El Teatro Nacional, símbolo arquitectónico de Panamá

Madrid, 12 dic (EFE).- El Teatro Nacional, en el corazón del Casco Antiguo de la ciudad de Panamá, es con sus cien años de historia, una de los iconos arquitectónicos de la capital panameña y fiel representante del estilo neoclásico en boga durante la independencia del Istmo, a principios del siglo pasado. El primer centenario de su existencia se celebra este año con un programa de puertas abiertas que ha permitido que el primer escenario del país popularice el perfil de sus visitantes.

La construcción del Teatro Nacional de la capital panameña se ordenó en 1904, apenas un año después de que Panamá se convirtiera en una nación independiente y soberana, en el lugar que fuera ocupado por el antiguo convento de las Monjas Enclaustradas de la Encarnación, donde hasta 1862 se efectuaron representaciones públicas.

Sin embargo, no fue hasta el 1 de octubre de 1908 cuando fue inaugurado formalmente, coincidiendo con la toma de posesión de José Domingo de Obaldía, como presidente de la recién estrenada República.

Su estructura principal, diseñada por el italiano Genaro Ruggieri, tiene una arquitectura de teatro de opereta de corte italiano, y su platea y las dos áreas de anfiteatro forman una luna.

Desde que fue inaugurado, con la ópera "Aida" de Verdi, el Teatro Nacional ha sido anfitrión de las más importantes obras de América y Europa, como "Carmen" y "Lucía de Lammour", "Fausto", "Tosca" y la "Flauta Mágica".

Artistas de gran trayectoria internacional de todos los tiempos, como Tito Schipa, Tamara Toumanova, Amelia Galligurci, Pastora Imperio, y músicos como Calude Arrau, Gaspar Cassado, Gegor Piatigorosky, Alexander Brailousky y coros como el de los "Niños de Viena" y los "Cosacos del Don", han engalanado su escenario.

Ha sido casa favorita de las bailarinas Margot Fontayne, que estuvo casada con un diplomático panameño y vivió un tiempo en el país, y de Alicia Alonso, "prima ballerina" cubana que ha dicho siempre sentirse muy a gusto en este país que se parece al suyo.

De cosecha propia, Jaime Ingram y Eduardo Charpentier, pianistas panameños, han recibido los aplausos de su entendido público.

El actual director del Teatro, Milciades Murillo, declaró a Acan-Efe, sobre su aniversario, que además de su consolidada proyección artística, el Teatro Nacional es en sí mismo "una joya arquitectónica".

Su fachada conserva los elementos originales del estilo neo-clásico, con seis arcadas coronadas, que enmarcan las ventanas superiores y las puertas principales, que dan acceso al vestíbulo.

Dos magníficas esculturas que representan las musas de las letras y la música flanquean la entrada principal y sobre ellas, seis medallones en relieve rinden homenaje a Wagner, Shakespeare, Moliere, Rossini, Cervantes y Lope de Vega.

El primero y segundo piso del Teatro, que tiene capacidad para unos 853 asientos, están destinados a elegantes palcos de bruñidos barandales.

Según Murillo, el conjunto artístico se completa con la obra del pintor panameño Roberto Lewis (1874-1949), que se encuentra en la cúpula de la sala principal o plafón: "Nacimiento de una República", que evoca la independencia de Panamá, a propósito de la construcción del canal interoceánico que atraviesa el país, y que data de 1941.

El fresco, en descripción de los expertos, representa de manera alegórica la majestad de la patria al lado de Apolo, las musas y otros personajes de la mitología clásica.

A lo largo de estos 100 años, el Teatro Nacional ha sido un fiel testigo de los más importantes momentos de la historia de la joven República, que a penas cumplió sus cien años en 2003.

Ahora lleno de gloria, Milciades Murillo recordó el periodo de abandono que vivió el Teatro en la década del 50 y el subsiguiente cierre de sus puertas en los años 60, coincidiendo con el deterioro del Casco Antiguo, segunda fundación amurallada de la capital panameña, a favor de la expansión de la ciudad y la construcción de nuevas y modernas mansiones de las familias principales.

La restauración actual llegó entre 1971 y 1974, con una renovación total del mobiliario y la adecuada modernización de las instalaciones, con nuevos equipos de sonido, luces y aire acondicionado, tan importante y lujoso en el tórrido trópico.

La humedad, otro mal de esta latitud, incrementada por la cercanía del mar, el del Sur, que se abre a los pies del Teatro, había echado ya raíces y parte de la estructura original del edificio colapsó cerca del cambio de siglo.

Una nueva restauración obliga a cerrar las puertas del anciano Teatro entre 2001 y 2004 y bajo la dirección del experto estadounidense Anton Rajer se consolida la obra sin arriesgar las estructuras de los inicios de 1900 y su acabado pictórico.

Según informes periodísticos, las investigaciones de Rajer lo llevaron a Italia, donde consultó las memorias del arquitecto Genaro Ruggieri para conocer los códigos de pintura que se utilizaban en los teatros europeos de la época.

Durante los trabajos de reestructuración se rescataron piezas del Teatro, como apliques de

las paredes y unas verjas que datan de 1908.

Estos detalles, se habían cubierto, con el tiempo, con capas y capas de pintura, pasando desapercibidos a pesar de su valor artístico.

Concluido el trabajo, a tiempo para celebrar el centenario de la república que lo vio nacer, el restaurador aseguró que su obra podría durar "décadas o siglos", dependiendo del cuidado y mantenimiento que reciba.

Con la esperanza de contar "cien años más", el Teatro Nacional reivindica su derecho a destacar dentro del completo del Casco Antiguo de Panamá, declarado patrimonio cultural de la Humanidad por la UNESCO y protegido por esa distinción.

Por Nicolás Espinosa