerpo muta, la naturaleza te dota de lo que tanto ansiabas, el relleno natural que se escondia, algo oculto que hasta bien entrados los 20 no se desvela. Y entonces experimentas con todos, los de aros, los sexys con encajes, los deportivos que de verdad aguantan... con todos.

Hasta te atreves con los maravillosos wonderbra, porque ahora si, ahora sí que te ves mujer en el espejo. Porque ahora sí que te miran, te miran porque tienes un buen pecho que lucir, no te lo imaginas. Pero es curioso, incluso ahora, que tengo casi los 30, el mero acto de ponerme el sujetador es un ritual que me encanta. Quizá sea porque se hiciera tanto de rogar, quizá porque esa parte de nuestro cuerpo nos hace sentir muy mujeres. Por eso a todas esas chicas jóvenes que tienen quince años y tienen aquel ansia que yo tenía, les diria: "Comed miga de pan, porque funciona".