Mi primera vez

A los trece años, todas nos sentimos mujeres, nuestro cuerpo va cambiando, nuestros contornos, nuestras formas, nuestros deseos empiezan a florecer, empezamos hacernos visibles para los hombres, tu primer piropo, como aquella tarde que paseaba por la calle con mi amiga, y una voz que salía de un coche, vociferaba, " Guapa" mirándolo, yo, con incredulidad, y él me decía " Si, a ti, morena".

En ese momento, pasé de niña a mujer. Aquel piropo me hizo mujer, una mujer que todavía no usaba sujetador, pero mujer, para mi ese año fue el más duro, por que, para mí, lo más importante era usarlo, aunque no tuviera pecho, todas mis amigas tenían una cantidad considerable, y ya lo usaban, mi madre se negaba, que su niña, aquella larguirucha, desgarbada, que no hacia más de un año que dejaba de jugar con su mejor amiga, la Nancy, necesitara sujetador..., pero yo sentía que lo necesita, que transformaría mi vida, y me sentiría más segura,.
 
Mis amigas tenian un tema en común en el cual yo no podía participar, como eran, los colores, los tamaños, sin tirantes, con tirantes, con rellenos, sin rellenos, las marcas, en esos momento yo me volvía a sentir niña, esa niña, que ya no quería ser, esa niña que sintió ese piropo, como la mujer que empezaba a crecer en ella.

Una tarde de invierno, lluvioso y triste, decidí quitarle a mi madre, solo por un día, un sujetador, grande, antiguo y estropeado, que ella no usaba, y no tuve otra cosa, que rellenar todo aquello con papeles, de periódico, y marcharme así al colegio.

Me puse un jersey de cuello vuelto, mi abrigo azul marino, y mis mocasines marrones. La lluvia era fuerte e insistente, y mi paraguas pequeño y infantil, con dibujito de los teleñecos, no tapaba las protuberancias, que sobresalían de él, el tamaño de mis pechos periodísticos, que era de una 100 en un cuerpo de una niña de 13 años.

Con la lluvia y la prisa por que llegaba tarde, entré a la clase; el profesor de Matemáticas, ya estaba explicando las primeras ecuaciones, hubo un silencio, el profesor paró un momento, mientras yo me quitaba el abrigo y me sentaba. Yo en esos momentos, no reparé en mis pechos, hasta que la clase estalló en sonoras carcajadas al verlos.Me llegaban hasta el ombligo, los periódicos se habían mojado, destiñéndome, todo el jersey rojo, y siendo aquello un maremagnum de noticias imprimidas en mi sueter.

Acabé en el despacho de mi tutora, dando explicación de aquello. Ella decidió, ponerse en contacto con mi madre, para explicarle lo ocurrido; pensó que era importante que ella lo supiera.

Al mes siguiente, sin darme una explicación, mi madre y yo fuimos de compras. No me podía imaginar que esa tarde iba a ser tan fantástica. Compramos mi primer sujetador.
 
Fue una tarde, no de hija a madre, si no de mujer a mujer. La sentí más cerca de mí, que nunca, en esos momento, compartimos confidencias, nos reímos mucho probándomelos. Esa tarde cambio nuestra relación y encontré una gran amiga para siempre.

Estas líneas se las dedico a ella, porque aunque ya no esta conmigo, gracias a ella soy la mujer que hoy soy, una gran mujer como ella.

Gracias a los sujetadores, y a esas marcas y firmas, que cada vez piensan más en nosotras, podemos lucir unos escotes maravillosos, rellenar, subir, unir, separar, y modelar nuestros bustos, de una manera sublime, haciéndonos sentir más seguras y femeninas, realzamos trajes, camisas o camisetas, que con los sujetadores de antaño, no, nos quedarían igual. Gracias y mil gracias,marcas de lencería por vuestra colaboración a conseguirlo.