La dictadura del kilo por mes durante el embarazo

  • Ganar durante el embarazo más peso del que dictan las guías suele conllevar una regañina por parte del ginecólogo. ¿Pero es tan importante vigilar los kilos de más? 

El embarazo está rodeado de tópicos. Desde el ya superado "hay que comer por dos", al mantra más actual de "un kilo por mes". Nueve meses, nueve kilos. Y algunos ginecólogos se lo han tomado tan al pie de la letra que son muchas las mujeres que tiemblan cada vez que llega el momento de la revisión.

"Cada mes me pesaban y, como hubiera engordado dos kilos, me llevaba una bronca tremenda -explica María, periodista de 45 años, que recuerda con horror su primer embarazo. Tres días antes de la revisión prácticamente no comía, me ponía la ropa más ligera que tenía, me quitaba hasta los pendientes para pesar menos... En el segundo embarazo decidí mentir y, cuando en la primera cita me preguntaron cuál era mi peso antes de quedarme en estado, les dije una cifra cuatro kilos mayor. Así me ahorré las broncas".

  • Una cifra ideal

"La idea del kilo por mes es una simplificación, porque no se gana el mismo peso en cada etapa del embarazo", señala la dra. Patricia Soler, ginecóloga del Hospital Clínico Universitario San Carlos de Madrid. Al final de la gestación, una mujer tiene dentro de su cuerpo un bebé, líquido amniótico, un útero que ha multiplicado su tamaño, una retención de líquidos, una mayor acumulación de grasas...

"Todos esos mecanismos llevan a que la mujer, inevitablemente, gane peso continúa la dra. Soler. No se puede fijar una cifra estricta porque, ni todos los bebés pesan lo mismo, ni todas las mujeres retienen la misma cantidad de líquido. Por eso los ginecólogos aceptamos que tan normal es engordar ocho kilos como 13".

Esa sería la media. Pero todos conocemos casos de mujeres que apenas ganan tres o cuatro y de otras que engordan más de 20 kilos. ¿Cuándo hay que preocuparse? "Se debería pesar a las mujeres en todas las consultas porque el peso nos da pistas de que puede haber algo que no marcha bien: si engorda más de la cuenta, puede que esté reteniendo demasiado líquido y eso sí es relevante clínicamente", señala la dra. Josefina Ruiz Vega, ginecóloga y directora del Centro Médico y Psicológico de Preparación a la Maternidad, y autora del libro Nueve meses bien alimentados (Temas de hoy).

  • La justa medida

De lo que no hay duda es que esos kilos extra, cuando aparecen, son los protagonistas de más de un problema. Ganar mucho peso puede aumentar el riesgo de desarrollar diabetes gestacional, y esto no solo supone un riesgo para la madre, sino también para el feto. La gestante con diabetes tiene cifras elevadas de glucosa en sangre, y esa glucosa elevada pasa al feto, que se acostumbra a vivir en un ambiente con más azúcar del que necesita. "Al nacer el bebé ya no tendrá toda esa glucosa, por lo que posiblemente sufra una hipoglucemia, algo que puede ser muy grave en un neonato", concluye la dra. Soler.

Bien, nos queda claro el porqué los ginecólogos se preocupan por el peso. Pero ¿tiene sentido que esa preocupación derive en enfado con las pacientes que engordan? "Yo creo que echar broncas a un adulto conduce al rechazo. Si una mujer está ganando demasiado peso, habrá que ver cuál es la razón: las hay que no comen demasiado, pero lo hacen mal.

Pero no nos engañemos, la mayoría de los ginecólogos no disponen de tiempo para incluir una consulta de nutrición en las revisiones", explica la dra. Ruiz Vega. Efectivamente, el especialista suele solventar el tema del peso en estas citas dando una dieta fotocopiada que muchas veces no se puede llevar a la práctica. Y esa falta de recursos puede llevar a una embarazada a equivocarse en su alimentación. ¿El error más común?

"La falta de proteínas. Es curiosísimo comprobar cómo mujeres de un buen nivel cultural no consideran necesario comer proteínas mañana y noche durante el embarazo", concluye la dra. Ruiz Vega. Pero este no es el único error que cometemos con los menús durante esos nueve meses.

  • Más proteínas

La primera recomendación nutricional a una embarazada debería ser que comiera cinco veces al día porque su futuro bebé necesita un aporte continuo de energía. "Esto es importante porque hay mujeres que son de muy poco comer, y hay que decirles que no es el momento de alimentarse a base de lechuga. Lo que hagan con su dieta repercutirá en sus bebés", aclara la dra. Soler.

Por lo tanto, habría que comer dos veces al día proteínas de origen animal, especialmente pescado azul de tamaño pequeño. Tampoco pueden faltar dos piezas de fruta y dos raciones de verduras cada día.

Con respecto a los hidratos, lo mejor es reducirlos a una ración diaria, vigilando el tipo de cocción para no ganar mucho peso. Y para desayunar se puede tomar café con leche, pero el té verde no es recomendable, pues se asocia a una disminución de la absorción de los suplementos de ácido fólico durante el embarazo. ¿Y si nos apetece una copita de vino? Como no se sabe en qué momento de la gestación es más dañino ingerir alcohol ni a partir de qué dosis es peligroso, lo mejor es renunciar a los brindis hasta después de dar a luz.

  • [Pregorexia] el temor a "deformarse"

La pasada primavera, un selfie de la modelo Sarah Stage se hizo viral. En él aparecía exhibiendo una diminuta barriga, al tiempo que anunciaba que estaba embarazada de ocho meses. Esta obsesión por no permitir que los cambios fisiológicos del embarazo alteren la figura tiene un nombre, pregorexia, y es cada vez más habitual.

Generalmente, se da en mujeres acostumbradas a hacer ejercicio y a cuidar mucho su dieta que, cuando se quedan embarazadas, consideran que el único camino para no "deformarse" es reducir aún más su ingesta y en entrenar al mismo ritmo que antes. La pregorexia es peligrosa para la mujer y el feto. Una ingesta insuficiente de nutrientes aumenta el riesgo de malformaciones, abortos y parto prematuro.