La teoría Feingold ha comprobando cómo muchos problemas de comportamiento infantil mejoran con la supresión en la dieta de aditivos o sustancias sospechosas de provocar reacciones inflamatorias; y, también, con la inclusión de ciertas grasas y alimentos beneficiosos en el menú diario. Parece que existe una conexión del trastorno por déficit de atención con hiperactividad con ciertas alergias e intolerancias alimentarias.

Hace más de 30 años, el doctor Ben Feingold, alergólogo y pediatra norteamericano, desarrolló una dieta libre de aditivos (colorantes artificiales, potenciadores del sabor, conservantes...) y salicilatos (“parientes” del ácido acetilsalicílico, presentes en ciertas frutas y verduras). En su opinión, esta dieta podía prevenir ciertas alergias infantiles. Para su sorpresa –y la de los padres de los niños tratados– muchos de los menores que la siguieron no sólo mejoraron sus síntomas de alergia, sino que experimentaron cambios muy positivos en su comportamiento. Niños problemáticos, inquietos y con escasa capacidad de concentración y atención –signos del trastorno de déficit de atención con hiperactividad–, mejoraban en todos esos parámetros. Como es fácil de entender, esos padres se convirtieron en los mejores propagadores de la dieta Feingold.

La respuesta de la Pediatría “oficial” fue más tibia, incluso escéptica, desde el principio. En aquellos años, la idea de las alergias e intolerancias alimentarias y su relación con el comportamiento infantil no había “cuajado” totalmente. Por otro lado, una serie de estudios realizados para establecer la validez de las teorías de Feingold –a menudo no muy bien diseñados– dieron resultados contradictorios.

ZUMO CON COLORANTES

Así quedaron las cosas hasta que, hace un mes, un trabajo realizado por expertos de la Escuela de Psicología de la Universidad de Southampton (Reino Unido) puso de nuevo la dieta de Feingold en primer plano de la actualidad médica. Los científicos estudiaron los cambios en el comportamiento que experimentaban un total de 300 niños (un grupo de tres años y otro de entre ocho y nueve años) cuando tomaban, alternativamente y en sema- nas consecutivas, un zumo de frutas sin aditivos y el mismo zumo con dos combinaciones de colorantes que, además, contenían el conservante benzoato de sodio (muy utilizado en alimentación). Los zumos tenían el mismo aspecto y sabor y ni los padres ni los niños sabían si el de esa semana llevaba los aditivos o no. Cada semana, el comportamiento de los niños fue monitorizado según los estándares que se emplean para el diagnóstico del trastorno de déficit de atención con hiperactividad. ¿Resultados? Se comprobó que el comportamiento hiperactivo aumentaba los días que tomaban el zumo con aditivos, tanto en los niños con este trastorno como en los que no lo padecían. “Si bien algunos niños se vieron mucho más afectados que otros, el efecto fue innegable científicamente hablando”, indicaron los expertos.

QUÍMICA CEREBRAL

¿Son esos cambios en el comportamiento síntomas de una alergia alimentaria como sostenía Feingold o se deben a efectos de los aditivos en la química cerebral? ¿Qué aditivos presentes en el zumo fueron los máximos responsables de los cambios? Mientras los científicos aclaran estas y otras dudas, conviene retomar la teoría, cada vez más aceptada, de la conexión del trastorno por déficit de atención con hiperactividad con ciertas alergias e intolerancias alimentarias (e incluso con el asma y los eccemas).

Los médicos naturópatas y los pediatras especializados en nutrición, que desde siempre han estado más abiertos a la teoría Feingold, llevan años comprobando cómo muchos problemas de comportamiento infantil mejoran con la supresión en la dieta de sustancias sospechosas de provocar reacciones inflamatorias y, también, con la inclusión de ciertas grasas y alimentos beneficiosos.


EL "PROGRAMA FEINGOLD"

Al principio del tratamiento, se suprimen medicamentos como la aspirina y algunos alimentos ricos en salicilatos. Estos últimos son sustituidos por peras, plátanos y anacardos, con menor riesgo de alergias e intolerancias (los alimentos eliminados se reintroducen gradualmente). También se deben evitar: 
Los colorantes artificiales.
Los potenciadores sintéticos del sabor.
El aspartamo (un edulcorante artificial).
Los conservantes sintéticos BHA, BHT, TBHQ (son derivados del petróleo).