Lo que pide el cerebro de un niño para desarrollarse bien es... amor

  • ¿Qué pasa por esa cabecita cuando me mira con ojos interrogantes? ¿Por qué hay momentos en los que desobedece de forma sistemática? ¿Cómo sé si le estoy educando bien, con límites y normas comprensibles? El cerebro emocional es la piedra angular sobre la que gira el pensamiento de un niño, según explica el neuropsicólogo Álvaro Bilbao, pero acercarse a su mundo interior requiere una cierta sensibilidad, habilidades de escucha y comunicación. 

Durante los seis primeros años de vida el cerebro del niño tiene un potencial que no volverá a tener. Por eso los expertos consideran necesario ayudar al niño a desarrollar todo su potencial intelectual y emocional, sobre todo en esa etapa. Desgranamos con la ayuda del Dr. Álvaro Bilbao, autor de 'El cerebro del niño explicado a los padres', las claves para acercar a los padres al mundo interior de sus hijos para que puedan contribuir a su desarrollo.

- Mujerhoy.com (Mh): Algunos padres se angustian pensando que no tienen el tiempo suficiente para ayudar a sus hijos a potenciar su desarrollo. ¿Qué consejos les daría para que logren aportarles tiempo de calidad? 

- Álvaro Bilbao (A. Bilbao): Es cierto que la cantidad de tiempo que los padres pasan con los hijos es importante, pero sobre todo lo es la calidad. Esa calidad se consigue a través de gestos sencillos, como poner el móvil en silencio mientras comemos o jugamos con nuestros hijos, contarles nuestras cosas para que ellos quieran compartir las suyas y también ser capaces de tumbarnos en el suelo a jugar con ellos, en lugar de enchufarles al televisor o a la tablet o pedirles, simplemente, que nos ayuden a preparar la cena. Aunque pasemos parte del día fuera de casa siempre hay tiempo al final del día para leer un cuento con ellos o pensar en un proyecto que queramos hacer juntos durante el fin de semana.  

- Mh: La falta de tiempo puede estar detrás de la dificultad para fijar límites o la incapacidad para motivarles... ¿Cómo se pueden poner límites sin dramas? ¿Qué otras alternativas al castigo recomienda?  

- A.  Bilbao:  Muchas veces el tiempo que pasamos con nuestros hijos se desgasta en discusiones, enfados y castigos. Sabemos que los castigos no son muy eficaces a la hora de enseñar buenos comportamientos y generan frustración tanto en los padres como en los niños. Por eso los límites son tan importantes. Un límite puesto de una manera clara, la primera vez que el niño hace algo que no debe, nos va a ahorrar muchas discusiones en el futuro. Poner un límite es un gesto de amor al igual que lo es dar un beso a nuestros hijos.

Para poner límites sin dramas sólo hacen falta dos cosas. En primer lugar una actitud clara y confiada; la palabra "no" es mágica y los niños la entienden a la perfección. Lo segundo que es necesario son normas claras. Las normas permiten al niño guiar su comportamiento, al adulto actuar con confianza y también establecer consecuencias que sustituirán a los castigos. Podemos recordar las normas si el niño se despista, ayudarles a cumplirlas si les falta fuerza de voluntad y por último aplicar las consecuencias si no las cumplen. Por ejemplo, una consecuencia natural puede ser que el niño que no apaga el videojuego cuando se lo pedimos no puede jugar con él al día siguiente. Es una norma natural, puesto que el niño que no es responsable con el uso de la tecnología no debería usarla.

La diferencia entre una consecuencia y un castigo puede parecer pequeña pero los resultados difieren mucho porque el cerebro aprende mucho mejor en clave de responsabilidad. Por eso los padres que manejan bien este tipo de situaciones no suelen necesitar echar mano de los castigos.  

- Mh: ¿Qué alertas en el comportamiento del niño indican si se está potenciando o no de forma correcta su desarrollo cerebral?

- A. Bilbao:  Cada niño es un mundo. No existen patrones estándar en el que todo niño deba encajar, pero si que hay unas pautas que sabemos que los padres con hijos felices aplican de manera consistente. Tienen contacto físico; les abrazan, les besan, les cogen de la mano o les sientan en sus rodillas. Les expresan cariño y reconocimiento con frecuencia. Les ponen límites de una manera consistente. Refuerzan los comportamientos positivos y les indican qué hicieron bien. Establecen conversaciones recíprocas en las que sus sentimientos y opiniones son valoradas (aunque no siempre sean las que prevalecen). Juegan y conversan con sus hijos de tal manera que estimulan su aprendizaje y finalmente ofrecen al niño responsabilidades que ayudan tanto a sentir confianza como a aprender de los errores.

- Mh: ¿Cuáles son las mejores herramientas para motivar las ganas de aprender de un niño? 

- A. Bilbao: A cualquier edad la motivación por descubrir, por aprender, son la mayor garantía de un desarrollo intelectual pleno. La curiosidad y la satisfacción del descubrimiento son los motores de las mentes brillantes. Para que estas facultades que están presentes en todo niño se conserven e incluso se potencien, podemos hacer cuatro cosas accesibles a cualquier padre. En primer lugar, respetar sus ritmos, dejar que el niño vaya descubriendo el mundo a su ritmo, sin quemar etapas. En segundo lugar permitirle que explore, que dibuje con libertad sin interferir. En tercer lugar compartir nuestras propias inquietudes (ya sean científicas, culinarias o deportivas). Finalmente ayudar al niño a desarrollar el amor por la lectura (ya que es la principal vía de aprendizaje). Para conseguirlo el mejor truco es sencillo leer con ellos cuando son pequeños y dejar tanto a los pequeños como a los mayores que elijan el cuento o libro que quieren leer cada vez. La curiosidad de cada niño debe seguir su propio camino.

- Mh: ¿Cómo se consigue que un niño sepa sembrar la felicidad desde la infancia?

- A. Bilbao: La felicidad se asienta desde la más tierna infancia en unas estructuras cerebrales muy primitivas que se encargan de dotar al niño de amor propio y confianza. Estas estructuras se desarrollan saludablemente en aquellos niños que han establecido una buena relación de apego con sus padres. Han sido cogidos en brazos, acunados, cantados, besados y cuidados con ternura. Una vez esas bases han sido bien asentadas podemos enseñar, además a desarrollar un estilo de pensamiento positivo. ¿Cómo? Facilitando que el niño sienta agradecimiento por lo que tiene. Ayudándole a saborear el momento (frente a consumir la vida a base de regalos, videojuegos y televisión que anestesian la capacidad de disfrute).

Hay dos trucos sencillos pero eficaces:

- Fijarnos en tres cosas positivas que hayan pasado a lo largo del día.

- Tener conversaciones positivas sobre una excursión o un viaje.

Por último, sabemos que los adultos que ayudan a los demás y que se sienten unidos a otras personas son más felices, por lo que cultivar los valores de la generosidad, el altruismo y la familia pueden ayudar a que el niño pueda sentir más bienestar en su vida adulta.