¿Todo para mi hijo? Cómo fijar límites y normas para los niños

  • Dárselo todo no es sinónimo de buena maternidad, más al contrario, se trata de una forma de malcriar y maltratar, privando  a tu hijo de la seguridad y de la buena educación que ofrecen los límites. 

Es cierto que las madres estarían dispuestas a renunciar a todo para ofrecer lo mejor a sus hijos. Sin embargo, darle a los niños lo que quieren en cada momento, lejos de tratarse de una forma de amor, podría considerarse como una forma de maltrato, entendiendo la palabra en su versión más literal de 'tratar mal'.

La ausencia de límites acarrea consecuencias negativas en la conducta de los menores que terminan convirtiéndose en pequeños déspotas y tiranos que dejan de solicitar para exigir, tanto en el ámbito familiar como en el resto de los ambientes que frecuenta, como el colegio o el parque, generando conflictos de diferente índole en tanto que el niño termina entendiendo que nadie puede negarle nada.

Dice el refranero español que 'ante el vicio de pedir está la virtud de no dar' y aunque nos encantaría poder darle a nuestros hijos todo lo que quieren, debemos sopesar lo adecuado de sus peticiones y superar las tradicionales excusas y estrategias de los pequeños como ponerse a llorar, ponerse triste e intentar dar pena, organizar un escándalo y poner en marcha una súper rabieta.

Aunque nos miren con esos ojos irresistibles, establecer límites y cumplirlos es imprescindible para la educación de los menores, más aún, aportan a los niños algo tan importante como la seguridad. Además, les muestran los comportamientos adecuados y les ayuda a mantener relaciones respetuosas con sus iguales.

En tanto que lo principal de las normas es cumplirlas, no sólo establecerlas, es imprescindible elegir cuáles son las que vais a tener en casa. De nada vale tener un millón de límites que nunca se cumplen. Si crees que no vas a poder hacer que se cumplan, mejor no la establezcas, ya que  en otro caso, el aprendizaje del niño será que aunque existan límites, puede saltárselos, lo que resulta completamente negativo para su educación.

Por ejemplo, si le dices que no corra en el parque, seguirá corriendo y jugando y le dejarás, por eso es mejor decirle que tenga cuidado, en lugar de prohibirle las carreras. Si le pones un gran plato de comida y le pides que se lo coma todo, terminará dejando parte, así que lo mejor es servir raciones más pequeñas para que el niño pueda dar cuenta de todo y así intentar adaptar las rutinas cotidianas para evitar los conflictos. De este modo, lo límites y normas tendrán que ver con cuestiones concretas y será más fáciles de establecer y de cumplir.

Las normas han de ser claras, concisas y concretas.

- Hay que evitar las posibles contradicciones entre los progenitores para lo que hay que ponerse de acuerdo antes de dictar la norma.

- Establece consecuencias positivas o negativas.

- El ejemplo es imprescindible. Por ejemplo, si mandamos a los niños a lavarse los dientes después de comer y nunca ve a sus padres hacerlo no entenderá por qué él tiene que hacerlo.

- Si somos demasiado estrictos con normas para todo los niños no podrán cumplirlas todas y si somos demasiado permisivos, sin apenas límites, los pequeños tampoco entenderán por qué en ocasiones puntuales sí los tienen.

Rutina, tu mejor aliada

Tengamos en cuenta que esto es un aprendizaje continuo y cotidiano. Los niños aprenden rápido cuándo pueden salirse con la suya y aprovechan esas situaciones para lograrlo. Por eso, los padres han de ser coherentes siempre.

Así, si normalmente a las primeras de cambio el niño dice que está cansado y lo cogemos en brazos, no podemos pretender que cuando estemos paseando con familia o amigos que venga de visita, el niño haga todo el recorrido andando, dado que, como es habitual en él, pedirá que se le coja y si no se le hace caso nos encontraremos ante una de las temidas rabietas.

Del mismo modo, puede darse el caso contrario. Si normalmente cuando dice que está cansado le explicamos que debe seguir caminado porque ya es mayor y además es bueno para su cuerpo y sus músculos, soportando rabietas que día tras día van siendo más infrecuentes y breves, no podemos cogerle cuando estamos acompañados o en familia ya que entonces entenderá que cada vez que esté con gente puede salirse con la suya.

Teniendo todo esto en consideración, cabe reconocer que decir que 'no' es duro, crea sensaciones contradictorias en las madres y por eso muchas veces, se pasa la mano. Sin embargo, no serás mala madre por hacerlo, sino al contrario y ten por seguro que tus hijos no te querrán menos por hacerles cumplir normas.