Mientras la “raw food” se extiende entre las “celebrities” de Hollywood gracias a su promesa de una vida más sana, los expertos piden prudencia. ¿Son los alimentos sin cocinar amigos o enemigos de nuestra salud?

Demi Moore, Nathalie Portman y Alicia Silverstone tienen algo en común y no es su caché. Todas ellas han convertido su dieta en una forma de vida: son adictas al “raw food”, o lo que es lo mismo, a la comida cruda o cocinada, como mucho, a 40 ºC. Algunas, como la intérprete de “Cisne negro”, además son veganas: no ingiere nada de origen animal. ¿Una ocurrencia extrema? 

Puede que sin el presupuesto de una “celebrity” y un cocinero particular sea complicado seguir esta dieta sin desesperarse en dos días, pero también es cierto que los expertos en nutrición cada vez le ven más ventajas a que incluyamos en nuestros menús más verduras crudas o poco cocinadas para aprovechar todas sin virtudes. Dos de estas expertas nos ayudan a discernir qué hay de cierto y qué de falso sobre la comida cruda para que la incluyas en tu dieta con sentido común.


 

La comida cruda es más ana

-Verdadero y falso

“Al cocinar las verduras se produce una pérdida de vitaminas, minerales y enzimas. Por esta razón podríamos pensar que es más sano comer los alimentos crudos, pero también hay que tener en cuenta que al cocinar otros, como la carne, conseguimos un efecto conservador y que sean más agradables al gusto”, explica Elena Velázquez Canales, nutricionista del centro V Nutrition Consulting de Madrid. ¿Cuál sería el punto de equilibrio aconsejable? La recomendación es tomar un mínimo de cinco verduras y frutas al día. Y que al menos dos sean verduras y una de ellas esté cruda. 

Los vegetales crudos provocan hinchazón 

-Depende.

Algunos sí, y otros, no tanto. De hecho, la finalidad de cocinar las verduras es digerirlas mejor. Las fibras que contienen estos alimentos son moléculas no digeribles por nuestro tubo digestivo, al llegar al intestino son fermentadas por las bacterias intestinales y esto provoca gases. Al cocinarlas, estas fibras se degradan y, al llegar al intestino, ya no fermentan de la misma manera y la producción de gases es menor. ¿La solución? Selecciona para tu ración diaria de verduras crudas las que sabes que te sientan bien. Si notas que la lechuga “te hincha”, prueba con la rúcula, los canónigos, los berros, las espinacas... 

Se digieren mejor con una vinagreta 

-Verdadero 

El vinagre contiene minerales y ácidos que ayudan a la digestión. Y, lo mejor de todo, una buena vinagreta garantiza que la ensalada se convierte un ritual diario: “El aliño aporta sabor. A él se le puede añadir especias que poseen sus propios nutrientes, muchos de ellos antioxidantes. Y si, además, aprendemos a hacerlos con pocas calorías, son todo ventajas. Por ejemplo, una cucharadita de mostaza diluida en vinagre de manzana y con un poco de aceite de oliva enriquece cualquier ensalada”, explica la dra. Carmen Gómez Candela, jefa de la Unidad de Nutrición Clínica del Hospital Universitario La Paz. 

La ensalada de bolsa no es sana 

-Falso 

“Las verduras y frutas envasadas, llamadas de “4ª gama”, no llevan conservantes, de ahí que su vida útil sea tan corta. Además, mantienen las propiedades de los productos frescos ya que solo han pasado por procesos de lavado y troceado”, explica Elena Velázquez. 

Es mejor no quitarles la piel 

-Verdadero 

Tanto la piel como la pulpa son ricas en vitaminas, minerales y fibra. En algunos casos, como por ejemplo el de las zanahorias, eliminarla no es una gran pérdida y las hace más digeribles. Pero, en otros, es mejor comerlas con piel tras un lavado exhaustivo. 

Fruta, ¿antes o después de las comidas? 

-No podemos olvidarnos del otro pilar de salud en estado crudo que podemos aportar a nuestra dieta: la fruta, de la que hay que tomar, al menos, tres piezas al día (dos enteras y otra en zumo). Pero ¿cuándo es el momento adecuado para disfrutar de estas bombas de vitaminas? 

-¿Es verdad que tomadas después de las comidas engordan? ¿Es cierto que es mejor no consumirlas por la noche? “Desde hace años, escuchamos falsos mitos como estos. Pero la fruta nos aporta el mismo contenido calórico se tome como postre, como primer plato, en el desayuno o en la cena. No importa el momento del día en el que se ingiera. Hay personas que tienen más sensación de pesadez, inflamación o gases, pero eso depende de cada individuo. Por lo que cada persona deberá aprender y conocer qué le sienta mal o qué fruta en particular le provoca más pesadez”, explica Elena Velázquez. 

-A lo que la dra. Gómez Candela añade otro consejo: hazlo como te sea más fácil. “Cuando se hacen recomendaciones a la población, hay que ser respetuoso con su cultura gastronómica y nosotros siempre hemos tomado la fruta como postre. Y así es como nos gusta hacerlo. Quien justifica hacerlo antes de la comida suele alegar que así se come menos, pero esto no ha sido demostrado por ningún estudio. Lo que no debemos perder de vista es el objetivo. 

-Hay que comer fruta, da igual cuándo. Si no la quieres de postre, tómala a media mañana y a media tarde. Por eso es tan importante insistir en comer cinco veces al día, porque a lo mejor es el momento para ese lácteo o esa pieza de fruta para la que no encuentras el hueco adecuado en las comidas principales. Si no comemos cinco veces al día, realmente es muy difícil completar las tres piezas de fruta diaria, las tres de lácteos, las dos de verdura...', concluye esta experta.