M i problema es que siempre tengo hambre; por eso nunca conseguiré estar delgada”. “Somos una familia de gordos y sé que mi batalla contra los kilos está perdida de antemano”. “He seguido decenas de dietas, y al final siempre he acabado con más kilos que al principio”. ¿Te reconoces en alguna de estas frases? Si es así, la solución a tus problemas de peso podría estar en la dieta de aporte proteico (DAP). Inés, toledana de 40 años, ha perdido con ella 11 kilos en 60 días, “sin pasar nada de hambre. Como premio adicional, ahora tengo una analítica de cine y me encuentro mejor que nunca”.

Como ella, muchas personas que creían que habían desarrollado una resistencia insuperable frente a todo tipo de planes de adelgazamiento se declaran defensoras de esta dieta, “que funciona y es segura si la sigues bien y durante el tiempo que te indica el especialista”, asegura.

¿Qué tipo de dieta es la DAP? ¿Por qué con ella se pierde peso sin pasar hambre? ¿Entraña algún riesgo? El dr. Eduardo Morejón, responsable de la Unidad de Obesidad y Nutrición de la Clínica Londres de Madrid y con una larga experiencia en el tratamiento del exceso de peso, nos explica los principios de esta dieta, que aplica en su centro: “Podríamos decir que está pensada para personas que tienen el tiempo en su contra y buscan una solución efectiva que garantice la pérdida de cinco kilos en 30 días (plan Moldea 5) o de 10 kilos en 60 días (plan Moldea 10), por supuesto siempre que cumplan las indicaciones del especialista”.

Más saciedad

“A mí me parece ideal para quienes, como yo, tienen problemas para seguir regímenes estrictos, porque no sientes hambre ni te notas decaída”, añade Inés. La explicación está en que reduce al mínimo el consumo de grasas (lípidos) e hidratos de carbono (glúcidos), al tiempo que mantiene un aporte elevado de proteínas de alto valor biológico (en una extensa gama de presentaciones, desde sopas a tortillas, pasando por pizzas, barritas, paella, albóndigas, mousses, repostería...). Por un lado, un aporte adecuado de proteínas asegura el mantenimiento de la masa muscular, además de aportar energía y favorecer un buen estado de salud. Por otro lado, la reducción de la ingesta de hidratos de carbono activa un proceso llamado “cetogénesis” –lo que nuestras abuelas llamaban acertadamente “tener acetona”–, que supone una gran ventaja terapéutica, ya que produce a la vez efecto de saciedad, cierta sensación de energía y euforia, y favorece la pérdida de peso.

Para resumir las explicaciones de los expertos, podríamos decir que las cosas suceden así: en una situación “normal”, el organismo consigue energía a partir de los hidratos de carbono (harinas, almidones y azúcares). En cambio, una persona que entra en situación de cetogénesis –lo que ocurre al reducir significativamente el consumo de hidratos de carbono– conseguirá la energía a partir de los cuerpos cetónicos, pequeños fragmentos de carbono que se producen cuando el organismo quema grasa corporal en vez de hidratos. Equiparando nuestro cuerpo a un coche, podríamos decir que, en la cetogénesis, el organismo deja de ser una “máquina quemadora de carbohidratos” y pasa a ser una “máquina quemadora de grasas”. En lugar de utilizar como combustible los hidratos de carbono –dejando intactas las reservas de grasa de la cadera, la cintura, los muslos...– convierte las reservas de grasa del organismo en su primera fuente de energía. El resultado es la pérdida de peso. “Por su innegable impacto sobre el organismo, la dieta de aporte proteico debe ser estrictamente controlada y vigilada por un médico especialmente formado sobre ella y debe aplicarse de forma personalizada”, aclara el dr. Morejón. “De hecho, está desaconsejada en personas con diabetes tipo I, arritmias cardiacas, problemas renales, osteoporosis y otros problemas graves de salud, además de embarazadas y lactantes. En cambio, aplicada adecuadamente, no conlleva riesgos en personas sanas. Los estudios lo demuestran totalmente”.

Mal aliento, irritabilidad, dolores de cabeza y náuseas son otros efectos derivados de la cetogénesis, que pueden evitarse siguiendo estrictamente las pautas del especialista, sobre todo respecto al mínimo de hidratos de carbono necesarios, que deben conseguirse preferentemente en forma de frutas y verduras. “Además de una eficacia inigualable en cuanto a pérdida de peso, la práctica clínica nos ha demostrado que una de las ventajas de esta dieta es que, por el riguroso aporte de proteínas, permite conservar la masa muscular y carece del temido efecto “rebote”, que ocurre cuando gran parte del peso perdido no es grasa sino agua y masa muscular”, aclara el especialista. También, al contrario que otras dietas, que pueden provocar flaccidez y deterioro cutáneo, la de aporte proteico aplicada de forma rigurosa y personalizada consigue un rejuvenecimiento cutáneo y un efecto de “esculturización”.

+ INFO

• Clínica Londres
: Madrid, Getafe, Barcelona, Ciudad Real, Murcia, Tarragona, Bilbao, Pamplona, Castellón y Sevilla. Telf. 902 123 366 y www.clinicalondres.com

• Clínica Ordás: telf. 91 343 14 32 y www.clinicaordas.com
 
Felicidad Carrera: telf. 91 435 17 24 y www.felicidadcarrera.com

• Alimentos proteicos Pronokal: www.pronokal.com.  

RESUELVE TUS DUDAS

¿Qué pruebas iniciales conlleva? Un médico especialista elabora un historial que incluye analítica completa y electrocardiograma. También se determina la grasa corporal (IMC), el metabolismo basal y el índice de masa corporal, y se plantean los niveles óptimos de grasa, masa muscular y agua en el paciente. Luego hay controles periódicos y un programa de reeducación alimenticia.

¿Cuánto tiempo puede seguirse y en qué casos está indicada? Entre cuatro y ocho semanas para perder entre 5 y 10 kg. Es un sistema que no debe alargarse más de 14 o 16 semanas y está indicada en sobrepeso I y II (con un IMC de 25 a 29.9).

¿Qué contraindicaciones tiene? No deben hacerlo menores de 16 años; pacientes con insuficiencia renal, hepática y/o cardiaca; hipopotasemia; arritmias cardiacas; accidentes vasculares; hemopatías; enfermedad psiquiátrica; embarazo y lactancia; y diabetes insulinodependiente.

¿Cómo es un menú diario? Los menús varían semanalmente. En las primeras fases se emplean productos (alimentos proteicos fabricados en laboratorio) cinco o seis veces al día, asociados a verduras y ensaladas, con infusiones entre horas. Luego se introducen alimentos naturales y se hace una dieta hipocalórica equilibrada.

¿Es importante el control? Muy importante, porque pueden producirse déficits nutricionales en micronutrientes, vitaminas, electrolitos... que se deben corregir.

¿Volveré a engordar después? No, si se respetan las pautas y hay un seguimiento médico.

¿Puedo aconsejársela a alguien? ¡No! Es una dieta estrictamente personal y puede estar contraindicada para otra persona.

¿Un último consejo? Los mejores resultados se obtienen uniendo a la dieta un programa de ejercicio adaptado a cada caso.

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