Abuelos que miman... ¿demasiado?

  • Son las raíces que sujetan al árbol familiar. Por eso, por el bien de losniños, conviene solucionar los confl ictos entre generaciones.

Quien ha tenido la suerte de disfrutar de sus abuelos sabe el tesoro que se esconde en los cimientos de su vida. Estos familiares proporcionan a los niños una seguridad diferente a la que aportan los padres. Su amor es el refugio más seguro y cariñoso que solemos tener en nuestra infancia.

Pero algunas veces pueden aparecer enfrentamientos entre padres y abuelos, porque los primeros consideran que los segundos miman demasiado a los niños y estropean la educación que les dan. Este tipo de sentimientos conviene resolverlos, ya que son conflictos entre adultos que solo perjudican a los niños.

Los abuelos están, entre otras tareas, para mimar a sus nietos, en la medida que puedan hacerlo. Ahora bien, nunca deben actuar en contra de la opinión de los padres y si lo hacen deben explicarlo. Los progenitores, por su parte, no deben sentirse incómodos porque sus mayores actúen de forma diferente a la suya.

APOYO SIN CRÍTICAS. Lo que se da a los nietos es un amor que organiza el mejor egoísmo posible, porque los abuelos quieren sin condiciones, dan sin pedir nada, el amor que se recibe de ellos es el más desinteresado que se puede encontrar.

"Ya he avisado a mis hijos de que seré una abuela que mimará a sus nietos", dice Inés a una amiga. Inés acaba de ser abuela y está muy ilusionada. "Bueno, ya verás cuando te dejen al niño y después te digan que lo malcrías", responde su amiga. "No creo que tenga problemas con ellos. Mis hijos son responsables y no pienso criticar a mi nuera. Nunca les llevaré la contraria, pero sí quiero tener la posibilidad de disfrutar con mis nietos y mimarles cuando me apetezca. Ahora les toca a ellos educar y a mí quererles. Necesitan mi apoyo y no mi crítica. Y les ayudaré, en lo que pueda, pero disfrutando con mis nieto", explica Inés. Mientras decía esto, la recién estrenada abuela recordaba la buena relación que tuvo con la suya, con la que vivió bastante tiempo y que se convirtió en un refugio cuando no se entendía con su madre.

Ser abuela permite elaborar psíquicamente el hecho de haber sido madre. Ahora bien, si se guardan conflictos con la madre puede suceder que se rivalice con la nuera, incluso con la propia hija. Entonces no se disfruta del lugar de abuela. Cuando se protesta de esta condición, es porque se hacen cargo demasiado de los nietos y les miman en contra de los padres y no a favor de la relación que tienen entre ellos.

AMOR INCONDICIONAL. El nieto no es un hijo y no tiene que serlo. Cuando una abuela mima a su nieto refiriéndose a que ella le da lo que no le da su madre, está sufriendo una lucha interna contra el deseo inconsciente de querer quitarle a la madre su función. Si la abuela se siente querida, enfrentará mejor la vejez y podrá disfrutar de su lugar. En caso contrario, puede llegar a chantajear o competir por el amor de los pequeños. Los abuelos han sido padres, pero esta experiencia, a veces, no es garantía de ayuda. Si han tenido sentimientos de inferioridad y no han podido resolver complejos infantiles, tratarán de compensarlo con sus nietos y es entonces cuando aparecen los problemas, porque rivalizan con sus propios hijos.

Una situación difícil se plantea cuando la abuela quita autoridad a la madre, aunque si esta actúa segura de sí misma, su autoridad no se verá mermada. A solas con el niño, conviene que le aclare la diferencia de puntos de vista con su abuela, debido a que pertenecen a distintas generaciones. La maternidad es conflictiva, el amor es más ambivalente, porque es más dependiente. Los padres están para educar, para reglamentar. Los hijos les obedecen por amor, pero también sienten rabia a veces contra las inevitables restricciones que la educación impone, se preguntan si los padres les querrán si son como ellos quieren, etc.

Sin embargo, el sentimiento de los abuelos no es ambivalente, han superado las tensiones que se tienen con los padres y entonces solo queda el amor tierno, llano, sin altibajos. El abuelo es el representante del padre, está ahí como una contención familiar, para que se cuente con él y para relatar la historia familiar, le da al nieto una continuidad generacional que le coloca en el tiempo. La abuela puede ayudar en aquello que siempre ha hecho y que la madre hace ahora por sus hijos: comida, cuidados, etc. Si no ha conseguido vivir bien su maternidad, es más fácil que compita con su propia hija o con su nuera, algo a lo que las madres jóvenes son muy sensibles, pues lo que necesitan es sentirse seguras en su papel.

ACEPTAR AL OTRO. Esa necesidad es un resto de la infancia de los padres que sobrevive en la madurez. Ya se trate de dinero, de presencia o de consejos, los padres esperan de los abuelos lo que han esperado siempre de ellos desde su más tierna infancia. Que estén allí cuando tienen necesidad de ellos, que les ayuden y que les consuelen. También les piden que sean una autoridad, pero los padres que llegan a adultos quieren que la autoridad de los abuelos venga en apoyo de la suya, que les aprueben siempre en lo que hacen por el niño, porque delante de su hijo los padres se sienten un poco como niños.

La hija necesita que se le apoye en su papel de madre y en el ejercicio de la autoridad con sus hijos. Con su ternura, y explicando las razones que mueven a los padres, la abuela "suaviza" la percepción del niño de la autoridad paterna/materna y el niño se muestra más dispuesto a acatar las normas. La actitud más saludable que puede tener una abuela es la de ver a su hija como la madre de sus propios hijos, no como una menor que aún la necesita.

Para el nieto, lo más "útil" de una abuela no es el establecimiento de normas –ese papel corresponde a los padres–, sino sentir que ella le quiere sin condiciones, tal como es. Ese "amor de abuela" enseña al niño/a aquererse y respetarse. Insustituible e irrepetible relación. 

EVITAR ERRORES:

  • Las abuelas deben entender la fragilidad de las madres que pueden sentirse inseguras ante la educación de sus nietos. Y las madres deben reflexionar sobre la excesiva importancia que le dan al o que hacen las abuelas.
  • Los niños saben distinguir entre el amor a los padres y a los abuelos; es distinto y eso enriquece a todos.
  • Los abuelos deben comprender que los hijos no les pueden compensar de carencias de las que no son responsables. Y los hijos no deben abusar de los abuelos.
  • Para evitar rivalidades es necesario establecer claramente que la educaciónpertenece a los padres.
¿QUÉ PODEMOS HACER?
  • Los abuelos tienen el mejor papel: dar amor, sin poner en entredicho la autoridad paterna. Si el niño percibe opiniones distintas, los adultos pueden explicar que se deben a "diferencias de visión entre las generaciones". Así nadie desautoriza a nadie. Además, esta explicación tranquiliza al niño porque deduce que tiene la libertad de no pensar en todo como sus padres.
  • Los abuelos deben ser respetuosos con los padres y los hijos dejar que los abuelos actúen a su aire.
  • Los abuelos necesitan que se les tengan en cuenta, pero sin que se les exija más allá de lo que realmente pueden dar. Algunas abuelas, en su incapacidad de valorarse y de poner límites a esas peticiones, aguantan y viven con resignación lo que tendrían que disfrutar con placer. Esta actitud devalúa su papel ante los ojos de sus propios nietos. Por el contrario, una abuela segura, que vive plenamente su condición, transmite un mensaje de firmeza y esperanza.