Mi primer sujetador

Recuerdo que fue todo un trauma. ¡Yo no quería ponerme sujetador! Con casi 12 años, ya tenía que ponérmelo porque no había más remedio, aquello crecía y a mí me pesaban cada día más, yo era una de las chicas más desarrolladas de mi clase, bueno con la excepción de la “Martínez” (cambio su apellido por razones obvias de confidencialidad), pero ella era el furor de la clase, una clase con 9 niñas y 30 niños que por supuesto estaban muy interesados en la evolución del crecimiento de las carnes femeninas

Recuerdo que mi madre me dejo un conjunto muy mono encima de mi cama, un sujetador azul claro de rayitas diagonales que se abrochaba delante a juego con unas braguitas… Yo miraba con recelo al conjunto que amenazaba con acabar con mi niñez de una vez por todas y no sabía que hacer, me lo probaba o no me lo probaba… Para colmo, yo asistía a clases de ballet, y claro era la que tenía más pecho de todas, para variar…

Como pueden comprender, debajo de un maillot de bailarina, el sujetador queda horroroso, y sin él ya no quedaba bien ese maillot de niña adolescente que no está hecho para acomodar los "bultos" de las féminas más desarrolladas o de mujeres hechas y derechas… Dilema… Qué hacer, con cada salto de sotex aquellas malditas botaban y empezaba a sentirme incómoda, sentía que todas me miraban al escote y yo quería ser plana cual tabla, como el resto de mis compañeras…

A medida que crecí algunas de mis amigas siguieron siendo "tablas" hasta bien entrada la recta final de la adolescencia y ellas querían tener lo que yo prefería disimular. Así es la vida, otros quieren lo que a ti te sobra… Finalmente con los años he aprendido a convivir con ellas, y a quererlas, por supuesto y a regalarlas todo tipo de cómodos y apreciados accesorios de ropa interior que ellas agradecen.