Niños seguros y responsables: Decálogo para fomentar la autonomía

  • Desde el primer año de vida el niño puede empezar a realizar actividades de forma autónoma, como caminar o coger objetos. 

Fomentar la autonomía desde los primeros años de vida es la base del aprendizaje. Hace que los niños se muestren más seguros de sí mismos y de sus capacidades a la vez que aprenden a asumir riesgos y a valorar sus posibilidades de éxito. Por su parte, un niño dependiente requiere de ayuda continua y tiene poca iniciativa, suele presentar problemas de aprendizaje y de relación con los demás. 

Ayudar a nuestros hijos a ser más autónomos es una tarea relativamente sencilla, ya que se trata de permitirles tomar decisiones y asumir responsabilidades. No tienen por qué ser grandes gestas, sino más bien, habilidades y tareas adaptadas a su edad como recoger, ordenar, comer solos, preparar su mochila… 

Reserva tiempo

 

La dificultad radica en ser conscientes de que tenemos que permitir que nuestros hijos se equivoquen a la vez que les dejamos hacer sus tareas. Las prisas son el mayor enemigo para fomentar la autonomía de los pequeños ya que, en numerosas ocasiones, no les damos tiempo para elegir o no les permitimos hacer sus tareas ya que cuando lo hacemos los adultos tardamos menos. 

En este sentido, debemos tomar conciencia de la importancia que tiene que los niños asuman sus responsabilidades y darnos tiempo para que lo hagan. Por ejemplo, si dejamos a nuestro hijo jugar antes de ir a las clases extraescolares, avísale con tiempo suficiente para que pueda recoger los juguetes antes de marcharos. De otro modo terminarás recogiéndolos tú y eso te hará sentir disgustada, tendrás que correr para llegar a las clases y el niño se acostumbrará a que tú lo hagas por él. Sin embargo, si 10 minutos antes de salir le indicas que ha llegado la hora de recoger tendréis tiempo para que quede todo en su sitio y para ir a las clases. 


Cada niño es diferente

Recuerda que cada niño es distinto y aunque tengan la misma edad, incluso aunque sean gemelos, su desarrollo es diferente y hay que respetar la evolución individual de cada niño. Si bien todos los niños pueden ser educados para ser independientes, en cada uno los resultados serán diferentes. Es importante conocer sus capacidades y comprobar el esfuerzo realizado, ofreciendo oportunidades para la experimentación, el acierto, el error y, por tanto, el aprendizaje. 

Es muy importante tener en cuenta la personalidad y las capacidades del niño ya que para fomentar la autonomía realmente necesitan que las tareas asignadas sean adecuadas a su edad y las metas sean realistas. De otro modo, la frustración de apoderará del niño al no poder alcanzar sus objetivos. 

La responsabilidad no surge de manera espontánea sino que es fruto de la educación y de la experiencia. Fomentar la autonomía desde niños favorece el pleno desarrollo de la responsabilidad de los pequeños. 

La constancia y el reconocimiento de los logros, así como la reflexión sobre los errores son las principales pautas para alcanzar resultados positivos. Además, no se trata de dejar a los niños solos y despreocuparnos, sino de permitirles retos que no entrañen riesgos, en los que podemos supervisarlos y, por supuesto, ofrecerles apoyo emocional en todo momento. 


¿Cuándo empezar?

Desde al año y medio podemos empezar a pedir a los niños sus primeros gestos autónomos. En general tienen que ver con su capacidad de movimiento y con el lenguaje. En este sentido, deben empezar a moverse sin ayuda, caminando solos y han de pedir lo que quieren o necesitan por su nombre, no sólo señalando. 

A partir de los tres años se desarrolla el lenguaje de forma muy amplia y es el momento de enseñarle a comunicarse plenamente, especialmente en lo emocional. Así el niño podrá informar sobre sus deseos o explicar lo que quiere sin llorar o sin rabietas.

También es el momento de comer sólo, empezar a vestirse y a adquirir las diferentes pautas básicas de higiene y de comportamiento como recoger los juguetes o retirar el plato de la mesa después de comer. 

Desde los cinco en adelante, se van ampliando las tareas y las responsabilidades, incluyendo especialmente todas aquellas que tienen que ver con el colegio y las materias curriculares.

Pero para llegar a ese momento en que los niños organicen su propio tiempo para hacer las tareas, mantengan la habitación ordenada, estudien para sus exámenes y ayuden en casa, debemos empezar desde pequeños. 

Decálogo para la autonomía

1.- Ofrécele opciones para elegir: Normalmente los niños tienen horarios milimétricamente establecidos, así que es importante encontrar tiempo en el que ellos puedan elegir. Para ello puedes darle opciones: que elijan el juego que desean, el parque al que prefieren ir y el peinado que quiere hacerse. 

2.- Déjale actuar sólo: Las primeras veces que coma sólo se manchará, las primeras veces que use el cuchillo y el tenedor tardará o la primera vez que se vista se pondrá la camiseta del revés. Ten paciencia y déjale actuar sólo mientras te mantienes cerca por si te necesita. Sólo así podrá aprender. 

3.- Dale su espacio físico y emocional: Deja que tu hijo te cuete sus experiencias cuando le apetezca, atosigarle con preguntas puede hacer que se sienta agobiado o que perciba invadida su privacidad. Aunque sí puedes dar pie a conversaciones que os lleven a charlar sobre cómo se siente o qué tal le ha ido el día. El niño también debe tener un lugar en el que estar tranquilo y solo cuando le apetezca, puede ser su habitación, una cabaña o un rincón de lectura, de juego o de meditación.

4.- Déjale pensar: Cuando te haga preguntas puedes darle la respuesta automáticamente o animarle a pensar sus propias respuestas. A buen seguro serán un ejercicio de imaginación fantástica que os hará pasar un buen rato. Luego puedes explicarle cómo es realidad o utilizar la propuesta que os hacemos en el punto 5.

5.- Enséñale a buscar soluciones: “¿Quieres que lo busquemos en internet?” o “¿Te apetece que miremos en la biblioteca algún libro sobre ese tema?” Si contestas así a alguna de las preguntas de tu hijo, la respuesta será una aventura que además le mostrará que las respuestas estás, sólo tiene que aprender a encontrarlas, lo que despertará su curiosidad y su autonomía. 

6.- No le desanimes: Los niños imaginan grandes aventuras y se proponen retos fabulosos a corto plazo. Cuando lo haga es interesante fomentar sus inquietudes y permitirle experimentar. Si finalmente el resultado no es el que él esperaba, es el momento de enseñarle a reflexionar, apoyarle y a platearse otras posibilidades para establecer nuevo objetivos o para alcanzar el mismo por otro camino. 

7.- Establece los límites: Fomentar la autonomía no significa dejar que los niños lo hagan todo solos. Tendrás que establecer los límites y supervisarle en todo momento para que sea un experiencia realmente educativa. 

8- Busca las rutinas: La forma más sencilla de aprendizaje para los niños es el juego y las rutinas. Por eso, si fomentamos su responsabilidad y autonomía es importante establecer rutinas como lavarse las manos antes de comer, recoger los juguetes después de jugar, hacer la cama antes de salir de casa, recoger la mesa o hacer los deberes al llegar del colegio. De este modo una actividad le llevará a la otra de modo natural. 

9- Ofrécele explicaciones: Para empezar a realizar actividades de forma autónoma el niño tiene que saber cómo ha de hacerlas. Por eso hay que darle explicaciones y ofrecerle instrucciones sencillas y claras que le permitan poder seguirlas sin equivocarse. Puedes empezar guiándole o haciéndolas tú primero para que aprenda y pueda seguir sólo.  

10- Si no quiere: Hay niños que se niegan a realizar nuevas actividades, sin embargo, la mayoría aceptan con aquello de “ya eres mayor para hacerlo solito”. Sin embargo, si aun así se niega, debes valorar si lo hace porque la actividad está fuera de su alcance o si es sencillamente porque no quiere. En el primer caso adapta el reto a su edad o elige otro distinto. En el segundo, ignora las quejas y déjale asumir las consecuencias de su conducta.