Debemos ver a nuestros hijos como arcilla moldeable o relajarnos y dejar que sean niños?”. La pregunta formulada por Carl Honoré, autor del libro “Bajo presión, cómo educar a nuestros hijos en un mundo hiperexigente” (Edit. RBA), expresa la preocupación de muchos padres por ofrecerles a sus vástagos lo mejor, pero sin privarlos de su infancia.

El problema radica en que la línea que separa esta oferta bien intencionada y una carga excesiva de actividades y estímulos es peligrosamente fina. “Hoy, muchos niños están demasiado ocupados corriendo de la clase de violín a la de Kumon (para desarrollar el potencial intelectual mediante las matemáticas), en un intento por tener el mundo en la palma de su mano. Esa actitud me da miedo. Cuando los adultos secuestran la infancia de sus hijos, los pequeños pierden lo que les confiere significado: las aventuras, los contratiempos, el aburrimiento...”. Honoré piensa que si todos los jóvenes acaban asimilando que lo más importante no es encontrar un camino, sino lograr un trofeo o marcar la casilla correcta, la infancia no tendrá sentido.

Lo triste, según los expertos, es que vamos por ese camino, porque los niños se han convertido en un símbolo de estatus. “El bebé es un objeto escaso, un bien de lujo que colocamos en un pedestal y en el que tenemos mucho invertido”. Esta carrera nos lleva a buscar un niño perfecto, olvidando que cada uno tiene su ritmo. Efectivamente, los pedagogos coinciden en que los primeros años cuentan mucho, pero no son una carrera. “Dedique menos tiempo a tratar de enriquecer a su bebé y más a conocerlo. Confíe en su intuición, en vez de imitar lo que hace en el patio del colegio cualquier mamá perfecta”, aconseja Honoré. ¿Qué pasa entonces con los libros, las clases, los métodos de estimulación? Pues pueden llegar a ser una pérdida de tiempo y de dinero. A los niños se les niega su desarrollo natural. Ahora despreciamos lo sencillo, lo barato, no dejamos que jueguen con un palito, queremos un juguete “educativo” de 200 €.

Marian Montero, madre de Mateo y Valeria: "Estimularlos ha sido muy satisfactorio"

Cuando Mateo cumplió un año encontré un artículo sobre el método Doman. Me informé e hicimos el curso. Construimos una habitación de estimulación y reunimos 14.000 bits de inteligencia (cartulinas con imágenes). Hizo un programa intenso de lectura, matemáticas, ejercicio, bits de inteligencia, música e idiomas (inglés, francés, chino, árabe y alemán). Algunas personas pensaban que perjudicaba al niño, pero nada más lejos de la realidad. Le escolarizamos con cuatro años y tuvo un pequeño problema de adaptación. El psicólogo nos dijo que era superdotado y se aburría, pero todo se solucionó fácilmente. Ahora ha reducido actividades. Sigue con los idiomas, los deportes, la música y hace el método Kumon de matemáticas, pero cuesta encontrar recursos que apoyen su educación.

Mateo hace cursos con el Center for Talented Youth Spain, que representa el programa de niños de alta capacidad de la universidad John Hopkins. Valeria nació en el 2002 y su estimulación fue distinta. Hizo el programa Doman hasta los tres años. Después, no he podido dedicarle tanto tiempo. Estimularlos ha sido lo más satisfactorio de mi vida. Fue un acto de fe, no sabíamos que los resultados serían tan buenos.

Yolanda Poza, madre de Irene, Gabriela, Lola y Lucía: "Ellos deben aprender a su ritmo"

Creo que los métodos de estimulación temprana son útiles para niños con necesidades especiales desde el nacimiento, o que pueden tener problemas de desarrollo. Sin embargo, no veo su utilidad en niños sin problemas. No hemos utilizado ninguno para nuestras hijas, pero ellas han recibido estímulos cada vez que han ido en brazos, hemos leído un cuento, cantado una canción o conversado. Hay muchas formas de estimular a los niños, porque cualquier cosa que descubren es una motivación para aprender. Además, ser cuatro y seguidas les da una dosis extra de estímulo.

En mi opinión, si se deja al niño aprender a su ritmo, va a hacerlo de forma natural y va a sufrir menos frustración. Los padres debemos estar atentos a las señales que indican que está listo para aprender. Con cinco años, Gabriela comenzó a acercarse a nosotros cuando nos veía leer el periódico, preguntando:“¿Qué pone aquí?”. Nosotros le indicábamos cada palabra, hasta que empezó a intentarlo sola. A los 15 días de comenzar el curso, su maestra nos dijo que había alcanzado las competencias de su curso y del siguiente. El psicólogo la evaluó y nos dijo que es una niña de altas capacidades, así que pasó directamente a Primaria.

Lola aprendió a leer igual y sus maestros han comentado que seguramente también tiene altas capacidades. Y las pequeñas parecen tener el mismo potencial, aunque no les han hecho los test. Es importante respetar sus ritmos. Nosotros ponemos a su disposición los medios necesarios para que aprendan lo que quieran, pero sin seguir un método. Si un niño no aprende cuando siente la necesidad de hacerlo, va a frustrarse; pero si se le intenta enseñar cuando no está listo, a su frustración va a tener que sumar también la de sus padres.

PARA PONER A TRABAJAR EL CEREBRO

Método Doman

¿En qué consiste? En la estimulación física y mental de niños desde la gestación hasta los seis años, y de cualquier edad con problemas de aprendizaje (incluso parálisis cerebral y sordera). Utiliza “bits de inteligencia”, cartulinas con imágenes y números, que se pasan ante el niño mientras se leen.

¿Con qué frecuencia? Todos los días, tres veces (de uno a tres minutos).

¿Dónde acudir? En Vegakids (Madrid, telf.: 91 518 44 43) dan cursos de fin de semana.

¿Cuánto cuesta? 160 € por persona o 250 € la pareja, un fin de semana.

Ventajas: multiplica las conexiones cerebrales y facilita el aprendizaje.

Inconvenientes: los cursos son sólo para padres.

Método Kumon
 

¿En qué consiste? Estimular la memoria y la agilidad mental por medio de las matemáticas. Se hacen operaciones hasta llegar al nivel más alto. Los ejercicios continúan en casa.

¿Con qué frecuencia? Dos días por semana en el centro y a diario en casa.

¿Dónde acudir? Hay centros en toda España: www.kumon.es o 902 190 275.

¿Cuánto cuesta? 37 € la matrícula y 58 € al mes.

Ventajas: rapidez y concentración.

Inconvenientes: no hay.

Gimnasia cerebral

¿En qué consiste? Movimientos destinados a crear conexiones neuronales con las que fomentar el aprendizaje. Se aprende a disociar las emociones del razonamiento, a concentrarse y cooperar.

¿Con qué frecuencia? En el centro, cada tres semanas. Luego se realizan ejercicios en casa.
 
¿Dónde acudir? Instituto de Terapias Integrales y Enseñanzas Energéticas, Madrid, telf.: 91 549 61 26.

¿Cuánto cuesta? 80 € la primera clase y 60 € las siguientes.

Ventajas: es sencillo y con horario cómodo.

Inconvenientes: se realiza en pocos lugares.

Smartbrain
 
¿En qué consiste? Es un programa informático para personas con deterioros cognitivos. Hay ejercicios para la memoria, el lenguaje, la atención...

¿Con qué frecuencia? A diario.

¿Dónde acudir? En www.smartbrain.net y en el telf.: 902 104 333.

¿Cuánto cuesta? 80 €.

Ventajas: ha demostrado validez científica en estudios independientes.

Inconvenientes: algunos ejercicios son difíciles.

Nintendo Brain Training

¿En qué consiste? Con una consola portátil de videojuegos (Nintendo DS) se ejercitan distintas áreas del cerebro.

¿Con qué frecuencia? A voluntad.

¿Dónde acudir? Se vende en tiendas.

¿Cuánto cuesta? A partir de 149,90 €.

Ventajas: divertido e interactivo.

Inconvenientes: sin validez científica.