Apnea infantil, ronquidos en la cuna

  • A veces nuestros hijos nos dan la noche porque roncan, o peor aún, dejan de respirar unos segundos mientras duermen. Este trastorno del sueño es más habitual de lo que pensamos y puede ser peligroso. ¿Sabes detectarlo?

Cuando Hugo tenía dos años, su madre notó que por las noches roncaba un poco e incluso dejaba de respirar unos segundos. Decidió llevarle al médico y el diagnóstico fue claro: apnea infantil. Hugo forma parte desde entonces de ese 4% de la población entre los dos y seis años que sufre trastornos durante el sueño.

Pero, ¿en qué consiste esta dolencia? La apnea es una situación en la cual, durante la noche, el niño deja de respirar algunos segundos, en concreto el tiempo que durarían dos ciclos respiratorios, y dependiendo del número de veces que se producen esas paradas y del grado de obstrucción de la garganta, "se valora la severidad de la enfermedad", explica el dr. Alex Ferré, experto en Trastornos del Sueño de la Clínica Quirón de Barcelona. "Existen tres tipos de apnea: la central, en la cual no hay esfuerzo respiratorio; la obstructiva (la más común en niños), donde existe esfuerzo respiratorio, pero no flujo de aire porque la vía aérea alta está cerrada y, por último, la mixta, en la que inicialmente no existe esfuerzo respiratorio, pero posteriormente sí aparece”, aclara el dr. Antonio Salcedo Posadas, jefe de la Unidad de Neumofisiología y Pruebas Funcionales del Hospital Gregorio Marañón. Y si bien existen varios factores de riesgo, como la obesidad, anomalías del cráneo y cara o enfermedades del sistema nervioso, "la causa más frecuente es la desproporción que se produce durante el sueño entre el diámetro de la vía aérea superior (laringe y garganta) y las amígdalas y/o adenoides, conocidas propularmente como vegetaciones", explica el dr. Gonzalo Pin Arboledas, coordinador del Grupo del Sueño de la Asociación Española de Pediatría (AEP).

La apnea suele aparecer cuando inciden varias características anatómicas o anomalías, como tener una faringe con unos músculos débiles, una lengua de un tamaño excesivo, un tejido en el paladar demasiado grueso, unas vías respiratorias superiores muy estrechas o una desviación del tabique nasal, aparte del sobrepeso, algo poco habitual, en principio, en los más pequeños. Pero en los niños las vegetaciones son la causa más común de estas interrupciones en la respiración. Las adenoides son unas glándulas que todo el mundo tiene al nacer y que forman parte del sistema inmunológico durante la infancia. Están situadas en la garganta, justo detrás del paladar, y durante los primeros años de vida aumentan de tamaño, estimuladas por las distintas infecciones que se sufren en esta etapa. Pero, en la adolescencia, desaparecen. El problema surge cuando crecen más de lo normal, provocando trastornos del sueño.

Graves consecuencias

No se puede hablar de una edad concreta de aparición de la apnea del sueño, aunque todos los expertos coinciden en afirmar que de los dos a los seis años las posibilidades son mayores. También se muestran de acuerdo a la hora de reconocer las consecuencias que acarrea su aparición: "A corto plazo, irritabilidad, dificultad para concentrarse o cambios de humor", afirma Pin Arboledas. Para Salcedo Posadas también son destacables "los retrasos en el peso y la talla, además de los problemas de aprendizaje y de comportamiento". A largo plazo, la apnea infantil puede asociarse con un aumento del riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares como hipertensión arterial, hiperglucemia y hasta infartos de corazón y cerebro. De ahí que haya que acudir al especialista ante la más mínima sospecha de que algo sucede durante las horas de sueño del niño. Porque, además, puede agravarse y empeorar otras enfermedades ya existentes como el asma, la rinitis alérgica o el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH). Y puede complicarse aún más si la apnea la sufren pequeños con problemas de base neurológicos y neuromusculares, exceso de peso, prematuros o con deformidades óseas.

Llegados a este punto, la pregunta que se hacen todas las madres es si puede prevenirse esta enfermedad, y la respuesta es no. "Evitar la apnea es difícil porque además tiene un componente familiar importante" , ratifica Pin Arboledas. El aumento del tamaño del tejido de las vegetaciones está producido por el cuerpo del propio niño y las enfermedades que pueda padecer, por lo que su formación es impredecible. 

Intervención sencilla

Lo que sí se ha descubierto recientemente es que la incidencia de la apnea infantil ha disminuido desde que se recomienda que los bebés duerman boca arriba en lugar de  boca abajo: se ha pasado de un caso ente 1.000 a uno de cada 2.000. Pero si prevenirla es casi imposible, una vez descubierta, la solución es sencilla: la intervención quirúrgica. O lo que es lo mismo, la famosa operación para extirpar las anginas sigue siendo necesaria. 

A veces se opta por el tratamiento con medicamentos, aunque solo sirvan para eliminar la infección que provoca la inflamación excesiva de las adenoides, pero son incapaces de no reducir su tamaño. Por todo ello, la operación suele ser la opción más utilizada. La duración de la intervención oscila entre los 10 y los 20 minutos, se realiza con anestesia total y el cirujano accede a los adenoides directamente por la boca. Se lleva a cabo un legrado (limpiado) exhaustivo y se controla el sangrado. Normalmente se da el alta a las pocas horas y los padres reciben del especialista, el otorrinolaringólogo en este caso, una serie de cuidados que se deben tener en los primeros días, como una dieta especial y algo de medicación.

No hay ningún problema por extirpar "antes de tiempo" las vegetaciones, puesto que al tratarse de algo que el propio organismo hace desaparecer, su eliminación anticipada no supone un trastorno. De hecho, no hacerlo en la infancia siendo necesario puede acarrear problemas y traumas al crecer, teniendo serios problemas de garganta y apnea del sueño en adultos, más difícil de curar que en los niños. En los casos en que la operación no es posible porque existan problemas craneales graves se recurre a otras soluciones, como a la ortodoncia con dispositivos de avance mandibular o a usar una mascarilla que insufla aire mientras el niño duerme, el tratamiento más utilizado en adultos. 

Un abordaje interdisciplinar

Los especialistas médicos han publicado un documento de consenso sobre la apnea del sueño infantil. Según este texto, en España, el Síndrome de apneas-hipoapneas durante el sueño (SAHS) es una patología altamente prevalente en la edad infantil. "Desde hace unos años, se ha realizado un esfuerzo considerable por parte de diferentes colectivos científicos en la difusión, conocimiento y unificación del tratamiento del síndrome, aunque es remarcable la dificultad que supone su diagnóstico y terapia", explica el neumólogo Joaquín Terán, coordinador del Área de Sueño de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR). El documento evidencia que el SAHS en el niño es consecuencia de la asociación de diferentes causas por lo que el tratamiento debe basarse en factores distintos, tanto clínicos como terapéuticos. El 47% de los pacientes sufren, además, problemas conductuales y de aprendizaje, disminución del rendimiento escolar, fragilidad emocional, trastornos de déficit de atención y situaciones que afectan gravemente la calidad de vida del niño y de la familia.

Los 10 síntomas de alarma

  1. Frecuentes despertares durante la noche.
  2. Posición anormal en la cama con la cabeza hiperextendida o fuera de la cama. 
  3. Ronquidos, al menos, tres noches por semana durante, como mínimo, tres semanas al mes.
  4. Pausas respiratorias durante un corto periodo de tiempo seguido por ronquido, jadeo o despertar.
  5. Sudoración nocturna.
  6. Sonambulismo o terrores nocturnos.
  7. Rechinar de dientes.
  8. Enuresis (hacerse pis en la cama).
  9. Por el día, el niño está irritado e intranquilo.
  10. Dolores de cabeza frecuentes y problemas escolares de concentración.