El cuerpo humano es bastante “tiquismiquis” en esto de la temperatura ambiental, hasta el punto de que enferma menos (e incluso razona mejor) con determinados valores. Un estudio de la Universidad John Hopkins (EE.UU.), que podría aplicarse a España, revela que la “temperatura de mortalidad mínima” (TMM) corresponde a valores de entre 18º C y 21º C en el norte de aquel país y de entre 24º C y 32º C en el cálido sur. De acuerdo con ese estudio, los sureños son más vulnerables al frío y su mortalidad aumenta cuando el mercurio desciende por debajo de su TMM. En cambio, quienes viven en el norte son más sensibles al calor y allí se producen más víctimas si las temperaturas ambientales sobrepasan la media establecida.

LA TEMPERATURA APARENTE

Pero el termómetro no es el único baremo para lo que definimos como calor. Ahora se habla más del índice de calor (IC), o temperatura aparente, que indica cómo nos sentimos cuando se combinan altas temperaturas con diferentes grados de humedad ambiental. Por ejemplo, en ambientes muy húmedos, temperaturas que apenas superen los 26º C pueden alterar parámetros fisiológicos y generar síntomas como calambres, mareos, náuseas, vómitos, desmayos... Incluso pueden provocar la muerte.

Los bebés y los niños pequeños, los ancianos, las personas obesas, los diabéticos, los enfermos mentales, los alcohólicos, los pacientes con problemas cardiacos y las personas en tratamiento con antidepresivos, tranquilizantes o diuréticos son algunos de los que deben extremar la vigilancia ante el calor.

Otro grupo de riesgo menos obvio son los jóvenes de vacaciones. Salen a beber por la noche (el alcohol favorece la deshidratación) y llegan por la mañana a la playa, donde pasan horas bajo el sol, a menudo durmiendo. Para muchos, la siguiente tumbona está en las urgencias de un hospital. Allí a menudo coinciden con otros que, obsesionados por su forma física, hacen deporte en las horas de más calor.

Y es que los problemas comienzan cuando nuestro sistema termorregulador se ve superado: sudamos, pero el sudor no se evapora debido a la humedad ambiental, y si no nos hidratamos y refrescamos, el cerebro puede verse afectado.

AGOTAMIENTO O COLAPSO

• Es el problema más común. Suele darse tras varios días calurosos, a menudo en personas que hacen esfuerzos físicos y no se hidratan bien.

• Los síntomas. Sudor abundante, palidez, calambres musculares, debilidad, náuseas y vómitos, mareos, desmayos, piel fría y pegajosa, respiración rápida y dolor de cabeza fuerte.

• Cómo actuar. Lo primero que hay que hacer es ingerir agua o bebidas isotónicas. Un baño o ducha con agua fresca y descanso son altamente recomendables. Si los síntomas son muy severos o el afectado tiene problemas cardiacos o hipertensión arterial, hay que conseguirle atención médica cuanto antes.

GOLPE DE CALOR

• Si el colapso por calor no se trata, puede derivar en un golpe de calor. Es una situación muy seria y se produce cuando el sistema termorregulador del organismo se ve superado y la temperatura corporal se dispara en 10 y 15 minutos a 40º C o más. Si no se trata inmediatamente, puede provocar daños multiorgánicos e, incluso, la muerte. A veces, no hacen falta temperaturas muy altas: puede darse con 30º C o menos, por hacer deporte o esfuerzos excesivos y prolongados.

• Los síntomas. Temperatura corporal que llega o supera los 41º C, ausencia de sudor, piel roja, caliente y seca, pulso rápido, dolor de cabeza pulsátil, náuseas, confusión y alteración de la conciencia que puede provocar incluso el coma.

• Cómo actuar. Hay que llamar inmediatamente a urgencias indicando la sospecha de golpe de calor. Mientras llega la ayuda, hay que trasladar al afectado a un lugar fresco y a la sombra. Para bajar cuando antes la temperatura corporal, cualquier método sirve: compresas húmedas, ducha con agua fresca, envolver al afectado en sábanas mojadas...En cambio, no conviene dar líquidos a una persona que sufre un golpe de calor. Si está vomitando, es necesario volverle de costado para evitar que se ahogue.

CALAMBRES

• Se producen por espasmos musculares, a menudo en el abdomen, los brazos o las piernas, cuando existe un déficit de sodio en el organismo. Pueden ocurrir después de haber sudado mucho, a menudo tras hacer esfuerzos físicos a pleno sol o en ambientes calurosos.

• Cómo actuar. Lo primero es dejar lo que estamos haciendo y buscar la sombra y el fresco. Enseguida, hay que rehidratarse con bebidas isotónicas (o bien con agua, con una pizca bicarbonato y unas gotas de zumo de limón) y no salir al exterior en las próximas horas, aunque cedan los calambres. Un nuevo esfuerzo podría derivar a un colapso o, aún peor, en un golpe de calor. Si los calambres no ceden, es imprescindible llamar al médico. También hay que buscar atención médica si el afectado tiene problemas cardiacos o sigue una dieta baja en sodio (sal).

ERUPCIÓN

• Se produce por exceso de sudor. Es más común en niños y adolescentes, pero puede aparecer a cualquier edad. Las zonas más afectadas son el cuello, la parte superior del tórax, las ingles, debajo de los pechos, detrás de la rodilla...

Cómo actuar. La mejor prevención es mantener la zona siempre limpia y seca, y evitar el empleo de cremas, porque pueden impedir que la humedad se evapore y empeorar la erupción.

CLAVES PARA PROTEGERTE

Bebe mucha agua y líquidos, aunque no tengas sed.

• Evita la cafeína, el alcohol y los refrescos azucarados.

• Mantente a la sombra el mayor tiempo posible.

• Lleva prendas amplias, de tejidos naturales y colores claros. Viste al bebé con tejidos muy ligeros y, si tienes que sacarlo a la calle, llévalo con sombrilla y busca la sombra.

• Si sales, hazlo en las primeras horas del día o al anochecer.

• Cómprate un ventilador para mantener el aire en movimiento (aunque tengas aire acondicionado).

• Si no tienes aire acondicionado en casa, vete al cine, a unos grandes almacenes, a casa de alguna amiga o familiar que lo tenga...

• Deja el ejercicio para días más frescos y no hagas esfuerzos innecesarios.

• Para un alivio rápido del calor, bebe agua fresca y aplica toallitas mojadas en la cara, la nuca, las axilas, las ingles, la parte posterior de las muñecas y rodillas...

• Manténte al tanto de las alertas meteorológicas y sigue los consejos que den.

• Preocúpate por vecinos y familiares ancianos.

• Asegúrate de que tus animales de compañía tengan agua suficiente y manténlos a la sombra. No dejes jamás solo a un animal en un coche y menos aún al sol.