Pruebas específicas para la insuficiencia renal crónica

Si el médico sospecha que el paciente sufre una insuficiencia renal crónica pedirá que le hagan análisis para ver los niveles sanguíneos de urea, creatinina, hemoglobina y calcio; los niveles en orina de albumina y una radiografía (si sospecha que existe retención de líquido en los pulmones).

Para confirmar los resultados, puede solicitar otro tipo de pruebas diagnósticas con ultrasonidos, un escáner o una resonancia magnética. Estas técnicas permiten ver la estructura interna de los riñones y detectar posibles obstrucciones. En casos excepcionales también se pide que se realice una biopsia renal al paciente.

Si el enfermo padece diabetes, pedirá, además, un análisis de los niveles de proteína en la orina (microalbuminuria).

RIESGOS EN EL EMBARAZO

• El embarazo y la insuficiencia renal crónica sugieren importantes complicaciones. ¿Por qué? Porque los riñones se ven obligados a realizar un esfuerzo extra para gestionar el aumento de líquidos que se produce durante la gestación.

• Ese esfuerzo añadido puede generar, en el organismo de la futura madre, hipertensión y tasas elevadas de productos de desecho en sangre.

• Ambas alteraciones afectan no sólo a la embarazada sino también a su hijo: la hipertensión puede reducir el aporte de sangre a la placenta (lo que incide en el desarrollo del feto).

• A su vez, las tasas altas de productos de desecho son también nocivas para el bebé.

• Además, las embarazadas con insuficiencia renal crónica tienen mayor riesgo de sufrir preeclampsia, un peligroso aumento de la tensión arterial acompañado de la eliminación de proteínas por la orina y de retención de líquidos. Si no se trata de forma inmediata, puede provocar hemorragias en el cerebro, el hígado o los riñones e, incluso, resultar fatal.