Oímos hablar de colágeno y pensamos en envejecimiento cutáneo. No vamos desacertadas. La producción de colágeno –ese “pegamento” que mantiene unidas todas nuestras células, incluidas las de la piel– se reduce notablemente a partir de los 35-40 años. En lo referente a nuestro cutis, este descenso significa más arrugas, mayor descolgamiento y flacidez, en definitiva, la pérdida del aspecto jugoso y saludable de la juventud. El proceso es progresivo. A los 50 años, la reducción supera el 15%. A los 70, alcanza el 30%.

¿Soluciones? Hoy por hoy, la lista de propuestas incluye desde cremas con colágeno a rellenos inyectados, varios tipos de láser, el botox, la cirugía estética... En realidad, ninguna de estas soluciones aborda directamente el origen del problema: la disminución de la producción de colágeno. Pero ahora, los investigadores del antienvejecimiento parecen haber descubierto el papel que tiene en el envejecimiento en general, y en el cutáneo en particular, un mineral esencial completamente olvidado: el silicio, que ayuda a sintetizar la sustancia que mantiene unidas nuestras células y, en definitiva, que mantiene unido nuestro organismo.

Han debido de recordar súbitamente que, cuando los niveles de silicio son suficientes (lo que ocurre en la niñez y la juventud), la piel se muestra firme y elástica, los ojos brillan, el pelo está lustroso, las uñas y huesos son fuertes... En cambio, el déficit de este mineral tiene las mismas consecuencias que el descenso del colágeno que ayuda a sinterizar: envejecimiento cutáneo y problemas de salud. Son precisamente esos niveles reducidos de colágeno los que explican, entre otras cosas, por qué actividades y movimientos que antes hacíamos sin pensar, como correr o saltar, de repente con el paso de los años nos resultan dolorosos.

No sólo se trata de piel

Trazas de este mineral están presentes en cada órgano y célula de nuestro organismo. Las concentraciones más altas se dan en los cartílagos, la aorta, los vasos sanguíneos, el bazo, la piel y el cabello. Los investigadores han comprobado sus virtudes. Entre otras, una dieta que contenga este mineral:

Previene la alopecia. Numerosas investigaciones asocian la pérdida de cabello con una dieta pobre en nutrientes. Pero si contiene este mineral se estimula, no sólo el crecimiento del cabello, sino también su espesor y fuerza.

Fortalece los huesos. No sólo actúa con otros minerales para favorecer su desarrollo y mantenimiento, además, mejora su flexibilidad y ayuda a que las fracturas curen antes.

Mantiene la tersura de la piel. Evita el descolgamiento, las arrugas, restaura el lustre y previene problemas como el acné.

Aporta brillo a la mirada. Una dieta que lo incluya se traduce en unos ojos más brillantes y luminosos.

Evita la caries y protege las encías. Endurece el esmalte, lucha contra las caries y previene la parodontitis, una enfermedad de las encías causante de la pérdida de piezas dentales.

Cuida de los vasos sanguíneos. Reduce la formación de la “placa arterial” responsable de la aparición de trombos y fortalece todos los vasos sanguíneos.

Ayuda a prevenir la hipertensión. Las personas cuyas dietas incluyen dosis suficientes de silicio tienen menor riesgo de desarrollar hipertensión que las que no lo hacen.

Evita el insomnio y el vértigo. Trastornos del equilibrio, insomnio, migraña, tinnitus (pitidos en el oído)… mejoran con silicio.

Previene la impotencia sexual. Al evitar el estrechamiento de los vasos sanguíneos encargados del “llenado” del pene (necesario para la erección).

Defiende las mucosas. Ejerce un papel protector frente a enfermedades relacionadas con las membranas mucosas, como la tuberculosis y ayuda a la curación de las heridas.

Combate los efectos tóxicos del aluminio. Las personas con Alzheimer tienen niveles altos de aluminio en el cerebro, pero el silicio puede prevenir su absorción.

Mejora la memoria. El déficit de este mineral puede afectar a la memoria y otras capacidades cognitivas y aportes suficientes ayudan a mejorarlas.

Fortalece las uñas. Mejora su calidad e integridad y ayuda a prevenir infecciones.

Algo más que hacer dieta

¿Es posible conseguir suficiente silicio sólo a través de los alimentos? Los nutricionistas afirman que no. Casi todos los compuestos de este mineral contenidos en los alimentos son silicatos, que no son absorbidos. Sólo el ácido ortosicílico –presente en la cerveza, algunas aguas y en plantas como la cola de caballo– pasa a la membrana celular. Pero ahora, los científicos han conseguido combinar el ácido ortosilícico con el aminoácido colina para obtener nutrisilicio, altamente absorbible. Su acción regeneradora en la estructura del pelo y las uñas ha sido demostrada. La industria cosmética no ha tardado en hacerse eco y empezamos a ver productos con esta sustancia. Por ejemplo, los laboratorios Oenobiol han lanzado Oenobiol & Cabello y Uñas, un tratamiento de comprimidos con nutrisilicio, que definen como “un generador oral activo de colágeno y constructor de la queratina”. Según el laboratorio, los resultados (aumenta el diámetro y la resistencia del cabello y las uñas) se ven a partir de los tres meses de tratamiento.

FUENTES NATURALES

El silicio es el segundo elemento más abundante en el planeta, tras el oxígeno. Normalmente lo encontramos en forma de sílice (dióxido de silicio), formando cuarzo, arena y otras rocas... Una de las mejores fuentes de silicio que existen es la cola de caballo, una planta medicinal con larga tradición en España. Otras son las nueces de Brasil, la alfalfa, las algas azules y verdes, los cereales integrales, la cerveza, la soja y algunas aguas minerales.

Una fuente tradicional de silicio eran las aguas de grifo “duras” (ricas en minerales), pero el uso de sales de aluminio en los distintos procesos de potabilización han eliminado las pequeñas cantidades de este mineral que contenían en condiciones normales.