Valentín Fuster: "La niñez es la peor etapa para ignorar la obesidad"

  • El más prestigioso cardiólogo del mundo está empeñado en acabar con la obesidad infantil. En esta entrevista exclusiva nos cuenta cómo.

El doctor Fuster tiene un objetivo claro: reducir los factores de riesgo de la enfermedad cardiovascular, en especial, el de la obesidad en los niños. En ese empeño vital, este cardiólogo ha conseguido cosas imposibles para otros, como convencer a la mitad de las empresas del IBEX 35 para formar parte de una Fundación (Pro CNIC) que respalde financieramente proyectos de fomento de la salud; involucrar a países enteros (como el de la isla de Granada) en la prevención de esta enfermedad; y hasta cambiar la dieta de los personajes de “Barrio Sésamo” para que los niños tengan referentes saludables.

Con una sonrisa abierta, a pesar de su apretada agenda, nos recibe en su amplio despacho del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares dispuesto a explicarnos que la salud empieza en el plato.

Mujer hoy. Instalar hábitos saludables desde la infancia es su gran mensaje. Por eso hizo que los personajes de “Barrio Sésamo” aparecieran haciendo ejercicio y cambiaran los hidratos por frutas.


Valentín Fuster. Los mensajes que reciben los niños son muy importantes y la conducta como adultos tiene muchísimo que ver con el ambiente que hemos vivido en la infancia. Si los mensajes son equivocados, nos alimentamos mal y tenemos exceso de peso a esa edad, es muy probable que sigamos manteniendo el sobrepeso durante la edad adulta. Estamos hablando de un riesgo muy grave. La obesidad es el principal factor de riesgo de enfermedad cardiovascular, diabetes tipo 2, hipertensión...

¿Qué podemos hacer? Porque las tasas de obesidad infantil son de récord.


El problema es que el niño consume demasiadas calorías y apenas se mueve. Ya no juegan en la calle y eso es antinatural. Los pequeños se han desarrollado jugando en el exterior desde el principio de los tiempos. Esa sería la primera receta.

Además la dieta de nuestros abuelos era más saludable y variada…


Era saludable, sobre todo, por lo que no contenía: ni grasas trans, ni exceso de hidratos refinados y azúcares, ni exceso de calorías o de sedentarismo. Justamente las causas de la actual epidemia de obesidad.

Se habla de “comida rápida”, pero quizá tendríamos que decir “comida fácil” porque pasamos menos tiempo en la cocina.


A los niños les gusta lo que favorece la obesidad, sobre todo pizzas, bollería, pasta... precisamente lo más fácil de preparar para los padres. Por eso estamos empeñados en enseñar a los niños a cocinar y a ampliar su “carta” de alimentos y su paladar, con más variedad de frutas, verduras, legumbres, pescados... De hecho, nuestro Proyecto SI! (Salud Integral) incluye clases de cocina en los colegios. Siempre he echado de menos que no me enseñaran a cocinar. Creo que la cocina debería ser una asignatura más en el programa escolar.

Algunos padres van a sentirse un poco culpables al leer todo esto…


No quiero que los adultos se vuelvan neuróticos, hay que convertir los mensajes negativos en positivos: “Mira la oportunidad que tienes; piensa que tus hijos tendrán mejor salud en el futuro si influyes positivamente en ellos ahora”. Una herencia de hábitos saludables es lo mejor que podemos dejar a un hijo. Justamente con esa idea, el Proyecto SI! incluye cuatro pasos: conocer cómo funciona el cuerpo; qué es una nutrición adecuada y variada; el valor del ejercicio físico y, por último, cómo controlar las emociones.

¿Por qué es necesario aprender a controlar las emociones desde la niñez?


Porque resulta vital para prevenir las adicciones, por ejemplo, a las drogas, al tabaco y para evitar ser manipulable o influenciable. Un niño vulnerable desde el punto de vista emocional tendrá problemas para negarse a lo que le propongan otros, aunque sea perjudicial para él.

Sus inicativas parecen necesarias si pensamos que un 25% de nuestros niños tiene sobrepeso. Pero da la impresión de que no comprendemos la gravedad de esta cifra.

Me pregunto a menudo hasta qué punto los estresados padres de hoy prestan auténtica atención a sus hijos. Por eso veo tan urgente explicar las consecuencias de la obesidad en la salud presente y futura del menor. Me gustaría recordar a los padres que la niñez es la peor etapa de la vida para que la obesidad sea ignorada.

Pero usted está obteniendo resultados. Se comentan comentan mucho los cambios en los hábitos que está consiguiendo en la población de Colombia.


El proyecto se llama “Hábitos saludables para toda la vida”, y se creó en 2006. Estamos actuando con niños de tres a seis años, una etapa esencial en la fijación de conductas. La meta no es solo prevenir la obesidad infantil, sino también difundir pautas saludables para que, cuando sean adultos, su conducta sea la que han aprendido durante la infancia.

¿Y qué objetivos se están cumpliendo?


Tras solo un año de intervención, con tan solo 6.000 niños, el impacto ya es sorprendente. Sobre todo, nos asombra la influencia que tienen para que los padres adopten costumbres sanas.

No son los padres los que influyen en los niños, sino al contrario…


Los mensajes de los menores tienen un impacto colosal en su entorno y hay que aprovechar ese potencial. De hecho, dentro de pocos días vamos a aplicar esta misma iniciativa en España, comenzando por Madrid y Cataluña. Ya tenemos un proyecto piloto desarrollado.

Pero además de creer en el poder de los niños, es obvio que también confía en el poder de la sociedad. Me refiero a su proyecto en la isla de Granada, en el Caribe.


Granada es un país con 100.000 habitantes, que ha pasado de una economía rural a una economía de desarrollo y, paralelamente, a una alimentación y un estilo de vida cada vez más occidentalizado. La consecuencia: las tasas de obesidad, hipertensión y otros factores de riesgo se han disparado. En Granada, partimos de una teoría, y es que los adultos no cambiamos, solo lo hacemos por la presión externa o por imposición legal. El proyecto se basa en la idea de que el apoyo de la comunidad puede ayudar a establecer conductas saludables.

¿Cómo es ese proyecto?


Es una iniciativa científica. Hemos dividido el 10% de la población de Granada en grupos de 20 individuos y estos, en dos grupos de 10. En un grupo estamos interviniendo y en otro no, y luego lo hacemos al revés. Los 10 individuos se apoyan unos a otros en tres aspectos: prevención de la obesidad, tratamiento de la presión arterial y ejercicio físico. A los otros 10 se les dice lo que tienen que hacer, pero uno a uno, no en grupo. Se trata de comparar los resultados en ambos colectivos. Nos basamos en el principio que usa, por ejemplo, Alcohólicos Anónimos: el apoyo de la comunidad.

Hablando de buenas costumbres, ahora se reflexiona mucho de cómo los horarios desordenados influyen en el riesgo de obesidad infantil. ¿Qué opina al respecto?


Que todo es una manifestación del caos, del desorden general. Vivimos en una sociedad cada vez mas acelerada. Y los padres intentan compaginar trabajo y familia yendo a lo fácil, dejando que los niños decidan en materia de alimentación y sin respeto a los horarios. Una decisión basada en la comodidad, no en la responsabilidad. Los niños no pueden comer cualquier cosa a cualquier hora porque es malo para su salud presente y futura.