Tres mentiras piadosas que no te dejan perder peso

  • Si quieres perder peso, recuerda que ante todo está la sinceridad contigo misma. Te recordamos las tres mentiras piadosas o excusas que nos solemos decir o comentamos a nuestros allegados para justificar determinados comportamientos que no nos ayudan a conservar la línea. 

¿A quién quieres engañar? Si lo que quieres es ser fiel a tu dieta, evita decir o decirte a ti misma las tres mentiras piedosas que nos hacen perder la perspectiva a la hora de perder peso. Te damos tres alternativas para que cambies la excusa por una actitud activa y positiva.  

1. Solo como cuando tengo hambre. Cuando estoy llena, paro. Los nutricionistas mandan a hacer diarios de nuestras dietas justamente porque siempre creemos que comemos mejor y con mucha menos frecuencia. Sin embargo, no siempre comemos porque tenemos hambre. Hay razones emocionales y sociales que nos hacen comer sin que el cerebro nos haya enviado ninguna señal de apetito. Muchas veces comemos porque las circunstancias te obligan a comer o porque en una situación de bajón emocional, determinadas comidas actúan como una recompensa que nos hace sentir mejor.

Alternativa. La peor de reconocer que estás comiendo por razones ajenas al hambre es ser conciente de que estás sustituyendo otras necesidades por la comida. Y probablemente esas necesidades no tiene nada que ver con la comida. Pero una vez que identifiques esas carencias (ansiedad, problemas con tus relaciones personales, etc. ) y encuentres modos de solucionarlas que no tengan que ver con la comida, quizás, salir a caminar, correr, ir al gimnasio, etc, la reducción de peso será casi inmediata.

2. No soy una gran bebedora. Mucha gente que no suele beber durante la semana y que el fin de semana bebe más de cuatro copas en menos de dos horas cree que no clasifica como gran bebedor. Sin embargo, la mencionada proporción es considerada de riesgo por algunos nutricionistas, y merece que se tomen medidas para reducir el consumo de alcohol. Aunque solo se beba los fines de semana, si se hace en grandes cantidades, el impacto sobre el peso se hará sentir.

Alternativa: Muchas veces después de una noche de mucho alcohol sigue un día de dura resaca durante el que se comen más carbohidratos y alimentos hipercalóricos, ese día el cuerpo no está para ir al gimnasio y uno se queda tumbado en el sofá. Con lo cual el fin de semana se convierte en un tiempo de vía libre para engordar. Si consigies reducir el consumo de alcohol el viernes y el sábado por la noche, el resto del tiempo del fin de semana podrás continuar funcionando de modo normal, comerás más sano, y con un poco de suerte harás algo de ejercicio. El objetivo es evitar la resaca del día después.

3. Puedo comer lo que quiera porque entreno mucho en el gimnasio. A no ser que entrenes como un atleta de élite, muchas horas todos los días, esta máxima no se cumplirá y acabarás engordando. La mayoría de las personas tienen obligaciones y horarios que no los dejan entrenar más de tres días a la semana. Muchas veces nos creemos más activos de lo que realmente somos, pepro la realidad es que la mayoría pasamos la mayor parte de la jornada laboral sentados frente a un ordenador. Si comemos creyendo que somos capaces de quemarlo todo, estamos ante una gran mentira piadosa.

Alternativa: En lugar de comer lo mismo cada día de la semana, es conveniente trazarse un plan para ingerir menos calorías los días que no entrenamos y no gastamos energías. Es la única manera de mantener el peso bajo control.