¡Cuidado! Tu flora intestinal te puede engordar

  • Las bacterias que pueblan tu tracto intestinal parecen tener mucho que ver con el exceso de peso y otros riesgos para la salud.

Dieta, ejercicio y genes son los tres protagonistas en el escenario de la obesidad. La explicación es sencilla: cuanto más comemos (más calorías sumadas) y menos nos movemos (menos calorías gastadas), más grasa almacenamos, en una ecuación muy influida por nuestra genética. Pero, como bien saben los expertos, esa teoría no ayuda a explicar todos los casos de obesidad.

Ahora, a este trío se ha unido un nuevo actor: los billones de bacterias que viven en nuestro intestino y que conocemos como flora o microbiota intestinal. Todos los humanos sanos nacemos libres de gérmenes. Poco después de nacer, un sorprendente universo de microorganismos empieza a desarrollarse en nuestro tracto intestinal. Al llegar a la edad adulta, el intestino humano puede albergar hasta 100 billones de estos seres. Un número 10 veces superior al del total de células del cuerpo humano.

Este inmenso universo bacteriano establece con nuestro organismo una relación de simbiosis
y ambos nos beneficiamos de dicha asociación. Los beneficios de la flora intestinal son muchos y variados:

  • Ayuda a fermentar alimentos que somos incapaces de digerir por nosotros mismos.
  • Inhibe el crecimiento de bacterias perjudiciales.
  • Estimulan el sistema inmunitario.
  • Producen sustancias beneficiosas. 

El relevante papel de las bacterias intestinales en tantos sistemas llevó a muchos investigadores a sospechar de diferencias en la flora intestinal entre personas obesas y delgadas. Los descubrimientos derivados de sus estudios están ahora cambiando muchos dogmas en torno a la obesidad. “En los últimos cinco años hemos visto que la microbiota intestinal puede influir en el desarrollo de enfermedades metabólicas como la obesidad y la diabetes tipo 2, patologías inflamatorias y cardiovasculares y hasta en el riesgo de cáncer”, explica el dr. Javier Gómez Ambrosi, del Laboratorio de Investigación Metabólica de la Clínica Universidad de Navarra y el CIBER de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición.

 Bacterias más eficientes

Un estudio con ratones realizado en la Universidad de Washington (EE.UU.) ha demostrado, por ejemplo, que la flora intestinal de la microbiota de los ratones con obesidad tiene un número mayor de un tipo de bacterias (firmicutes) y un número menor de otro tipo (bacteroidetes).

En los ratones delgados
, sin embargo, la distribución de ambos tipos de bacterias, que también colonizan al intestino humano, era la opuesta: más bacteroidetes que firmicutes. Pues bien, esa flora particular de los ratones obesos tiene mayor capacidad que la de los delgados para extraer energía de los alimentos que ingieren. Dicho de otro modo: consigue más calorías con la misma dieta.
 
Estudios posteriores han corroborado las mismas diferencias en la flora intestinal de los humanos. “Esas investigaciones han demostrado que los genes de la microbiota intestinal de los sujetos con sobrepeso suponen una mayor eficacia a la hora de obtener energía a partir de los alimentos. Al conseguir un mayor ahorro energético, permiten que se acumule más energía en el organismo en forma de grasa corporal”, explica el dr. Javier Gómez Ambrosi.

Un hallazgo especialmente interesante es que estas alteraciones en el equilibrio de la flora intestinal revierten tras la pérdida de peso, tanto si dicha pérdida es consecuencia de tratamiento quirúrgico (cirugía bariátrica) como si es efecto de la dieta, e independientemente del tipo de régimen que se siga.

Según Gómez Ambrosi, “estas evidencias permiten pensar que la introducción de cambios en la composición de la flora intestinal podría convertirse en una nueva herramienta para el control del peso”.

 Prebióticos y probióticos

 El tipo de nutrientes que componen la dieta también influye en la flora intestinal.
Por ejemplo, si es alta en grasas puede aumentar la proporción de bacterias productoras de endotoxinas y generar “endotoxemia metabólica”, una situación que promueve la obesidad. “En cambio, consumir prebióticos (alimentos funcionales que contienen elementos no digeribles, como la fibra) estimula el crecimiento de bacterias intestinales beneficiosas y podrían ser eficaces en el tratamiento del sobrepeso por su efecto saciante y regulador del peso”, afirma el experto.

En cuanto a los probióticos
(alimentos con bacterias vivas, como el yogur), se piensa que podrían tener efectos positivos, pero aún no hay estudios que confirmen su capacidad para modificar la flora intestinal de forma que ayude a regular el peso corporal. “La ciencia está empezando apenas a describir la miriada de gérmenes que conviven en nuestro organismo y a establecer las consecuencias de esa simbiosis –concluye el dr. Gómez Ambrosi–. Estamos ante un nuevo universo con insospechadas implicaciones”.