En qué consiste. Se trata de una prueba neurofisiológica. Registra la actividad eléctrica que se genera en el tejido muscular. Si el nervio está afectado varían los impulsos eléctricos que éste transmite.

Para qué se usa. El electromiograma permite determinar la gravedad de una lesión o la actividad de un nervio concreto. Además, ayuda a localizar la zona exacta de la dolencia.

Cómo se utiliza. Es similar a una sesión de acupuntura. Se practican numerosos pinchazos que llegan a ser muy molestos. El especialista introduce una aguja con un electrodo en el músculo que se va a tratar y de esta forma la actividad queda registrada en un monitor. Tras realizar la prueba, se recomienda al paciente que permanezca unos días en reposo, ya que los músculos quedan doloridos y, en ocasiones, puede dar la sensación de que han perdido la fuerza.

Cuándo se realiza. Este exámen no es muy frecuente. Sólo se suele recurrir a él cuando es realmente necesario y el único que lo puede solicitar es el neurólogo. En los casos que está indicada es por ejemplo, cuando el dolor es duradero, (es decir, cuando se mantiene durante más de tres semanas), en neuropatías diabéticas… En aquellas personas que sufren problemas de coagulación debe realizarse con especial cuidado.