Virus, bacterias, alergias y hasta enfermedades de transmisión sexual pueden provocar conjuntivitis. Te mostramos cómo proteger tu vista de estos enemigos.

Sólo hay una cosa que tienen en común la gripe, un día de esquí, la primavera, el maquillaje, tu ordenador y un contacto sexual sin protección. La respuesta es que todas y cada una de esas cosas pueden producir conjuntivitis.

Seguramente dices conjuntivitis pensando en una enfermedad concreta, cuando lo que nombras es un síndrome: la inflamación de la conjuntiva, esa membrana transparente (esclerótica) que recubre el blanco del ojo y el interior de los párpados. Y es que la conjuntivitis puede tener muchas causas, cada una con su tratamiento. “Aunque en la mayoría de casos, no entraña problemas visuales a largo plazo, conviene recordar aquello de que “tenemos dos ojos para toda la vida” y acudir al especialista a tiempo, para descartar causas de conjuntivitis que se puedan complicar y puedan conllevar pérdida de visión”, señala el profesor Miguel Ángel Zato, vocal de la Sociedad Española de Oftalmología (SEO), director del Instituto de Ciencias Visuales y jefe del Servicio de Oftalmología del hospital de la Zarzuela en Madrid. Muchos motivos

Hay diferentes motivos que pueden enrojecer tus ojos. Los más comunes son: 
Virus. Como los causantes del resfriado o la faringitis e, incluso, el virus del herpes zóster (responsable de la varicela).
> Bacterias. Como las que provocan la gonorrea o las clamidias (enfermedades de transmisión sexual), los estreptococos y los estafilococos.
Alergenos. Polen, ácaros del polvo, moho, materiales sintéticos (incluidos los de las lentes de contacto desechables)... pueden provocar conjuntivitis alérgica en personas sensibles a ellos.
Agentes irritantes. Pueden ser humos, sustancias volátiles presentes en productos de limpieza, ingredientes de cosméticos y perfumes...
Cansancio visual. Si existe algun defecto de refracción o como el que producen muchas horas delante del ordenador.
Exceso de exposición al sol. Un ejemplo típico es la “ceguera de las nieves”,síndrome muy incapacitante que se da en esquiadores, incluso por quitarse las gafas de sol que filtran los rayos UV durante periodos cortos de tiempo.
Ojos secos. La escasa producción de lágrimas (como ocurre en personas de edad, en la enfermedad de Sjögren –una patología autoinmune–, y en casos de déficit de vitamina A) conlleva sensación de cuerpo extraño en los ojos, escozor, legañas y conjuntivitis.

Qué puedes hacer
“Ante un caso de conjuntivitis, conviene realizar un examen ocular al paciente, para descartar problemas de visión. Si observamos síntomas de infección (secreciones oculares, hinchazón del párpado, enrojecimiento del ojo, etc…), tomamos una muestra del interior de la conjuntiva mediante un bastoncito de algodón, para analizarla en laboratorio e identificar el germen causante de la misma, –explica el dr. Zato–. Dependiendo de la causa (infecciosa, alérgica o de otro tipo) señalamos el tratamiento”. Éstos son los más habituales que se aplican en cada caso:

Si es una infección bacteriana. Este tipo de conjuntivitis suelen producir secreciones purulentas y espesas, y se trata con antibióticos, ya sea en forma de gotas o pomadas, que se aplican en el interior del párpado, siguiendo las indicaciones del médico. Como en todas las enfermedades infecciosas, las conjuntivitis bacterianas exigen medidas de higiene escrupulosas para evitar el contagio. La infección mejora a la semana de tratamiento.

Si es de origen viral. Un culpable muy frecuente es el virus del resfriado. Muy contagiosa, la conjuntivitis viral requiere unas medidas de higiene rigurosas, lavándose las manos a menudo y evitando compartir con otras personas ropa de cama, toallas y objetos personales.

Si es consecuencia de una alergia.
Este tipo de conjuntivitis mejora al evitar el alergeno al que esté sensibilizado el paciente y con el tratamiento que indique el especialista (antihistamínicos...).

Si es por agentes irritantes. Lo primero es identificar el que provoca la irritación ocular para evitar que aparezca el problema. Pero si ya se ha producido el contacto, para calmar la irritación hay que lavar los ojos con agua durante cinco minutos. La irritación por contacto con un agente ácido o alcalino (como la lejía), es una urgencia médica y requiere atención inmediata, acude a tu médico.

Por “síndrome del ordenador”. Muchas horas con la vista en la pantalla y apenas sin pestañear se cobran su precio en forma de cansancio visual y ojos rojos. Para evitarlo, concédete descansos cada 30 minutos (procura parpadear y fijar la vista en puntos lejanos en ese rato). Las lágrimas artificiales son un buen aliado, lo mismo que una buena hidratación bebiendo agua a menudo. También existen gafas especiales que mejoran el confort visual ante el ordenador.

Ceguera de las nieves. El tratamiento se basa en analgésicos, parches oculares para evitar la luz y antibióticos para prevenir la infección, que es la complicación más frecuente en estos casos.

Si es por ojos secos. El tratamiento depende de la causa subyacente, pero las lágrimas artificiales ayudan.